Hiperactivos

Muertes insólitas
Gerardo Ochoa Vargas

Estas son fechas para reírse de la muerte, cuestión tradicional hondamente arraigada en nuestro país: calaveras de azúcar con los nombres de los amigos y otros rituales hablan de lo poco en serio que se toman la muerte los mexicanos. Sea pues, en el espíritu festivo de estos días, que abordo el tema de las muertes extrañas y poco comunes.

En 1999, las cuatro principales causas de muerte en México fueron las enfermedades del corazón, los tumores malignos, la diabetes y los accidentes. Cualquier persona que haya fallecido ese año tuvo 46 por ciento de probabilidades de morir por cualquiera de las cuatro condiciones mencionadas. ¿Pero que hay de aquellas personas que fallecen por las causas menos comunes, debidas a eventos que sólo por la conjunción de ciertas circunstancias inusuales o muy mala suerte pueden ocurrir?

Un análisis de los 3 millones 717 mil 369 fallecimientos ocurridos entre 1985 y 1993 muestra, junto con las causas comunes, ciertas muertes extrañas que ocurren cada año en México. De esto dan fe distintos ejemplos.

Morir por una picadura de animal venenoso sigue siendo común en muchos lugares de la república. Tan sólo por picadura de arañas fallecieron 254 personas en el periodo estudiado, mas morir por la picadura de un insecto no venenoso habla de una especial mala suerte con la que corrieron 14 personas.

Más peligrosos que los animales venenosos son los caballos, y 1396 personas murieron ya por caerse de o ser atropellados por ellos, incluyendo ocho ciclistas. Sin embargo, los ciclistas ejecutaron su revancha sobre los jinetes, pues dos murieron atropellados por vehículos de pedal, y también en los peatones, cobrando la vida de 43 de ellos. Llama la atención que sólo 16 por ciento de los peatones víctimas de conductores de vehículos de pedal tuvieron menos de 15 años, por lo que morir atropellado por estos vehículos es un riesgo para los adultos, como también lo es fallecer por atropellamiento debido una podadora de pasto, lo cual acabó con la vida de dos personas.

Aunque como grupo las caídas accidentales son bastante comunes y en total cobraron la vida de 34 mil 538 personas en el periodo, hay algunas más extrañas. Cuatro personas murieron por caer de escaleras en barcos, lanchas y otras embarcaciones marítimas o lacustres. Caer de una cama o silla fue letal para 462 personas, y contra lo que podría creerse, sólo 43 por ciento tenían 15 años o menos. Se trata, también, de un riesgo para adultos.

Ahogarse sigue siendo un riesgo real para muchas personas en México, que costó la vida a 35 mil 52 personas en el periodo. Casi todos los ahogamientos son de personas que caen de embarcaciones sin saber nadar, o que nadan bajo la influencia del alcohol. Sin embargo, ahogarse durante la práctica del esquí acuático causó la muerte de 11 personas. Más letales fueron las tinas de baño, donde se ahogaron 22, de las cuales, lamentablemente y como era de esperarse, 19 correspondieron a personas con 15 años y menos de edad.

Me declaro incompetente para siquiera especular por qué se atribuyeron 67 muertes a accidentes debidos a la estancia prolongada en ambientes sin fuerza de gravedad, como no sea que se haya iniciado de manera encubierta algún programa de viajes espaciales en el país. Y también quisiera conocer los criterios usados por los colegas que diagnosticaron como causa de muerte alcoholismo a 34 individuos de hasta 15 años, incluyendo a 24 de hasta seis.

Ya en el tema de exposición a sustancias, algún creyente en las leyes de los equilibrios mencionará a la vanidad como la verdadera causa de muerte de esas dos personas cuyo fallecimiento se atribuyó a envenenamiento accidental por cosméticos.

Hablando de envenenamientos, murieron 179 personas por ingerir accidentalmente hongos venenosos, habitualmente por haber asumido que cualquiera tiene la habilidad para distinguir entre los comestibles y venenosos durante una excursión o paseo al bosque, situación denominada por uno de mis maestros el "síndrome de Caperucita Roja".

Quizá un defecto de codificación o comunicación causó que se atribuyera al tartamudeo dos muertes, otras dos a retraso selectivo en la lectoescritura, una a alteración de la voz y otra a tics. En ese sentido, el hipo fue más letal, con siete muertes, y peores los mareos, pues a ellos se atribuyeron ocho.

Nadie duda que es mejor vivir de manera reposada y sin problemas, y para dar solidez a esa asunción, nada como verificar que la histeria fue causa de muerte para 27 personas y el nerviosismo para otras 12. La muerte de otras cuatro se atribuyó a ejercicio excesivo y movimientos muy vigorosos.

Sea como sea, respetuosamente dedico el artículo a quienes, en estas formas inusuales, se nos adelantaron en el único compromiso impostergable que todos adquirimos al nacer.


Publicado con el mismo título en Reforma, Vida, página 5c, 2 de noviembre de 2002.
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