Este artículo es un refrito sin duda de otro que escribí hace seis años y que se hace necesario porque como que cada sexenio hace falta instruir al novedoso gobernante en ciertas cosas que por su entusiasmo triunfador desdeña y sus paleros le disimulan, así que blandito blandito como me lo han pedido, pero firme firme porque es necesario.
Lo que mencionaré enseguida ha sido profundamente analizado por diversos estudiosos de la administración pública y sostiene con definición un clamor delirante en su lado oculto, aunque silencioso a ojos vistas. Quiero referirme específicamente al deterioro existente en la prestación de los servicios de salud, en algunas estructuras de nuestro sistema nacional, unas viciadas de origen, y muchas, las más, como resultado de la poca visión en este sentido que suelen tener algunos funcionarios por más buena fe que dicen poseer.
Los que nos hemos dedicado con fervor y cariño, por vocación o por destino irrevocable al ejercicio de la medicina apreciamos principios tradicionales hondamente arraigados de nuestra disciplina; sabemos que en su ejercicio se suele confundir constantemente el triunfo y el éxito profesional con la fortuna económica que otros por diferentes motivos logran amasar. Los médicos conocemos bien la verdad y la mentira de estos conceptos y no nos queda el menor resquicio de duda sobre lo auténtico o incierto de estos. Sin embargo tres son las grandes vertientes a la que nos enfrentamos los médicos en nuestra lucha por la salud.
Primeramente el más doloroso, por lacerante y emocionalmente abrumador es el aumento constante de la demanda de servicios, fenómeno que se aprecia en todos los ámbitos de nuestra nación: la perpetuidad inamovible del dolor, subjetividad inherente a la misma esencia del ser humano; la miseria económica que arraiga con ella a la insalubridad y ésta, a su vez, a las enfermedades que acusan grave deterioro social; pareciera que nunca será suficiente el número y la calidad de los sistemas de salud para equiparar la demanda de éstos. Ya no es sólo el ejercicio profesional entre un hombre enfermo y su médico, es ahora el papel del médico y su responsabilidad social.
Equidistante a lo anterior, tenemos la cada vez mayor necesidad de capacitación adecuada de los profesionales de la salud, problemática que afortunadamente los sistemas de salud no enfrentan solos, pues cuentan con el apoyo indiscutible, invaluable y cada vez más meritorio de las universidades e institutos de enseñanza superior que cuentan con escuelas de medicina. No obstante el cada vez más especializado arte de la medicina pareciera también que no finiquita nunca: cada vez se cuenta con más recursos terapéuticos; el avance de éstos ha permitido consecuentemente el desarrollo tecnológico y la apertura de una amplia gama de técnicas diagnósticas de tal precisión que se dice que el conocimiento médico "se acerca en muchos momentos a los límites de la fantasía", llegando incluso por momentos a ser capaces, mediante el conocimiento del comportamiento molecular, a incidir en las leyes de la herencia y por ende con la creación de la vida misma, jugando así de esta manera con el mismo Dios.
En medio de todo, la grave carga social y moral que significa lo uno y lo otro, se encuentra la administración de los servicios de salud. Y es en este aspecto donde la merma de facultades se ha dejado sentir en un enfoque por el que muchas veces los gobernantes han mostrado desapego, quizá radicado en lo complicado que resulta cada vez más el ejercicio de la medicina, como ya se mencionó; otros han mostrado tibieza y a lo mejor torpeza. Como sea, la problemática actual de los sistemas de salud evidencia, negligencia en el manejo administrativo con manifiesta proclividad de los funcionarios para encomendar tareas de salud, las más de las veces, a servidores públicos que no reúnen la capacidad profesional adecuada para ello, cumpliendo con frecuencia con el único requisito de enviar a su recomendado a un cursillo intensivo de capacitación.
Así es. En un ambiente de trabajo donde se presume que las actividades profesionales están normadas por estrechos criterios de calidad profesional, donde debería imperar el "academicismo", donde debería cobrar vigencia precisamente el llamado "Servicio Civil de Carrera", no existe ni siquiera el más mínimo respeto escalafonario.
En otros foros e instancias se han expresado continuamente las ventajas de promover el servicio civil de carrera, sistema que permite la capacitación continua de los servidores públicos, con base en los incentivos profesionales y las prestaciones económicas y sociales que esto conlleva. Cierto es que tal política no ha logrado significativos avances en el ámbito nacional, pero por lo que a trabajadores de la salud se refiere, el concepto es ampliamente manejado y se le conoce como perfil profesional. Sin embargo el concepto se ha soslayado en los últimos años.
El problema impera en los dos aspectos más importantes de la salud: el área médica y el área administrativa, sobre todo en esta última. Es constante la ausencia de una carrera administrativa del personal de los servicios de salud en este sentido.
Y sin querer constituirnos de ningún modo como una tribuna de denuncia, reconocemos como necesidad irrebatible el hacer coincidir nuestras opiniones y demandas con la conciencia gubernamental en ciernes y "tenemos que decir lo que queremos que continúe, lo que debe corregirse y también lo que deseamos que desaparezca", para avanzar así en la elevación de la calidad de la convivencia democrática, porque es obligación moral registrar las demandas de los trabajadores al servicio del Estado, se oigan lo que dicen de sus condiciones de trabajo, lo que piden para su capacitación y lo que exigen para dar mayor atención a la ciudadanía.
Es inaceptable instalar en los puestos de confianza de las instituciones de salud a equipos completos de colaboradores que migran – no escalan –, de institución en institución, de puesto en puesto, sin tener el arraigo laboral o el perfil curricular por el solo hecho de ser "amigo" del gobernante o lo que es peor, "pariente" de él.
Con todo y eso, el fenómeno no es para asustarse, ni para lamentarnos y tampoco para condenar a nadie; éste es un hecho que viven muchas entidades descentralizadas de la Secretaría de Salud. Es más el mismo Hospital General de la Ciudad de México lo vivió, sólo que hace 63 años, y así nos lo relata el maestro Ignacio Chávez en muchos de sus escritos.
Y la solución que él aplicó en 1936 en aquel Hospital está vigente aún para la totalidad de las instituciones del mal llamado Sistema Nacional de Salud que sufre de este trastorno. La medida resulta difícil de aceptar por parte de la autoridad pero se debe afrontar, que dos son las grandes actividades humanísticas del Estado ante su pueblo: la educación en primer término, puesto que le da vigencia plena y continuidad a su estructura, y la salud, que proporciona bienestar y es garantía de capacitación para el trabajo y por ende para su crecimiento y desarrollo.
La salud, sin embargo, es la que presenta una imagen más patética, puesto que ante los ojos del mundo siempre es degradante la imagen de pueblos desnutridos, enfermos y sufrientes. No es posible el crecimiento meramente económico sin justicia social, y no puede haber justicia social si no lleva aparejado el concepto de salud para todos. Porque es la salud la fiel evidencia de la calidad de vida, y es compromiso ineludible del Estado perpetuarla, implicando desde luego la corresponsabilidad de la sociedad en la solución de sus carencias, y promoviendo nuevos esquemas para que haya más amplia participación, dando una respuesta eficaz en el otorgamiento transparente y equitativo de los servicios.
La medida correcta entonces está basada en un aspecto eminentemente académico: la aplicación del ya mencionado Servicio Civil de Carrera mediante la estructuración escalafonaria de los puestos de base y de confianza de los trabajadores de la salud por estricto orden curricular, por una parte, y por oposición de méritos por la otra, para luego en cascada nombrar de la misma manera a distintos colaboradores del nuevo Secretario de Salud, que ahora de nueva cuenta esperemos que sea médico, aunque ya dicen que el titular de la SEDENA no será militar, ¿será posible?, pero de eso hablaremos otro día aunque si quiere escríbame a indalex@quepasa.com.