|
|
La Soga en Casa del Ahorcado
Por
Ignacio González-Angulo
Allá por el año de 1990 andando con demasiado entusiasmo y sobrada necesidad, aunque nula capacidad y exangüe experiencia con un movimiento local en pos de la presidencia municipal de Tepic estuve en un mitin que me tocó concertar con los colonos de la Nueva Provincia, esto es con los de la secta "La Luz del Mundo", organización religiosa que ha logrado penetrar en las conciencias de muchos mexicanos alentada por el gobierno mexicano al constituirse en firme aliada de los programas del PRI y en ariete de las embestidas oficiales con la pertinaz reticencia de la Iglesia Católica.
Recuerdo que había demora en el inicio de la asamblea política cosa que yo no me explicaba y que nadie me comentaba, el caso es que los dirigentes mayores se negaban a dar inicio por lo que indagando al respecto me percaté que se debía al hecho de que los devotos estaban en reunión religiosa, como en Misa pues; sólo que ellos le llaman de otra manera que no recuerdo, tampoco quiero saber ni me importa.
El asunto es que no se podía comenzar el acto político porque aledaño estaba el templo con militantes en meditación, cosa que me llamó mucho la atención porque no concebía en ese entonces que un evento se alimentara de otro, pues acostumbrado a vivir casi enfrente del templo católico "El Carmen" a media cuadra de Palacio de Gobierno, he visto multitud de actos políticos frente a Palacio simultáneos a infinidad de Misas y Rosarios dentro y fuera del templo. Como también me entusiasmó ante la perspectiva de presenciar un evento religioso extraño a mis creencias y a mi fe fuera de práctica.
No se trataba, según eso, de una asamblea religiosa importante. Era el servicio de la tarde, un rato de oración y arrepentimiento por las faltas del día para luego irse a descansar. Ellos al término de su liturgia claman su faltas algunos murmurándolas entre dientes, otros a grito abierto y muchos como sollozando y gimiendo.
Al final, salieron como si nada extraordinario hubiera acontecido, sonríen, charlan y algunos, los más, acudieron al mitin; platicando con ellos me extrañé que en las cúpulas y de hecho en ningún lado apareciera alguna cruz o crucifijo siendo al parecer cristianos.
- ¿Cómo vamos a tener en nuestras casas – y esta es nuestra casa de Dios – el instrumento en que fue torturado nuestro Salvador? – me dijeron.
Es como tener a la vista continua la soga en casa del ahorcado, ¡a ningún hijo amantísimo le gustaría!
Viendo así las cosas, podrían tener lógica si no fuera porque la característica de las sectas es precisamente lo exagerado y desproporcionado de sus creencias y la práctica desmedida de sus costumbres rayanas en la severidad supuesta de las virtudes, máxime con éstos colonos de provincia que han sido acusados de desviaciones lúbricas cometidas por su fundador el hermano Joaquín.
No es propósito de esta colaboración criticar ni denostar mucho menos la singularidad en que viven los hermanos aleluyas como se les conoce comúnmente, eso es cosa muy de ellos que se sujeta a la libertad de cultos y que Dios los bendiga e ilumine para que sean felices a su modo.
A lo que me quiero referir es a qué importante es no mencionar el asunto de la soga en la casa del ahorcado.
El término se aplica muy bien cuando se trata de cuestionar en un sentido o en otro la legitimidad de un acto acontecido o por acontecer. Por ejemplo de lo anterior esta lo de la autonomía universitaria o como decíamos líneas atrás la libertad de cultos; de ese modo también lo es la libertad de expresión.
Ejercer una de tales libertades implica manejarse al borde del derecho ajeno y el respeto, el no traspasar ese borde es donde radica que todos vivamos en paz; no lo digo yo, lo dijo Benito Juárez. Respetar que al enseñar, al investigar, al difundir la cultura y al ejercer el gasto necesario para ello no amenacemos intereses no vinculados con la Universidad es extralimitarse en la autonomía universitaria y es cuando alguien la cuestiona, luego nosotros al intentar explicar lo que constituye la autonomía la ponemos en peligro de ser delimitada y entonces directamente la sometemos al peligro de que desaparezca tal autonomía.
Cuando en el ejercicio de nuestras creencias afectamos también intereses extraños corremos el riesgo que nos delimiten nuestra libertad; así los católicos quizá podemos afectar a muchos con nuestras peregrinaciones masivas que acostumbramos los católicos los días 12 de cada mes y el 12 de diciembre con mayor fervor. Que se afectan principalmente los jacobinos – que por cierto ya se les ha bajado mucho -, y se afectan de verdad los que quieren, ya que con estos actos suceden más beneficios que perjuicios porque la mayoría de la población hace jugosos negocios con esa costumbre, debido a que tales festividades van desde el simple vendedor de elotes hasta el gallero que monta un palenque en áreas aledañas a las ermitas guadalupanas.
Y en la libertad de expresión sucede igual porque todos sabemos y lo aceptamos aunque nos lamentemos y se las mentemos a los que se manifiestan que lo podemos hacer cuando queramos, como queramos y por lo que queramos.
Así se han manifestado los burócratas estatales, los sindicalistas, los campesinos, los de El Barzón, por la calle, en más o menos multitudinarias marchas, con gritos, gestos y denuestos. Así lo hicieron desde hace un año, los diferentes aliancistas: los panistas y perredistas, también los priístas y todos los "istas" que la vorágine política desperdigó por todo el país.
Nadie puede negar el derecho para hacerlo y cuestionar tal derecho o la necesidad legítima para hacerlo es poner en entredicho la libertad de manifestación.
En México hasta la fecha es patente que todo mundo puede opinar lo que quiera por la prensa, radiada, escrita, televisada o "Interneteada" como yo lo estoy haciendo hoy y decir que alguno de nosotros que aportamos opiniones de esta manera esté siendo castigado por hacerlo sería faltar a la verdad, aunque también sostener que muchos del medio deberían ser sancionados por el daño moral que hacen pues es cierto también, pero peor aun decir que ¡que bueno que lo hicieran! Porque eso es... ¡HABLAR DE LA SOGA EN CASA DEL AHORCADO! y es que la mayoría de los periodistas estamos, si no ahorcados, sí con la soga al buche porque en casa del jabonero... pero de todos modos... ¡sería muy bueno que lo hicieran!... pero de eso hablaremos otro día aunque si quiere escríbame a indalex@quepasa.com.
Nota: Si deseas saber más sobre el autor consulta su página.
© Panóptico, Ignacio González-Angulo
Septiembre 1, 2000
|
|