Asunto del correo: La UNAM ya no puede ser más barata
Me gustó bastante el artículo sobre la UNAM. Solamente el comentario final me parece injusto. El hecho de que siempre existirán sectores de población demasiado pobres para acudir a la universidad, es algo que no es responsabilidad de la UNAM o de cualquier otra universidad. Es una consecuencia de la inevitable estratificación económica de la población.
Simplemente no hay sistema económico real que pueda subsanarlo totalmente. Más aún, es bien claro que la UNAM en sí, difícilmente puede hacer más barata la educación universitaria. Lo que se tiene que hacer es tratar de elevar el nivel general de vida de la población para paliar la situación educativa a todos los niveles y en todos los lugares. Nada más hay que voltear a ver el ambiente rural.
Saludos desde San Luis Potosí,
Jesús Navarro Contreras
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Estimado Jesús,
Gracias por tus comentarios. Déjame decirte que estoy de acuerdo contigo, pero el comentario que hice no fue para inculpar a la UNAM, sino para plantear una reflexión sobre el sistema de cuotas. Que me parece que no es el más adecuado ni para la universidad ni para los estudiantes. Creo que es injusto cobrar o dejar de cobrar a todos por igual, siendo que hay estudiantes que tienen los recursos para pagar colegiaturas, así como hay estudiantes que no pueden pagar ni siquiera los gastos extra, como libros, materiales, alimentación y transportes. Por eso pienso que la gratuidad de la universidad está lejos de ser justa y más que ser una solución, implica un problema de financiamiento para la universidad y no ayuda realmente a quienes más lo necesitan.
Estoy seguro de que muchos de los que estamos interesados en el tema podríamos plantear mejores esquemas de financiamiento para la universidad y de apoyo para los estudiantes necesitados.
Recibe un saludo cordial,
Alberto Carrillo
Señores,
Me refiero al reciente artículo escrito por Alberto Carrillo titulado "¿Qué futuro queremos para la UNAM?", respecto del cual emito los siguientes comentarios
Coincido con la opinión de fondo del autor la UNAM tiene serios vicios, principalmente por cuestiones políticas; sin embargo, no comparto algunas de las apreciaciones que vierte a lo largo de su artículo, pues a pesar de sus defectos, son más las virtudes que tiene la Universidad.
Es imprecisa la apreciación del autor en relación con que las universidades privadas han logrado un mayor posicionamiento en el mercado profesional. Esto es sólo parcialmente cierto en lo que se refiere al mundo empresarial, pero en otros ámbitos profesionales como el Derecho, la medicina, la odontología, la química e incluso la arquitectura y la ingeniería, siguen siendo ampliamente dominados por egresados de la UNAM.
Y eso sólo por lo que se refiere al ámbito profesional, pues en el mundo académico la preponderancia de la UNAM es indudable. Por ejemplo, la UNAM realiza poco más del 60 por ciento del total de la investigación nacional, e incluso en algunas áreas como el Derecho o la filosofía realiza más del 80 60 por ciento del total de la investigación del país en esas materias. Uno de cada dos doctores obtuvo ese grado académico en la UNAM. La mayoría de los profesores de educación superior, tanto de la Universidad como de las demás instituciones tanto públicas como privadas, son egresados de la UNAM. Eso sin mencionar la gran cantidad de publicaciones y eventos académicos auspiciados por la UNAM, cantidad inigualable por cualquier otra institución de educación superior del país.
Reitero, a pesar de sus vicios, las virtudes de la UNAM son mayores, por lo que el autor olvidó mencionar algo muy importante a pesar de todo, la UNAM sigue siendo la mejor universidad del país y una de las mejores en el ámbito mundial.
Eduardo de la Parra Trujillo
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Estimado Eduardo,
Gracias por tus comentarios. Tienes toda la razón al decir que la UNAM tiene sus virtudes. Pero aunque es cierto que en la UNAM se realiza la mayor parte de la investigación del país, la mitad de los posgrados y de ella egresan más profesionales en casi todas las carreras que cualquier otra universidad pública o privada, creo que no puedo decir que la más grande universidad es la mejor universidad. Es cierto que al ser tan grande, el impacto y la responsabilidad que tiene la UNAM en la sociedad es enorme.
Respecto a este tema, recuerdo a un profesor del Tecnológico de Monterrey egresado de la UAM que decía que "la calidad de una universidad no debe medirse por sus más brillantes egresados, porque ese no es mérito de la universidad, pues estos estudiantes son garbanzos de a libra y en cualquier universidad hubieran sido muy buenos. La calidad de la universidad debería mejor medirse por la calidad de sus peores egresados, pues de ellos si es culpable la universidad".
También recuerdo a un profesor de la Facultad de Medicina de la UNAM que estaba convencido de que de
esa facultad en algunas ocasiones ha egresado el mejor médico del mundo, pero también estaba seguro que ahí se recibe, cada año, el peor médico del mundo.
Estoy convencido de que una buena universidad no sólo debe preocuparse por tener grandes logros, sino también de tener un mínimo de calidad en todo lo que hace. Y en este último aspecto la UNAM deja mucho que desear.
Recibe un saludo cordial,
Alberto Carrillo
comentario ulterior para el editorial Cero Tolerancia a la Tolerancia del 1º de septiembre
Nota: este intercambio es continuación del anterior que hubo por motivo del editorial Cero Tolerancia a la Tolerancia.
Asunto del correo: Más sobre la tolerancia
Agradezco sinceramente que se haya tomado un momento para escribirme; me parece que no se entendió bien mi comentario y por eso escribo de nuevo:
1) Usted menciona que la tolerancia en sentido tautológico (decir lo mismo en varios sentidos) es "dar cabida a cuanta aberración se le ocurra a cualquier individuo". Me gusta la idea de que califique usted algo de "aberrante" según su punto de vista individual y personal. Se convierte en aberrante "cualquier individuo" por sus acciones porque usted lo decide. Cataloga un hecho según su propio punto de vista. Cero en democracia.
2) "quienes más exigen la tolerancia, son los primeros en mostrarla en contra de la razón". Estoy de acuerdo, no hay que exigir la tolerancia, seamos intolerantes y prohibamos que la gente piense y se den cuenta los demás de que se puede pensar distinto a ellos. Silencio; que nos escuchan los muertos. Ah, por cierto, no encontré ninguna ley, código o reglamento que enlistara aquello de "las buenas costumbres" ¿no se habrá confundido y habrá querido decir "Las buenas conciencias" la novela de Fuentes?. Cero en Platonismo y cero en literatura (o leyes según el lector).
3) Acerca de sus párrafos sobre la homosexualidad y los menores de edad no me queda más que aplaudir. Meter en la misma sopa el hecho de que una persona no tenga la suficiente experiencia vital para agregarse a la sociedad como individuo político con las preferencias sexuales de un adulto me parece un tema super interesante. Por favor, no se engañe ni se ciegue. También me parece correcto que los homosexuales deben de "circunscribirse" a "ciertos lugares"; aquí en Mississipi aún no hemos podido que "los negros" se "circunscriban" a sus propios baños. Cero en Humanismo.
4) Hablando de la UNAM, tiene usted razón al ser tan radical, pensemos en esos "antiuniversitarios" y "antimexicanos" que hace 32 años querían convertir a la UNAM en un muladar. Gracias a la intolerancia de Díaz Ordaz todo quedó en paz. Cero en memoria.
5) Su último párrafo me parece el menos errado aunque es contradictorio ya que en Cuba NO se permite ninguna de las cosas que usted califica de "aberrantes" en los párrafos anteriores. También me gustaría que profundizara en eso de "renacimiento social". No sé si se refiere a una nueva revolución intelectual, social, sexual o si quiera revolución.
6) "Que la gente debe dejar de ver al marasmo como tolerancia." La Tolerancia no es móvil o inmóvil, al igual, que La Verdad no es cierta o falsa. Es.
Julen Garritz
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Estimado Julen,
En los países desarrollados, ser de izquierda es algo sumamente digno. En ellos, la izquierda es quien se opone a los estándares establecidos y busca el progreso social. Sin embargo, en los países subdesarrollados, ser de izquierda es sinónimo de ser socialista o en el peor de los casos comunista. Los izquierdistas, en esos países, tienen una fijación con el marxismo y con los años sesenta. Viven inmersos en el doble estándar. Por eso, en los países subdesarrollados, ser de izquierda es algo sumamente indigno.
Este preámbulo es sumamente pertinente. Usted me proporciona un ejemplo claro de lo que es la tautología de la tolerancia. Su doble estándar es manifiesto en todo su texto. Por ejemplo, usted me califica con cero en democracia, humanismo, literatura y varias entidades más. Si yo hubiera asignado calificaciones numéricas a sus argumentos, lo estaría "descalificando". Como usted es de izquierda, usted me "califica". Así, "califica usted algo de 'aberrante' según su punto de vista individual y personal". El doble estándar ahí está, vivido, lúcido. Como bien dice, La Verdad siempre Es.
Y así, en el intento de dar coherencia a su carta, cae del ridículo al exceso y de éste, al frenesí.
Vamos por partes. Usted reclama que yo califique – correctamente – de delincuentes a los hampones que mantuvieron la UNAM diez meses en paro y dice que ese espíritu de intolerancia es el mismo que uso Díaz Ordaz para aniquilar el movimiento del 68. Así, en primer término usted intenta, fallidamente, establecer un paralelismo entre el movimiento estudiantil del 68 y el caos antiuniversitario de 1999-2000. Antes que nada hay que poner en claro que el movimiento del 68 no fue el parteaguas que ustedes los mexicanos suponen que fue. Es, sí, importante para entender el México actual. Pero al tiempo que los movimientos estudiantiles de otras naciones exigían cambios universales y fundamentales, el movimiento estudiantil en México se concretaba a seis demandas de corte local y superficial. Fue injusto que se le reprimiera en forma tan tajante, porque estaba integrado fundamentalmente por gente idealista e inocente. Tan inocentes eran, que no se dieron cuenta del momento en que fueron infiltrados por el comunismo transnacional. Sin embargo, usted hace un muy flaco favor al comparar a estos idealistas ingenuos con los haraganes viciosos del paro antiuniversitario de 1999-2000.
Los diez meses de paro de la UNAM no sirvieron absolutamente para nada. Ni crearon conciencia ni construyeron una mejor sociedad. La pandilla de criminales antimexicanos y antiuniversitarios invasores de la UNAM no merecen ninguna ponderación positiva. Ninguna. El movimiento del 68, sin ser tan negativo, tampoco aportó nada. La supuesta apertura que los izquierdistas mexicanos atribuyen al "glorioso movimiento del 68" se debió únicamente a la necesidad de Luis Echeverría de legitimarse al congraciarse con la izquierda pisoteada por Gustavo Díaz Ordaz. De todos los mitos mexicanos, el más grande y menos creíble es el del 68. Surge de una tendencia revisionista donde hay cómplices oportunistas tanto de la cuadrilla de "intelectuales" como del gobierno. Usted, y todos de hecho, saben bien que esto es cierto. Pero no les gusta reconocerlo, porque hacerlo destruiría el castillo de naipes sobre el cual cimientan su frágil ideología.
Tampoco comparto su visión etaísta de la realidad social (en inglés, ageism es un término usado para mostrar discriminación respecto a grupos de edad o etáreos; la traducción más aceptable sería etaísmo. N. del E.). Porque usted, como todo izquierdista, es capaz así, de un plumazo, de decir que, conceptualmente, la minoría de edad abarca a toda "persona [que] no tenga la suficiente experiencia vital para agregarse a la sociedad como individuo político". Usted no es quien para decir que una persona, por su edad, no tiene la capacidad de decidir o saber qué quiere. Como todo adulto, supone que los menores, llegado el caso de poder hacer demandas políticas, pedirían juguetes gratis, la repartición de los dulces o alguna cosa similar, si tuvieran voz pública. Es común que se piense así. Esto se debe a que los adultos tontos recuerdan su infancia como un estado crepuscular de estupidez e idiocia. Si son tontos de adultos, de niños por supuesto que también lo eran. A pesar de la complicación implícita, quizá habría que establecer un límite de cociente intelectual para ver quienes sí votan y deciden y quienes no. Porque, repitiendo una de mis frases favoritas, "un niño inteligente es más capaz a los cuatro años que un adulto imbécil a los ochenta", como bien me dijo un gran amigo.
Y como la ironía no se le da, o no la sabe manejar, aprovecho para aclararle que los derechos civiles, en general, se respetan en el sur de Estados Unidos. Al menos hasta el grado de que no persista la separación de baños entre negros y blancos. Para que vea que la izquierda, bien canalizada, sí logra cambios favorables. Comparar a una raza con una tendencia sexual cae ya en el terreno del desacato. Yo no deseo la prohibición la homosexualidad, pero sí limitar su expresión pública, del mismo modo que se le limitaría a un heterosexual salir en ropa interior a la calle. Los homosexuales, al igual que los negros, dan por hecho que los años de represión que injustamente sufrieron son un salvoconducto para atropellar los derechos ajenos y, en el caso de los homosexuales, faltar al buen gusto y las buenas costumbres en público.
Y respecto a las buenas costumbres, por cierto, no son cuestiones de reglamentos. No conozco, ni me interesan, las leyes de su país. En cualquier sociedad, primitiva o evolucionada, hay cosas que son privativas del ámbito privado de los individuos. Los izquierdistas son curiosos: usan las leyes a su conveniencia. En su caso, las buenas costumbres, si no están reglamentadas, no pueden ser exigidas. Sin embargo, cuando los jóvenes del 68 desconocen el delito de disolución social, o la canalla del paro de 1999-2000 desconoce el reglamento de pagos de la UNAM, entonces sí están haciendo lo correcto. De ahí que el izquierdismo tercermurio condene la invasión de Estados Unidos a la isla de Granada, pero aplauda la invasión por parte de la ex Unión Soviética a Afganistan. De ahí que hablen de Hitler como el gran genocida, pero no hagan mayor referencia a los genocidios causados por Stalin y Pol Pot. Mejor dejemos este tema.
Por último, en relación al renacimiento social que estimo ocurrirá en los primeros treinta años de este siglo – nada tiene que ver con el surgimiento de un dictador como el del régimen opresor y tiránico de Cuba –, dice Maquiavelo, y cito:
"En primer lugar, no hay unión ni amistad, excepto entre aquellos que deliberadamente cometieron algún mal contra su patria o las personas. Y dado que se eliminó totalmente la religión y el temor a Dios, se da juramento y se tiene fe sólo mientras sea de alguna utilidad; así, los hombres se sirven de la fe y los juramentos, no para cumplirlos, sino para valerse de ellos y engañar con más facilidad. Y mientras más fácil y seguro sea el engaño, más glorias y elogios se obtienen de este; de este modo, los perversos son elogiados por su industriosidad, mientras que los honestos son culpados de su estupidez. A decir verdad, se pone en el mismo saco todo lo que puede corromperse y lo que puede corromper a los demás; los jóvenes son holgazanes, los ancianos son lascivos; los dos sexos, en todas sus edades, están llenos de malas costumbres que las buenas leyes no remedian, pues son corrompidas por los malos usos."
La cita es vieja pero parece escrita ayer – a diferencia de las citas de los izquierdistas, fuera ya de contexto y lugar el mismo día de su publicación – y, en efecto, aunque mi país naufraga en un mar de decadencia, vicio y estupidez, empieza también a haber conciencia de como la tolerancia de lo intolerable es el signo clave de la decadencia. Quienes se rebelen ante ella, inaugurarán una nueva época. Yo pretendo ser una de esas voces.
Con esta respuesta, doy por terminantemente concluido y totalmente finiquitado cualquier seguimiento que pudiera usted darle al editorial de "Cero Tolerancia a la Tolerancia" y esta respuesta, sin perjuicio que podamos debatir algún otro tema. Lo hago así, Julen, porque nunca un monólogo puede convertirse en un diálogo. Y sé bien que no podrá usted entender la realidad fuera de los constructos anquilosados con los que algunos reaccionarios le han influido. Llegado el caso, haga uso de sus tautologías para ser tolerante con mi implacable intolerancia frente a lo intolerable.
Respetuosamente,
Carlo DiMattia