Desde hace ya muchos años, la UNAM (Universidad Nacional Autónoma de México) viene padeciendo de graves problemas que eventualmente interrumpen sus actividades por largos periodos de tiempo; destacan las huelgas de trabajadores y conflictos de origen político o ideológicos que han desembocado en espectaculares paros estudiantiles.
Sin embargo, el mayor problema que enfrenta la UNAM es el deterioro del nivel académico, pues su principal tarea debe ser la de preparar profesionales competentes que sean capaces de aportar algo al desarrollo de la sociedad. No basta con egresar a algunos buenos profesionistas incluso brillantes, porque en todas las universidades siempre hay algunos buenos estudiantes, a pesar de la mala calidad de la escuela. La universidad pública debería garantizar que todos sus egresados fueran gente bien preparada, capaces de competir en el mercado laboral con los egresados de cualquier universidad privada o extranjera.
Quienes se llaman universitarios tienen diferentes intereses y por lo mismo desean transformar la universidad en diferentes direcciones. Es cierto que en la UNAM hay excelentes estudiantes, profesores, investigadores y trabajadores, pero también es cierto que muchos universitarios tienen intereses que se contraponen al verdadero espíritu de una universidad. Desde estudiantes que sólo quieren que se les facilite terminar una carrera universitaria, profesores e investigadores que hacen un trabajo de dudosa calidad y sólo desean conservar su empleo, trabajadores sin ganas de trabajar apoyados por un sindicato que sólo busca consolidar su poder dentro de la universidad, hasta autoridades que se preocupan más por cuidar su carrera política que por mejorar a la UNAM.
En el reciente conflicto universitario que provocó un paro de diez meses salieron a relucir temas importantes para el desarrollo de la comunidad universitaria. Para muchos es evidente que es necesaria una transformación, desgraciadamente los universitarios no coinciden en hacia donde hay que transformar a la universidad. Hasta ahora todos los intentos de llevar a cabo una reforma dentro de la UNAM por parte de sus autoridades han fracasado estrepitosamente y han desembocado en graves trastornos para la vida universitaria. Los estudiantes y profesores paristas dicen que entre sus objetivos está el de elevar el nivel académico de la universidad, sin embargo todas sus acciones tienden a lograr precisamente lo contrario. Por ejemplo, defienden todas las reglas aberrantes que garantizan que hasta los peores estudiantes puedan terminar una carrera universitaria.
En un país donde los salarios son muy bajos, estudiar una carrera universitaria representa para muchos jóvenes una de las pocas oportunidades que tendrán para escalar posiciones en la sociedad. Es necesario que esa oportunidad sea una realidad. Pedir que la universidad dé la oportunidad de estudiar a cualquier mexicano es justo, de manera que las oportunidades para ingresar deberían de ser las mismas para todos, pero eso no significa que no deba exigirse un buen esfuerzo a los que desean ingresar a la universidad. También es justo pedir que ningún mexicano deje de estudiar por falta de recursos, pero me parece injusto que quienes tienen recursos suficientes no paguen nada por la educación que reciben. Y lo más importante, es justo pedir que la universidad garantice una alta calidad en la preparación de los universitarios, pero esto implica necesariamente una mayor exigencia de compromiso tanto a profesores como a estudiantes.
Los problemas de la universidad se inician desde la forma en que ingresan los estudiantes al nivel medio superior o bachillerato. El examen de admisión quizá sea la forma más justa de seleccionar a los nuevos alumnos, pero los resultados ponen en evidencia la mala preparación de la mayoría. Hace algunos años José Sarukhán aceptó, cuando aún era rector de la UNAM, que algunos estudiantes ingresaban al bachillerato después de haber obtenido un 2 de calificación en el examen de admisión, y que la mayoría reprobaba este examen y aún así eran aceptados. Desde 1996 se estableció el examen único para el ingreso a las escuelas del nivel medio superior. Al aumentar la competencia para ingresar a las escuelas de mayor preferencia los aspirantes mejoraron sus resultados en el examen. Como ejemplo, para ingresar a la Preparatoria 6 se requiere obtener aproximadamente un 76 por ciento de aciertos en el examen. El nivel de los nuevos alumnos ha mejorado con el examen único, desgraciadamente a partir de este año la UNAM ya no participa en el examen único como una concesión de las autoridades universitarias a los estudiantes paristas.
Al ingresar a la Preparatoria o al CCH los nuevos alumnos que estaban acostumbrados a cierta disciplina en la escuela secundaria se encuentran con una casi total libertad para asistir o dejar de asistir a la escuela, o para entrar o no entrar a clases. Tienen derecho a reprobar tantas materias como sea posible, presentar todos los exámenes extraordinarios que deseen y permanecer inscritos durante muchos años hasta que terminen de acreditar todas las materias. A los profesores tampoco se les exige mucho, algunos faltan con mucha frecuencia y se dan el lujo de no ver el programa completo o hasta de no dar clases. Para colmo se les premia a todos los estudiantes con el famoso pase automático a la licenciatura que deseen cursar. No es raro que con este sistema muchos alumnos, incluso los que eran buenos estudiantes en secundaria, se vuelvan indolentes, adquieran malos hábitos de aprendizaje y pierdan el interés en los estudios.
El pase automático es injusto porque discrimina a los estudiantes de las escuelas de nivel medio superior que no pertenecen a la UNAM, para darles preferencia a los egresados de las preparatorias y CCHs. Los primeros tienen que someterse a un examen de admisión que selecciona a un pequeño número de alumnos de entre todos los aspirantes y los segundos sólo tienen que llenar una solicitud para ingresar a una licenciatura. De esta manera se permite que buenos estudiantes dejen de ingresar a esta universidad por provenir de otras escuelas, mientras que muchos estudiantes mediocres obtienen un lugar en ella con un mínimo esfuerzo. Ya desde 1966 el rector Ignacio Chávez estaba en contra del pase automático del bachillerato a la licenciatura, pues sabía que este devaluaba el nivel académico de la universidad. Chávez no logró eliminar el pase automático, pocos de sus sucesores lo intentaron y ninguno lo logró y hasta ahora continúa vigente.
Al ingresar a la licenciatura los estudiantes provenientes de preparatorias y CCHs de la UNAM, acostumbrados a aprobar las materias con un mínimo esfuerzo, resienten el mayor grado de dificultad que existe en este nivel. Pocos de ellos hacen un verdadero esfuerzo por tener un aprovechamiento aceptable, muchos otros reprueban y algunos desertan en los primeros meses. La mayoría de los que continúan a pesar de sus malos resultados son perseverantes y aunque reprueban materias saben que hay muchas oportunidades para tratar de aprobarlas. Se inscriben con profesores que son conocidos como "barcos", que les facilitan la forma de aprobar, o copian en los exámenes. Como los exámenes extraordinarios son baratos, muchos estudiantes se presentan sin estudiar, para ver si copiando o con muy buena suerte aprueban la materia. En algunas carreras los exámenes departamentales son obligatorios y son una buena medida para exigir un mínimo de conocimientos para aprobar una materia. Ya en el congreso universitario que se realizó a principios de los noventas se votó en contra de los exámenes departamentales. De realizarse un nuevo congreso como pedían los paristas, ya sabemos los resultados que se pueden esperar.
Terminar una carrera en la UNAM no es tan fácil, en algunas escuelas y facultades se exige más que en otras. En la UNAM se puede ser tan bueno o tan mal estudiante como uno desee. Hay alumnos que estudian hasta seis horas diarias o más, pero la mayoría no estudia más de media hora diaria en promedio. Generalmente basta con ser perseverante para lograr terminar una carrera. De los estudiantes que terminan su carrera muchos no se titulan, pero eso no es tan importante como el hecho de que muchos no encuentran trabajo en el área para la que estudiaron. En parte esto se debe a la saturación del mercado laboral en algunas profesiones; sin embargo, los mejores egresados de estas carreras y los egresados de otras universidades privadas e incluso de algunas públicas consiguen empleo con mayor facilidad. También puede afectar la mala fama que ha adquirido la UNAM para que no sean contratados sus egresados. La verdad es que muchos están mal preparados aunque no necesariamente un mal estudiante tendrá que ser un mal profesional; eso depende de la profesión, porque a nadie le gustaría ponerse en manos de un médico o de un abogado que no sabe lo que está haciendo.
La verdad es que aunque la universidad es casi gratuita, no es para los más pobres. Quienes se benefician realmente de ella son los que tienen los recursos suficientes para sufragar los numerosos gastos en libros, materiales, transportes y alimentos. Durante muchos años la UNAM ha facilitado las cosas para que muchos jóvenes puedan cursar una carrera universitaria, pero desde hace algunos años esto ya no es garantía para ellos de un mejor futuro. Hoy en día los graduados de las universidades privadas se están adueñando de las mejores oportunidades de empleo y desarrollo profesional. Además se les prepara para ser empresarios, algo que no ocurre en la UNAM ni en otras universidades públicas. Quienes exigen mayor acceso a la universidad, gratuidad, pase automático, congreso universitario, etc., deberían reflexionar en lo que piden, pues podrían devaluar aún más el anhelado título universitario.