Ahora que Vicente Fox y la Alianza por el Cambio resultaron ser los grandes ganadores de la contienda electoral, abundan los análisis y las explicaciones del por qué del triunfo de esta opción y la derrota del PRI y de la Alianza por México.
Muchos factores se combinaron para dar este resultado, se asume que con éste ha iniciado un cambio en México. Entenderlo será útil a los partidos para planear la estrategia que definirá su futuro. Para la ciudadanía también lo será, para decidir el papel que cada uno desempeñará en esta transformación.
El partido, el candidato, la propuesta, el hartazgo del PRI y el deseo del cambio seguramente fueron los factores que combinados dieron como resultado la victoria de la Alianza por el Cambio. Lo más importante que queda después del triunfo es la propuesta que convenció a muchos y que define el rumbo que tomará la transformación que desde ahora comienza.
Todos los mexicanos están de acuerdo en que se requiere de un gobierno honesto que combata la corrupción y defienda el estado de derecho, un gobierno que realice en forma eficiente su trabajo, educación, servicios de salud, un gobierno que se financie en forma sana y que promueva el desarrollo económico de las comunidades. En este último punto es en donde menos coinciden las propuestas del PRI, el PRD y el PAN.
Al final de cuentas ganó la única propuesta que pudo entusiasmar a todos los sectores de la sociedad, pues el proyecto de la Alianza por el Cambio fue el único que combinó en forma creíble responsabilidad y beneficios para todos los mexicanos. Mientras, el viejo y gastado discurso del PRI que prometía beneficios a todos los niveles y planteaba un gobierno más eficiente resultó poco creíble a la mayor parte de los ciudadanos. El discurso del PRD estuvo dirigido a entusiasmar a los sectores menos favorecidos pero no se preocupó por ofrecer perspectivas de desarrollo a los empresarios y a las clases medias y altas. Al final de cuentas los proyectos de los tres grandes partidos son congruentes con sus posturas ideológicas o principios que los rigen y representan tres grandes corrientes que agrupan a la sociedad mexicana.
Tradicionalmente el PRI ha tratado de dar algo a todos los sectores de la sociedad con el objetivo primordial de conservar el poder. Ha manejado en su discurso una supuesta preocupación por los pobres, los campesinos y los indígenas, y ha implementado programas sociales que más que contribuir a erradicar la pobreza, sirven como ligeros paliativos al tiempo que estimulan la dependencia y desmotivan cualquier deseo de superación individual. A las clases medias urbanas les ha dado servicios, algunas opciones de superación y el discurso del privilegio de contar con la supuesta paz social. A los empresarios los trató de complacer con la llamada estabilidad económica que se derrumba cada seis años por lo menos. La regla en los gobiernos priístas ha sido la ineficiencia a todos los niveles y la repartición de privilegios a una gran cantidad de gente, que se convierten en cómplices y defensores incondicionales del sistema.
La propuesta del nuevo PRI era una combinación de "más de lo mismo", donde tomaba los logros más destacados de las administraciones pasadas, los programas sociales para combatir la pobreza y la estabilidad económica, agregando el concepto de "ahora sí vamos a hacer bien las cosas", eficiencia, combate a la corrupción y una ambiciosa reforma educativa. El problema para el PRI fue que la nueva y mejorada edición del "más de lo mismo" no fue suficiente para convencer ni a los empresarios, ni a las clases medias, ni a los jóvenes, ni a la gente madura, ni a las mujeres, ni en general a la gente con cierta educación. Los defensores de la continuidad del gobierno priísta, más que defender una ideología agrupan a quienes se benefician directa o indirectamente con empleos, contratos o favores, a quienes ya sea por conformidad o por miedo a los cambios prefieren que todo siga igual; a quienes en su ingenuidad creen en sus propuestas; y a quienes gozan del poder.
El PRD ha basado siempre su arraigo entre la población en un discurso de defensa de los pobres y los menos favorecidos en general, de ataque al sistema y a cualquier política que beneficie a las clases altas y a los empresarios. Más que una propuesta se manejó durante la campaña la defensa a toda costa de su ideología, la soberanía, el petróleo, el estado laico y la educación gratuita, como si se hallarán realmente en peligro de perderse. El problema para el PRD fue que su propuesta sólo ofrece recompensas a los pobres, a los perdedores del sistema y a quienes no toleran la desigual repartición de la riqueza. En la ideología perredista no es aceptable una política en la que salgan favorecidas las clases altas y los empresarios. Para el perredista es incompatible el bienestar de los pobres con el de las clases medias y altas, el bienestar de los trabajadores con el de los patrones, el bienestar de nuestro país con el de nuestros vecinos más desarrollados. Su propuesta solo logró atraer a quienes albergan un resentimiento contra los ricos, contra los empresarios, contra quienes están en el poder, contra los extranjeros y contra cualquiera que se atreva a estar en desacuerdo con su postura.
No es de sorprender que la propuesta del PAN y de Vicente Fox ganara terreno en todos los estratos de la sociedad pues fue la que se propuso y supo transmitir que el verdadero progreso de México no excluye a ningún sector de la sociedad. La instrumentación de una política fiscal inteligente que haga más atractiva la inversión estimulará la creación de nuevas empresas y el crecimiento de las existentes, y se traducirá en mayor cantidad de empleos nuevos y con el tiempo mejor remunerados. El poder adquisitivo de los mexicanos mejorará lo que a su vez podría dirigirse hacia una mayor inversión y la consecuente prosperidad de los negocios. La educación y la capacitación serán necesarias para poder crear y aprovechar nuevas oportunidades. El campo y los sectores desprotegidos requerirán especial atención para lograr integrarlos al desarrollo del resto del país.
Nuevos principios dirigirán las estrategias del nuevo gobierno. La pobreza se combate creando nuevas fuentes de riqueza y no solamente distribuyendo la riqueza existente. Nuevas y crecientes empresas, y empleos bien remunerados serán la meta para el verdadero progreso económico de México. Ya es tiempo de que se rompa el viejo paradigma de la izquierda socialista de que el progreso de los empresarios sólo puede llegar mediante el empobrecimiento de los trabajadores. Por el contrario, no hay mayor progreso económico para las empresas que cuando los ciudadanos mejoran su poder adquisitivo. Ya hay muchas empresas que han dejado atrás la antigua relación de enemigos entre patrones y empleados y que operan bajo un nuevo sistema de cooperación basado en el reconocimiento de que el esfuerzo de ambas partes debe traducirse en el bienestar de todos.
Ya es tiempo de que se rompa con el viejo mito de que los extranjeros sólo se interesan en nuestro país para enriquecerse a costa de empobrecerlo. Ya no estamos en una relación colonial y necesitamos de nuevas inversiones para crecer económicamente, y también de relaciones sanas que nos permitan aprovechar la gran oportunidad que nos brinda el fenómeno de la globalización para encontrar nuevos mercados para nuestros productos.
Ya es tiempo de romper con la vieja forma de relacionarnos con nuestros gobernantes, que más que servidores públicos parecen enemigos de la ciudadanía que no protegen al ciudadano sino que sólo defienden su status de gobernantes. En el próximo gobierno se verá una nueva forma de relación servidor público-ciudadano, pues se trata de sacar el mayor provecho entre dos partes que tienen por objetivo común el bienestar de todos. También veremos el nuevo papel del gobierno como promotor del desarrollo de las comunidades.
En resumen, la propuesta del nuevo gobierno se traduce no sólo en nuevas estrategias sino en contagiar una nueva cultura de las relaciones entre los diferentes sectores de la sociedad que tendrán que entender que el bienestar de unos necesariamente debe venir con el bienestar de todos.
Muchos creerán que se trata de una utopía y no faltarán los que no creerán en el cambio y presagiarán malos tiempos para los mexicanos bajo el nuevo gobierno. La decisión que tendremos que tomar como ciudadanos será la de unirnos al esfuerzo del cambio o la de sentarnos a criticar y a obstaculizar el esfuerzo de los demás.