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México: tan Cerca y tan Lejos de la Verdadera Democracia
Por Alberto Carrillo

Pobre México. Estando tan cerca de empezar a consolidar su democracia puede quedarse en la raya si no se logra la tan anhelada alternancia en el poder. Y es que aunque ha habido avances en materia de democracia, muchas cosas en este país no van a cambiar sino sale el PRI de la presidencia de la república: la corrupción y la inseguridad crecientes, la ineficiencia en los servicios que otorga el estado, medios de comunicación comprados y al servicio del estado, la falta de estímulos a la economía, etc. Es cierto que la alternancia no garantiza el avance en la democracia, ni la democracia plena asegura una mejoría en la economía ni en el nivel de vida de los mexicanos. Aun así parece ser que muchos ciudadanos piensan que para vivir mejor se requiere no sólo libertad para elegir a nuestros gobernantes sino además libertad para trabajar, para expresarse y para participar, y para esto se requiere de un gobierno al que perciban como propio y que trabaje por el bien de México y de los mexicanos.

Una de las razones que más se mencionan por las que el partido oficial debe dejar el poder es la pobreza extrema en la que viven el 40 por ciento de los mexicanos. Sin embargo la pobreza y la ignorancia, provocadas por la ineficiencia de los gobiernos priístas, son precisamente la fuerza que más contribuye a la permanencia del PRI en el poder. De alguna manera los mexicanos más pobres, los menos educados y principalmente la gente del campo son los que han dado y pueden dar al PRI la ventaja en las preferencias electorales. Quizá sea que desconocen la realidad política de nuestro país, quizá sea que son más manipulables ya sea porque su situación económica los hace vulnerables a la compra del voto, o porque carecen de los elementos para reflexionar al votar, o simplemente porque sean objeto de intimidación por los que tienen el poder en su localidad. El caso es que de entre quienes menos han recibido de los gobiernos priístas y menos oportunidades tienen de progresar el PRI obtiene una cantidad de votos suficiente para compensar y aventajar la deficiencia de votos en las ciudades.

Entre la gente más afortunada, citadinos con trabajo y educación, son en quienes más a crecido la idea de la necesidad urgente de un cambio. Los estudiantes, trabajadores de cierto nivel hacia arriba y empresarios que a veces podrían estar conformes con su situación económica y su posición social demandan un cambio. Y es que aunque este sector de la sociedad es el que más recibe los beneficios del gasto gubernamental, esto no le es suficiente para compensar los golpes que recibe cada sexenio en su poder adquisitivo, o como falta de empleos y oportunidades de desarrollo, además de la inseguridad creciente en las calles acompañada de una impunidad sin límites, las trabas burocráticas para realizar cualquier tramite, el observar a los trabajadores del gobierno que trabajan poco y lo hacen mal, la percepción de un gobierno ajeno e insensible a los problemas de la sociedad que parece más bien un enemigo de los mexicanos.

Si se viene repitiendo la misma situación de malos gobiernos priístas desde hace varios sexenios, ¿por qué no ha logrado cristalizar la tan necesaria alternancia en el poder? Hay seudointelectuales quienes han dicho que si el PRI se ha logrado mantener en el poder a pesar de todo lo que se le critica es por todo lo que ha logrado a lo largo de 70 años de gobernar, en materia de salud, de educación, de construcción de infraestructura eléctrica, carretera, ferroviaria y telefónica. Y si bien es cierto que se han hecho muchas cosas y las cifras parecen impresionantes, aún así somos un país sumamente atrasado, y si se analiza cualitativamente, resulta que casi todo se hace mal: hay una pésima atención médica para la mayoría, los escolares que apenas pueden leer, hay egresados de universidad a los que no les dan trabajo, se cuenta con una red ferroviaria destacada como de las más atrasadas del mundo y la red telefónica antes de privatizarse, cuando dependía del gobierno, era de las más pequeñas del mundo. Pero si algo hay que reconocerle al PRI es su gran eficiencia para mantenerse en el poder.

La maquinaria priísta ha venido funcionando durante más de 70 años y a pesar del aparente resquebrajamiento puede seguir funcionando por muchos años más para cumplir con su primordial objetivo: mantener a la vieja clase política en el poder. Para lograr esto reparte poder, da empleos, otorga privilegios y favores a algunas personas y utiliza gran parte del gasto gubernamental para el control social a través de subsidios y programas de ayuda como PROGRESA y PROCAMPO, y de alguna manera se las ha arreglado para que muchos mexicanos, a pesar de que siempre se están quejando, se hayan vuelto dependientes, faltos de iniciativa y temerosos del cambio.

A pesar de que la gente que quiere el cambio es mayoría, ésta se encuentra dividida entre los que, por su egoísmo, conformismo o temor prefieren un cambio gradual a través del PRI; los que prefieren la promesa de un gobierno perredista fuertemente paternalista, que subsidie a los pobres y imponga mayores impuestos a las utilidades; y los que prefieren un gobierno orientado a aumentar la productividad a través de la creación de oportunidades y el estímulo a la libre empresa, como el que ofrece la Alianza por el Cambio. Las diferencias de opinión entre los ciudadanos son profundas y reflejan tal vez mucho de su forma de ser y de sentir. Mientras que a unos les atrae la idea de un estado distribuidor de la riqueza existente para acabar con la pobreza y la desigualdad, a otros les atrae más la idea de un estado promotor, que estimule la creación de riqueza para salir de la pobreza antes que su redistribución. Lo que es un hecho es que desunidos, los mexicanos, difícilmente lograran sacar al PRI del poder.

Pobre México. Metido en un círculo vicioso en el que los gobiernos priístas lo mantienen sumido en la pobreza y la ignorancia, y la pobreza e ignorancia mantienen al PRI en el poder. Este círculo por algún lado se tiene que romper, tal vez este sea el momento para que esto ocurra.

© Panóptico, Alberto Carrillo
Junio 23, 2000