El tema del aborto, que provoca controversia en muchos sectores de la sociedad, casi siempre gira en torno a la legalización o despenalización. De alguna manera nos encontramos en la peor situación en la que pudiéramos caer: hay muchas personas que incurren en conductas irresponsables que las llevan a embarazos indeseables y que encuentran en el aborto una solución. Como éste sólo puede realizarse clandestinamente muchas mujeres lo realizan en condiciones peligrosas para la salud y esto les ocasionas sufrimientos y muchas veces la muerte. Mujeres que consideran inconveniente tener un hijo o estar embarazadas son las protagonistas de este drama. Adolescentes solteras que resultan embarazadas y mujeres casadas que no desean o no pueden mantener otro hijo son las que con mayor frecuencia recurren a la opción de interrumpir el embarazo.
Aquí no se pretende discutir los planteamientos técnicos o religiosos para decidir si el aborto debe o no estar penalizado, sino plantear una reflexión sobre las consecuencias de las decisiones que se tomen o no para resolver este problema. De manera que dejo de lado toda la discusión sobre si es o no un asesinato; en qué momento se comienza a ser humano y por lo tanto se adquieren derechos como individuo; si el embrión o feto es parte del cuerpo de la madre; en qué momento se adquiere un alma; u otras discusiones en las que de cualquier forma nunca se llega a un acuerdo.
En opinión de algunos intelectuales y de militantes de partidos políticos que se autodenominan liberales, el aborto debe ser permitido. Uno de los argumentos que se esgrimen es el de que se trata de una cuestión básica de libertad: la libertad de la mujer para decidir sobre su propio cuerpo. Sin embargo, en las sociedades modernas la libertad no puede ser el único argumento para tomar la decisión de cambiar las leyes. Existen otras consideraciones como el que las decisiones individuales pueden afectar a otros individuos, como el respeto a la vida, y como la responsabilidad sobre nuestras acciones. Para aceptar el argumento liberal tendría que aceptarse también que el ser que se desarrolla dentro de una mujer es parte del cuerpo de esta última, pero parece que esa cuestión seguirá por siempre en discusión.
En el otro extremo tenemos la opinión de grupos conservadores en partidos políticos, asociaciones civiles y asociaciones religiosas, quienes abogan porque se mantenga la prohibición. Algunos de estos grupos no solamente están en contra del aborto sino que además desaprueban el uso de los métodos anticonceptivos efectivos y de muchas formas de educación sexual. Al final de cuentas sus acciones promueven el aumento de embarazos indeseables, de los abortos y además de enfermedades como el SIDA. Las soluciones que proponen a los jóvenes y a las parejas para no caer en situaciones indeseables son la abstinencia de relaciones sexuales fuera del matrimonio y la falta de planificación del número de hijos. Ambas opciones están lejos de la realidad que enfrenta nuestra sociedad. Los valores dominantes y las necesidades de un país pobre con alto crecimiento demográfico no aceptan tales restricciones. Adolescentes y adultos seguirán teniendo relaciones sexuales fuera del matrimonio y nuestro país no puede darse el lujo de aumentar su población indefinidamente.
No podemos cerrar ojos y oídos ante los grandes problemas, tampoco debemos encontrar soluciones que a la larga nos traigan como consecuencia otros problemas. Algunas personas consideran que el aborto debe ser permitido por un sentido de simple pragmatismo, para evitar la gran cantidad de complicaciones y muertes ocasionadas por la práctica de métodos abortivos ejecutados clandestinamente en condiciones inadecuadas. Esta forma de pensar obedece también al paradigma de que es más fácil remediar que prevenir, al contrario del viejo dicho. Es una actitud muy humana y también muy irresponsable la de buscar la solución de los problemas una vez que estos se manifiestan con gravedad, en lugar de buscar las raíces del problema para corregirlo de fondo.
¿Será que no queremos hacernos responsables de las consecuencias de nuestras acciones? Por un lado nos hacemos de la vista gorda evitando la discusión ante el grave problema que causan los abortos clandestinos, por el otro, para mantener limpia su conciencia, algunos proponen como solución la penalización y otros proponen la despenalización. Unos quieren evitar la responsabilidad por la muerte del producto y otros quieren evitar la responsabilidad por la muerte de la madre. Parece que muy pocos quieren tomar la responsabilidad de aceptar el comportamiento sexual de nuestros ciudadanos jóvenes y no tan jóvenes y de educarlos en la responsabilidad, dejando de escuchar las voces que más que promover una alta moralidad o una gran liberalidad pretenden aliviar sus propias conciencias.
Antes de despenalizar y permitir el aborto voluntario debemos reflexionar sobre las consecuencias de estas acciones. Posiblemente se evitarán miles de muertes y complicaciones al realizarse los abortos bajo control médico adecuado. Es probable que la dosis de remordimiento y culpas que experimentan quienes se ven involucrados en un aborto disminuirá pero seguramente seguirá presente. Al mismo tiempo es posible que el número de abortos que se realizan aumentará como consecuencia de que se convertirá en una opción más accesible para solucionar el problema de un embarazo no deseado. Y lo que es seguro es que no se contribuirá en nada a evitar que aún más mujeres lleguen a la situación en la que abortar sea una opción, pues lo que pudo haberse evitado con conductas más responsables se podrá solucionar abortando.
No parece ser una buena idea la de tratar un problema causado por la irresponsabilidad mediante una "solución" que fomenta aún más la falta de responsabilidad. La poca información veraz de que disponen adolescentes y adultos que tienen una vida sexual activa en una sociedad puritana y que hace muy poco por la promoción de conductas sexuales seguras ha propiciado la irresponsabilidad en el comportamiento sexual de muchos. El resultado ha sido el aumento de enfermedades como el SIDA y de embarazos no deseados en adolescentes solteras y en familias que tienen más hijos de los que pueden mantener. Permitir el aborto para remediar situaciones que pudieron haberse prevenido es una salida que hace muy poco por convertirnos en personas más responsables. Educar en la responsabilidad y aceptar las consecuencias de nuestros actos sería más saludable para nuestra sociedad.
Recientemente el caso de una muchacha de Mexicali llamada Paulina que resultó embarazada después de haber sido víctima de una violación, nos hizo recordar que la ley permite el aborto voluntario en el caso de que el embarazo sea producto de una violación. Muchas personas mostraron su indignación porque al parecer se obstaculizó a Paulina para ejercer su derecho de abortar. Cegados por la indignación que causó el caso, la mayoría no hemos reflexionado sobre una profunda incongruencia que existe en nuestras leyes. Mientras se penaliza el aborto voluntario al mismo tiempo este se permite en casos excepcionales, como el de una violación. Si la penalización del aborto se basa en el principio que defiende la vida del embrión o el feto, ese mismo principio se rompe cuando se permite el aborto en el caso de embarazo por violación. Pareciera que la vida del ser que crece dentro de la madre deja de ser igual de valiosa cuando es producto de un acto repulsivo como la violación, entonces estamos transfiriendo nuestra repugnancia por el acto a un ser que no tiene culpa alguna. Como si el producto de una violación se convirtiera en un individuo de segunda clase. ¿Qué tan enfermas pueden ser las sociedades que protegen de la vergüenza antes que la vida?
Antes que manifestarnos en favor o en contra de la despenalización del aborto, deberíamos pronunciarnos en favor de una estrategia que nos lleve a disminuir si no es que a desaparecer la necesidad de llegar a practicar la interrupción del embarazo. Educación sexual, disponibilidad de métodos anticonceptivos, promoción del sexo seguro, promoción de la planificación familiar y hasta la promoción de la cesión de hijos en adopción, podrían ser algunos de los programas que cambiaran la situación y por lo tanto, los argumentos de discusión sobre la prohibición o no del aborto. De cualquier forma, lo más probable es que la discusión para modificar las legislaciones en torno al problema del aborto no se lleven a cabo en muchos años, pues las dificultades para lograr un consenso sobre el tema son grandes al igual que el costo político de defender una postura en favor o en contra del aborto.