Hiperactivos

Niños y niñas, iguales pero diferentes
Gerardo Ochoa Vargas

En la actualidad se enfatiza que los niños y las niñas pueden hacer las mismas cosas y que las niñas son igualmente capaces que los niños. Esto es cierto. Lamentablemente, la igualdad no ha beneficiado a los varones.

A los niños se les dan menos oportunidades de expresar sus sentimientos. Al querer que sean "machos" se depriva su vida emocional.

En casi todos los estudios se repite que los niños más frecuentemente que las niñas se involucran en uso de sustancias y actos violentos. Un estudio en Estados Unidos encontró que aunque niños y niñas tienen las mismas razones para involucrarse en estos actos (presión de los amigos, estrés e imitación) los niños más frecuentemente pensaban que usar drogas, alcohol o fumar era "buena onda" y que los hacía más cercanos a sus amigos.

Este mismo estudio mostró que los niños, a diferencia de las niñas, no tienen a quien recurrir en caso de sentirse presionados o deprimidos. Con frecuencia, dicen los entrevistados, sus padres les dicen que "deben ser hombrecitos para enfrentar sus problemas". Incluso en los casos de abuso, los niños suelen no contar a sus padres los incidentes debido a que esperan que los rechacen.

Aunque los niños se deprimen en proporción similar a las niñas, ellos tienen que superar sus sentimientos de tristeza solos. El temor a ser etiquetados como "mariquitas" por sus compañeros o como "llorones" por sus padres es muy grande. Hasta un 21 por ciento de los niños respondieron "nadie" cuando se les preguntó a quién podrían recurrir al sentirse tristes o deprimidos. Pero al diferenciar entre los ligera y gravemente deprimidos, hasta el 40 por ciento de estos últimos no sienten confianza para acudir a sus padres, maestros y menos a sus amigos.

Este problema deriva del llamado "código de los varones" como lo mencionan William Pollack y James Garbarino en sus respectivas obras. Entre otras cosas, este código tácito dice que cuando los niños se sienten mal, deben ocultarlo para no mostrarse vulnerables.

Los únicos sentimientos que se permite expresar con libertad a los varones son enojo y la rabia. Los niños que lloran o se encierran en sí mismos son vistos como niños con problemas por sus padres, y los llevan a ayuda especializada. Sin embargo, aquellos que son agresivos o violentos en grados leves o moderados, son ignorados o sus arranques se consideran cosas propias de los varones. No es raro que los mismos padres consideren esta violencia como algo deseable en un niño que debe ser "macho".

Aceptar los sentimientos de los niños no implica convertirlos en llorones, sino en crear un nivel óptimo de comunicación con ellos. Los varones que hablan libremente de sus sentimientos con sus padres son más seguros, exitosos y alcanzan mayores calificaciones en la escuela.

Lograr esto requiere de compartir tiempo con los niños, mostrándoles que no hay que avergonzarse de sus sentimientos. Siempre es útil contar experiencias similares: "recuerdo que triste me puse el día que no me escogieron para el equipo de fut", y así abrir la comunicación. Porque un niño que se comunica con sus padres y puede expresar sus sentimientos es un niño más feliz y exitoso.


Publicado con el mismo título en Reforma, Vida, página 5c, 25 de septiembre de 1999
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