Los juego olímpicos producen sentimientos encontrados en los mexicanos. Por un lado ilusiones y esperanzas, por otro frustración y coraje, y de vez en cuando, alegría y orgullo. Y es que en México se generan pocos atletas de primer nivel, en comparación con muchos países. Generalmente en los países desarrollados muchos deportistas alcanzan el nivel para competir por los primeros lugares en el mundo. Sin embargo, entre los países subdesarrollados pero grandes en población también se genera una buena cantidad de deportistas de este nivel. México esta entre ellos pero gana mucho menos medallas que Argentina o Brasil, e incluso países muy pobres ganan igual o más medallas que México en las olimpiadas.
Antes de las olimpiadas los medios de comunicación generan en los mexicanos grandes expectativas respecto al papel de los deportistas mexicanos. Una medalla de oro y unas cuantas medallas de plata y bronce son suficientes para satisfacer, por lo menos en parte, la sed de triunfos de los mexicanos y de los medios. Pero no es raro que ocurra que sólo se logre una o dos medallas en una olimpiada y ninguna de ellas de oro. Entonces los medios se vuelven terribles críticos de las autoridades deportivas mexicanas y hasta de los deportistas. El "fracaso" puede llegar incluso a convertirse en un verdadero escándalo nacional, como ocurrió en las olimpiadas de Barcelona en 1992, que hasta se designó una comisión para investigar al motivo o a los culpables del fracaso.
No es raro escuchar a algunos mexicanos decir que los deportistas mexicanos son malos, que no le echan ganas o que sólo van a hacer quedar mal a México. Cuando pierden, muchos hasta se avergüenzan de ellos, pero cuando ganan, son motivo de orgullo para la mayoría. Para los mexicanos es difícil entender que el mérito deportivo es individual. Estar entre los primeros diez, o entre los primeros veinte, o cincuenta, o cien mejores deportistas del mundo es un gran logro para un deportista. Sin embargo, los malos resultados como país sí son consecuencia de las políticas para el deporte, no sólo del apoyo que se da a los deportistas de alto rendimiento, sino de las políticas de largo plazo.
El atraso deportivo no se puede resolver únicamente con apoyar a los deportistas con posibilidades de competir en eventos internacionales, ya que ellos representan sólo la punta de la pirámide. En la base deberían estar todos los niños y jóvenes mexicanos, que deberían practicar algunos deportes; más arriba quedan los que practican algún deporte en forma seria, y hasta arriba, están los que por su capacidad y ganas logran ser seleccionados para dedicarse en tiempo completo a una disciplina deportiva. La pirámide de deportistas no es amplia desde la base y termina siendo muy pequeña en la cima.
La amplitud de la pirámide en su base es determinante para la cantidad de deportistas de alto rendimiento que genera el país. Entre más deportistas hay es más fácil encontrar a los superdotados, que al final de cuentas son los que ganan medallas en las olimpiadas.
La realidad es que en México son muy pocos los que practican algún deporte; de hecho son pocos los que hacen algo de ejercicio. Entre los adultos mexicanos muy pocos practican algún deporte, y son más abundantes los deportistas de fin de semana o de una vez al mes. La mayoría caemos entre los que de vez en cuando hacen el propósito de hacer ejercicio, le echan ganas una o dos semanas, a la tercera decae el ánimo y lo dejan, y no vuelven a acordarse de ello hasta meses o años después. Si a la poca práctica de ejercicio le sumamos el que el trabajo físico no está de moda, los resultados que tenemos son adultos de treinta o cuarenta años que les cuesta mucho trabajo hacer algún esfuerzo grande o simplemente ponerse en cuclillas para realizar alguna actividad. Desde muchos puntos de vista, no sólo por cuestiones estéticas, no es saludable para un país tener tantas personas apenas en edad madura con problemas de salud que antes eran propios de los ancianos.
Muy poco se ha hecho por aumentar la práctica del deporte entre los niños y jóvenes mexicanos. Aunque se han construido campos deportivos públicos e instalaciones sencillas en algunos parques, la práctica de algún deporte es accesible sólo para los que tienen alguna instalación deportiva gratuita no muy lejos de su casa y para quienes pueden pagar un club deportivo. En la mayoría de las escuelas primarias y secundarias públicas se tienen generalmente algunas instalaciones deportivas, como amplios patios, tableros de basquetbol y postes de voleibol. Sin embargo, el uso que se les da es insuficiente. En todas las escuelas hay horas destinadas a la educación física obligatoria, lo que no implica que se dé realmente una clase.
En seis años de primaria y tres de secundaria es mucho lo que podría aprenderse, practicarse y hasta competirse, pero la mayoría de los maestros de educación física sólo dejan que los niños jueguen a lo que quieran durante "la clase". Pocas veces se les enseña a los niños los rudimentos sobre la práctica o las reglas de un deporte. Algunas personas se quejan de que cuando cursaron la primaria y la secundaria nunca les enseñaron algo sobre determinado deporte. Para hacer el trabajo de vigilar a los niños mientras juegan como pueden durante la hora de deportes no se necesitan profesores con licenciatura en educación física.
Si realmente se desea que más mexicanos hagan un papel destacado en competencias como los juegos olímpicos, se requerirá más que un buen apoyo a los deportistas de alto rendimiento. Hasta que los gobiernos empiecen a trabajar en las bases para generar más deportistas de nivel básico entonces empezaremos a recorrer el largo camino para convertirnos en un país importante en el deporte a escala mundial. Tal vez ese objetivo, importante sí, pueda complementarse con generar una cultura del deporte entre los mexicanos.