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Lo que Ganamos, lo que Aprendimos y lo que Tendremos que Aprender
Por Alberto Carrillo

Ahora que ha terminado el proceso electoral, podemos reflexionar sobre lo que hemos ganado, lo que hemos aprendido y lo que hemos dejado atrás. Una vez que se ha dado este paso que parecía que nunca lograríamos dar podemos mirar hacia el futuro que nos espera con optimismo.

Con satisfacción podremos decir que no dejamos pendiente una vez más la tarea de hacer realidad la alternancia, no tendremos que enfrentar seis años de frustración y desencanto. Aunque la transición democrática no garantiza el desarrollo económico y el progreso de los mexicanos, tendremos la oportunidad de construir nuestro futuro y ya nadie podrá negar que tenemos el gobierno que elegimos.

Ganamos y aprendimos durante este proceso, pero tendremos que aprender aún muchas cosas si queremos seguir ganando en el proceso que sigue a las elecciones.

El proceso electoral en sí mismo deja varias enseñanzas. Primero, que no todas las encuestas eran confiables, por lo menos no completamente. Aunque en general mostraron preferencias cercanas a la realidad, los resultados de la mayoría estuvieron fuera de los márgenes de error, lo cual obligará a algunas empresas a revisar su forma de trabajar. Irónicamente las encuestas del grupo Reforma, a las que se les dio la mayor credibilidad en otros medios erraron en todas sus predicciones, mientras que las de Alducin acertaron en los resultados obtenidos por Fox y Labastida pero se les dio menor difusión y menor credibilidad en los medios.

Por fortuna en ningún momento se tuvo una gran confianza en las encuestas pues los resultados de las diferentes empresas eran muy diversos y hasta contradictorios – claro indicativo de una metodología deficiente o un compromiso propagandístico –. Aprendimos que debemos tomar los resultados de las encuestas con muchas reservas; las encuestas, bien hechas, pueden ser muy útiles pero esta experiencia probablemente dejará en los mexicanos una buena dosis de desconfianza para los futuros procesos electorales.

Tuvimos la primera elección presidencial en la que el IFE en manos de ciudadanos garantizó la legalidad, por lo menos en las urnas. La gran cantidad de dinero dedicado a garantizar la legalidad del proceso electoral fue una buena inversión para los mexicanos. Pero por otro lado, se demostró que se ha dejado un gran hueco en la protección contra el fraude, pues la compra del voto, la coacción, el voto corporativo y el condicionamiento de servicios al voto se manifestaron visiblemente desde semanas antes de la elección.

Afortunadamente, por la amplitud de la victoria de la Alianza por el Cambio, esta forma de fraude no influyó en los resultados finales. De hecho no tenemos forma de conocer en qué medida funcionó esta estrategia para alterar los resultados.

Los ciudadanos hemos vivido por primera vez lo que es una contienda electoral, y tendremos que aprender a no decepcionarnos por lo que se puede ver en las campañas electorales; tendremos que aceptar el hecho de que la agresividad verbal en las campañas llegó para quedarse. La mayoría de los mexicanos no estabamos preparados para observar este tipo de campañas, a la ignorancia y la poca cultura política de la mayoría tenemos que agregar el poco interés por estar bien informados, lo que nos hace vulnerables al engaño y la manipulación.

Para fortuna de los mexicanos las campañas de difamación, calumnias y trampas del PRI, de sus satélites y del PRD no lograron nublar el juicio de la mayoría. La percepción que se tenía de las tres opciones a la presidencia se mantuvo casi intacta a pesar de todo el esfuerzo hecho para derrumbar la confianza que había construido Vicente Fox a lo largo de muchísimos meses de campaña.

En el Distrito Federal la situación fue diferente, las campañas tuvieron realmente poca difusión y no fueron tan agresivas como las presidenciales. La falta de información fue la norma en las campañas y es difícil decir qué motivó a los capitalinos a elegir como lo hicieron.

A partir de ahora los partidos políticos tendrán que aprender a desempeñar el nuevo papel que la sociedad les ha asignado. Cada uno interpretará a su manera lo que la sociedad expresó en las urnas; la sensibilidad que han mostrado para responder a lo que la sociedad quiere los colocó en la posición en que ahora se encuentran y será determinante para su futuro. Al parecer en todos los sectores de la sociedad fluye una nueva corriente orientada hacia el trabajo y la libre empresa como herramientas para el progreso individual y comunitario, que se aleja cada vez más de la pasividad y de la dependencia de la ayuda gubernamental que ha mostrado su inutilidad a lo largo de tantos años.

Los partidos tendrán que aprender que están para ganar y gobernar, y no sólo para actuar como contraparte, como críticos o como estorbos al sistema. La enseñanza de Vicente Fox a su partido reside en el hambre de triunfo que se está obligado a mostrar cuando se es una opción política importante. Ahora el PAN requiere formar candidatos que en el futuro puedan estar a la altura en una contienda como la que acabamos de vivir, pues es indudable que fueron las características del candidato el valor agregado que permitió al partido derrotar a la maquinaria del PRI.

El PRI tendrá que aprender a desempeñar su nuevo papel como oposición, aunque ya había experimentado este caso en menor medida en algunos estados. Tendrá que aprender a sobrevivir sin las cuotas de poder y los favores que desde el gobierno estaban acostumbrado a prodigar a sus seguidores. Como partido clientelar perderá la fuerza que le daban los programas sociales en el campo y los sectores pobres de la sociedad, eso sin contar un sinnúmero de allegados que creyeron tener chamba segura para el próximo sexenio y que no obtendrán nada.

El PRD necesitará reconsiderar la actitud que mostró en la campaña bajo el liderazgo de Cuauhtémoc Cárdenas, quien llevó al partido a mostrar una actitud irreconciliable con el PAN y con el sistema. Con una participación en el congreso notablemente disminuida, la aparente indisposición a negociar con el PAN mostrada por Cárdenas, y el manejo de una propuesta que no va de acuerdo a la realidad económica y política mundiales, la izquierda que representa el PRD corre el riesgo de convertirse en una fuerza insignificante en la vida política a escala nacional.

Al contrario de lo que se vio en las campañas la conciliación y la negociación serán la norma en las acciones del futuro gobierno. Con un congreso plural es obvio que Vicente Fox, el PAN y el PVEM tendrán que negociar con por lo menos alguna de las fracciones parlamentarias para lograr acuerdos y poder aplicar los cambios en su nuevo gobierno. Después de todo la democracia implica negociación y es mucho lo que hay que negociar para lograr la transición a una democracia plena.

Por su parte los ciudadanos tendrán que asumir un nuevo papel más activo con respecto a la vida política del país. Tendremos que aprender a actuar con mayor responsabilidad ante los retos y las oportunidades que se presenten como consecuencia de una nueva forma de gobernar, pues nos hemos acostumbrado a tener una actitud dependiente, sumisa y apática, que algunos hemos empezado a cambiar desde este proceso electoral. El reto para el nuevo gobierno y para la ciudadanía será hacer llegar claramente el mensaje del cambio a todos los sectores de la sociedad.

© Panóptico, Alberto Carrillo
Julio 5, 2000