Colección de timbres
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Colecciones, una forma de crecer
Gerardo Ochoa Vargas
¿Coleccionas algo? Estoy seguro que sí, pues todos lo hacemos. Es bonito coleccionar las monedas, timbres, estampas de deportistas, piedras, y las niñas las muñecas de colección, las tazas, los adornos. Claro, las niñas también pueden coleccionar piedras, eso no se discute.
Cuando uno decide coleccionar algo casi siempre es porque el objeto nos gusta, y rara vez porque piense uno en hacerse rico. Sin embargo, algunas colecciones valen mucho dinero. Algunas colecciones de fósiles, timbres y juguetes antiguos llegan a valer mucho dinero, y quién sabe, a la mejor tu colección de latas de refresco o corchos de botella pueda tener algún valor económico. Pero si no lo tiene, ¿qué importa? Por que lo bonito de juntar cosas y revisarlas en las horas interminables de las tardes de vacaciones, es ir viendo crecer la colección, checar todos los modelos diferentes, y también ir conociendo algo sobre lo que uno colecciona.
Hace unos días conocí a un señor muy interesante, que vende timbres. Ese día tenía yo muchas cosas en la cabeza, y entre ellas no estaba comprar timbres. Cuando tenía como 10 años, empecé una colección que ahí sigue guardada, sin pena ni gloria. Pero entré al local ese y, además de platicar con el dueño, terminé comprando varios sobres con muchos timbres.
Aquí pego una historia que el mismo dueño escribió.
Timbres postales de México
Por Celestino Ruiz Pérez
Los primeros timbres postales mexicanos fueron emitidos por decreto del 21 de febrero del 1856, firmado por el Presidente Ignacio Comonfort y el Ministro de Hacienda Manuel Payno. Para ponerlo en práctica, se designó como Administrador General de Correos a Guillermo Prieto, quien tenía bastantes conocimientos sobre esta cuestión.
Las placas para la impresión de los timbres fueron grabadas por el señor Vicente Villegas, distinguido alumno de la Academia de San Carlos. Para la impresión se estableció en Palacio nacional un taller que se denominó "Oficina del Sello de la Estampa".
Se imprimieron cinco valores diferentes: medio real azul, un real amarillo, dos reales esmeralda, cuatro reales rojos y ocho reales violeta. Al principio se utilizaron placas de 60 timbres (6 por 10) y después, por la gran demanda de timbres de uno y dos reales, se fabricó una placa para 200 timbres de un real y otra de 190 para timbres de dos reales (este valor fue impreso en verde).
El 15 de junio de ese mismo año se publicó el Reglamento General de Correos. El artículo 15º ordenaba que, para ser utilizados, los timbres deberían llevar impreso el nombre de la administración principal que los vendiese directamente o por medio de sus oficinas subalternas.
El mismo día se publicó la Tarifa para la regulación de portes de la correspondencia que circule en todas las oficinas de correos de la República Mexicana, según su peso y la distancia a donde se dirija, conforme el supremo decreto de 21 de Febrero de 1856. Esta tarifa cambió el 20 de diciembre del mismo año. Los timbres se pusieron a la venta en la Administración Principal de México el 1º de agosto de 1856 y el 19 del mismo mes se iniciaron los envíos a las restantes administraciones principales.
El resellar los timbres con el nombre de las administraciones principales es el inicio de algo que, en el aspecto filatélico del siglo antepasado, da a los timbres de México una variedad que no existe en ningún otro país.
Por sus precios accesibles, gran variedad de timbres y extraordinaria paciencia y deseos de compartir su cultura filatélica y buen humor con sus visitantes, sugiero visitar la tienda de don Celestino en Morelia 60–A Colonia Roma, en la Ciudad de México. Teléfono 5207–9639. Ahí compré estos:
Don Gilberto comenzó comprando timbres por gusto y ahora es su actividad principal, de la cual vive y ha vivido por largo tiempo. Esto quiere decir que las colecciones no son algo tan trivial o tan tonto como a veces piensan algunos papás.
Colección de pins
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Ojo, no todas las colecciones tienen que ser de cosas serias. Algunas son muy divertidas, así sean de objetos aparentemente insignificantes. Algunas llegan a valer mucho dinero al paso del tiempo, pero todas tienen mucho significado para quien les dedicó días y días a clasificarlas, limpiarlas y quererlas.
Si quieres aumentar tu colección y no gastar demasiado dinero, intercambia correspondencia con amigos de todo el mundo. Sea que colecciones timbres, tarjetas u otras cosas, a veces es más fácil conseguirlas por simple intercambio que buscando interminablemente en muchos lugares. Más timbres me han llegado por correo postal que los que he comprado en toda mi vida.
Sugiero, si me permites, que cuides tu colección: protégela del polvo, guárdala donde no se estropee. Si son timbres, no los pegues y mejor consigue un álbum adecuado. Si son plumas, guárdalas bien pues algunos animales se las comen. Si son estampas, déjalas fuera del alcance de los niños pequeños que te las pueden romper o rayar. En fin, ten cuidado con ella y consérvala para siempre. Porque te aseguro que, cuando pasen muchos años y la encuentres en un cajón, bien cuidada, volverás a pasar momentos muy padres revisando tu colección y recordando los buenos momentos de tu vida.
Colección de corchos
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