Los mexicanos hemos dejado pasar muchas oportunidades de desarrollo en el pasado. Por fortuna la globalización y la revolución informática nos proveen nuevamente de una oportunidad de subirnos al tren del desarrollo. Las oportunidades que brinda esta revolución del conocimiento son tan buenas que los países pobres podrían estrechar la brecha que los separa de los desarrollados. Desgraciadamente también es muy posible que la brecha se haga más grande para los que no logren aprovechar las oportunidades de desarrollo. En México, el potencial de crecimiento es enorme y el régimen político ya no será un pretexto para no lograrlo, pero no debemos subestimar la inercia de muchos vicios y malas costumbres que hemos adquirido los mexicanos a lo largo de tantos años.
Es cierto que la abundancia y la riqueza no traen necesariamente felicidad, satisfacción y bienestar, pero la pobreza y los problemas que la acompañan sí son causa de infelicidad, insatisfacción y sufrimiento. Si queremos progresar, tendremos que cambiar nuestras creencias erróneas, formas de pensar y costumbres que nos alejan de la posibilidad de aprovechar las oportunidades de progreso; de seguir con las tendencias actuales parecería que los mexicanos no vamos a lograr hacer realidad el sueño del desarrollo.
Se maneja mucho la idea de que la globalización beneficia a los países ricos a costa de empobrecer aún más a los países pobres. Pero aquellos que han acogido con mayor entusiasmo este fenómeno, como Corea, Singapur y Taiwan, han progresado mucho más en los últimos años que los que lo hicieron tímidamente y, más aún, que los que se cierran a este proceso. En México, la mayoría afrontamos este fenómeno con mucho recelo como resultado de viejos resentimientos con los extranjeros, hacia Estados Unidos principalmente.
Estamos tomando lo peor de la globalización, hemos caído en el hábito del consumismo y nuestros valores se han vuelto superficiales. Utilizamos la tecnología más para el entretenimiento y para la presunción, que para el aprendizaje y el desarrollo personal. Aun quienes no tienen los recursos económicos suficientes para darse la gran vida, gustosamente adquieren los malos hábitos de quienes sí los tienen. Nos quejamos del capitalismo y de las industrias trasnacionales, pero consumimos gustosamente sus productos.
Durante muchos años se ha promocionado en México el odio hacia los empresarios, los ricos y en general hacia quienes tienen más que la mayoría. En las universidades públicas se les ha enseñado a los estudiantes más sobre cómo cambiar el sistema que sobre cómo tener éxito en el sistema económico actual. A los trabajadores se les ha enseñado que los patrones son sus enemigos naturales. Ha sido tal el éxito de difundir ideas en contra de la industria, el capital y la propiedad privada que muchos mexicanos están más dispuestos a seguir con entusiasmo a quien llama a destruir, bloquear y despojar, que a trabajar, construir y respetar.
Queramos o no, la globalización es un fenómeno que no podemos parar; estamos ya inmersos en este proceso que seguramente nos beneficiará más de lo que nos puede perjudicar. Debemos abandonar las ideologías infantiles que son más bien producto de antiguos resentimientos que de un análisis objetivo. Y aprender una nueva forma de relación más productiva entre mexicanos y extranjeros, entre trabajadores y patrones, y entre ciudadanos y gobierno. Va a ser difícil dejar de encontrar culpables de nuestra mala situación y empezar a hacernos cargo de nuestro desarrollo individual y colectivo.
Muchas personas piensan que un país debe ser rico en recursos para progresar económicamente, y si bien es cierto en algunos casos, también es cierto que algunos países han progresado a pesar de la carencia de recursos. En nuestro país, el norte árido es más rico y desarrollado que el sur, verde y lluvioso pero pobre y con pocas industrias. Países grandes en territorio como Rusia, China, Brasil, Argentina y México, que poseen gran variedad de recursos naturales no generan riqueza para la mayoría de sus ciudadanos, mientras que otros con un territorio pequeño como Suiza, Holanda y Dinamarca tienen una economía relativamente grande y más justa. Ahí está Japón, que tiene una economía casi tan grande como la de Estados Unidos y tiene mucho menos territorio y recursos que este último.
Los países que hoy dominan económicamente en el mundo han desarrollado exitosamente diferentes industrias. Unos pocos, como Estados Unidos son exitosos en casi todas las áreas de la industria, otros se han especializado en unas pocas áreas productivas e industrias en las que son líderes. Siempre están surgiendo nuevos campos en la industria que representan una oportunidad para crecer económicamente para quienes se atreven a incursionar en ellos desde un principio. Una vez que la nueva industria se afianza y desarrolla es muy difícil que nuevas empresas entren a competir con las que ya les llevan años de ventaja.
Los mexicanos no hemos entrado a competir en la industria del automóvil, ni en la de los aviones, ni en la de la maquinaria agrícola, ni en la de la electrónica, ni en la de la mayoría de las máquinas. En los años 50 se fabricaban en México cámaras para la nueva industria de la televisión, hoy ya no se fabrican porque fue el esfuerzo de un sólo hombre y la naciente industria murió con él. En los ochenta surgió la industria de los robots industriales y no le entramos, también surgió la industria de los programas para computadoras personales y tampoco le entramos. Las oportunidades se nos van, a pesar de que en México existe gente con talento, ingenio y mucha capacidad técnica. También hay gente con habilidad para los negocios, emprendedores y con mucha ambición pero con muy poco apoyo. El concepto de capital de riesgo es desconocido en México.
Por alguna razón en nuestro país estamos dejando pasar las oportunidades de entrar a los nuevos nichos de desarrollo. Tal vez sea un problema cultural propio de los mexicanos. Parece que no tenemos respeto por la obra de los demás: el plagio y la piratería es una práctica común y un folklore en nuestro país. Casi no se crean patentes en comparación con otros países. Quizá este ocurriendo que quienes tienen habilidad para hacer negocios no aprecien el talento de quienes poseen inventiva y capacidad técnica, y viceversa. Difícilmente una persona puede reunir en sí mismo todas las habilidades y el capital necesarios para incursionar exitosamente en un campo de la industria. Y si no adquirimos la capacidad para trabajar en equipo, para asociarnos y compartir las ganancias, difícilmente lograremos ser pioneros en alguna nueva industria.
Hoy en día en cualquier campo de la industria en el que queramos desarrollarnos el recurso más valioso es el conocimiento. Por fortuna las nuevas tecnologías han hecho que ahora sea más fácil que nunca acceder al conocimiento. El problema con México es que ni la tecnología informática ni el conocimiento han llegado a la mayoría de los mexicanos. Si no queremos seguir dejando escapar oportunidades de desarrollo, tendremos que hacer un gran esfuerzo por preparar a más mexicanos y abandonar las viejas creencias y costumbres que nos han mantenido en el atraso y el subdesarrollo.