La Muerta
Por
Miguel Angel Balanzario-Novelo
La mujer que se murió, la muerta; la que enterró su novio aquí afuera; a un ladito del rosal que riega mi viejo y que ya mero se seca si no del susto sí del revoltijo de tierra que le dejó las raíces al aire y lo hizo ponerse amarillo.
– Tengo en las manos sangre que no recuerdo... y tu ropa...
La he visto. De veras. Llore y llore ahí parada. Matando del susto a todos los que la llegan a ver por que tiene los ojos muy grandes y espantados; y se tapa la angustia del llanto con sus manos afiladas de muerta, haciéndolas dar mil vueltas sobre su boca para que no se le salga el estertor de ahogo con que ella llora.
– ... y el poco de aire que ya no alcanzó a llenarte la boca todavía enredado entre los dedos...
La veo revolverse toda angustiada sin moverse de su lugar, como un juguete de dolor. Bien muerta y acongojada, llorosa, y como que quiere decir algo, ¿sabe?, y le da pena o no puede, vaya usted a saber, y la mira a una con esos ojos suyos llenos de llanto y se pone bien triste de veras, y dan ganas de consolarla pero quien sale a esas horas de la noche, con tanto frió y con un espanto revolviéndose enfrentito de su ventana, pegando chillidos que hacen humedecerse las manos de una, y siente una toda la cara fría y el corazón todo espantado, dando de brincos, atorando el resuello a cada vuelta que da, lleno de espanto cuando se oyen los primeros suspiros de la muerta en frente de la ventana.
– ... Te fuiste poniendo triste, de veras triste. De agua. Y tu cuerpo se aflojo en mis manos como cuando querías pasar toda la noche conmigo y no te importaba tu casa...
Vino la policía a llevarse al muchacho y a desenterrar el cuerpo desnudo y delgado de ella; tenia la lengua hinchada y los ojos bien abiertos y espantados. El no decía nada y caminaba con la cabeza gacha, como arrepentido, ¿sabe?. Dicen que ella estaba casada y que vino a dejarlo por que ya no aguantaba estar así, y que el lloró y le pidió que no se fuera y luego la ahorcó. A mí se me hace que la estuvo abrazando y no supo cuando sus manos hicieron eso que dicen que hizo. Luego ha de haber sentido miedo y por eso la enterró de madrugada y sin ruido, revolviéndole la tierra al rosal y dejándolo medio muerto.
– ... Y tú querías irte – pues vete – dije; y te llene de tierra en el jardín para que te fueras, para que nadie supiera...
Ya se los llevaron, a él a la policía y a ella al panteón, así debió de ser porque no pudo ser de otro modo.
Ahora a ver cuando quiere irse esta mujer que me ve con sus ojos espantados desde la ventana, haciendo muecas duras de dolor mientras se tapa el llanto con las manos. A ver cuando quiere irse. No sé que espera, si ahora sí lo dejo al muchacho para siempre.
¿O es que no quería dejarlo? Vaya usted a saber.
© Panóptico, Miguel Angel Balanzario-Novelo
Noviembre 15, 2000
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