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Necesidad contra Camiseta
Por
Isaac Ramírez
"¡Yo quiero ser astronauta, para poder llegar a la Luna!" Así, más o menos, iba una declaración que hacíamos un 90 por ciento de nosotros cuando éramos escuincles, lejos de darnos cuenta que, en lo que va de la historia, sólo un mexicano ha podido salir de la atmósfera terrestre, en una nave gringa, y con unos gringos. Pero... ¿siempre quiso Rodolfo Neri Vela ser astronauta? Es una pregunta difícil de asimilar, pero más de una vez me he imaginado una escena que, lejos de ser cómica, me da escalofríos: pensar al muchacho Rodolfo, pelearse con sus papas por que lo dejen entrar a la academia de baile y Jazz contemporáneo, con el argumento de que quiere ser un gran bailarín; el desenlace lo dejo a su imaginación.
Esta problemática no tiene nada de nueva; más de uno puede expresar su inconformidad acerca de una discusión muy lejana que tuvo hacia su padre, madre, tutor o quien ocupe el respectivo lugar de mandamás y sustentador de la familia, acerca de lo que uno debe estudiar y dedicarse el resto de tu tormentosa vida a una carrera que, dado las nulas habilidades que uno tiene para ella, no pasen más de tres semestres para que definitivamente "tires la toalla" y a continuación haya otra discusión – para variar – con tus sustentadores y termines siendo eso que tanto trataban de evitar tus padres que llegaras a ser, pero que no tiene nada de deshonroso salvo por la mala fama: chofer de taxi.
¿Qué debemos tomar en cuenta para elegir una carrera universitaria? La balanza, por difícil que parezca, se equilibra de una forma disparatada, mostrando al bando de los técnicos, o los "aseguradores del futuro", quienes nos acribillan con argumentos como, "estudia una carrera con futuro", "estudia esta, que te deja más dinero" o "salte de esa carrera para que no termines de maestro". Para ellos, su principal móvil es el dinero, o mejor dicho, mucho dinero. Ser ingeniero o licenciado, con coches del año, casas más grandes que el palacio municipal, hijos en escuelas de paga y cuantas bancarias con un uno, seguido de muchos ceros. Su defensa es que así se tiene el futuro asegurado y la capacidad de mantener una familia. Hasta aquí todo parece bonito, pero, veamos al bando de los rudos, o los que estudian "lo que más les gusta" y tienen frases como "esta es mi carrera", "aquí me desenvuelvo mejor" o "hago lo que más me gusta hacer". Tienen un buen comienzo en sus estudios, salvo la continua represión por parte de sus padres y compañeros para "alentarlo" a que se salga e ingrese a una de las carreras con las características antes mencionadas; ellos llevan una vida de estudios tan normal como cualquier otro estudiante, pero con una pequeña ventaja: la motivación de hacer lo que le gusta. Para muchos esto no parece influir en nada, excepto de que "las cosas que haces con gusto, las haces mejor" reza un viejo proverbio tradicional, enfocado hacia las personas que no quieren hacer las cosas, en nuestro caso, los que no quieren hacer lo que no les gusta.
¿Parece algo descabellado no hacer algo que no queremos hacer? ¿Acaso por "asegurar el futuro" vamos a pasar el resto de nuestros días en una profesión que nos desagrada? Por el simple hecho de que nuestros padres o tutores no hayan estudiado la carrera de sus sueños, por órdenes de nuestros abuelos o por desinformación suya, no quiere decir que nosotros no podamos estudiar en una escuela de payasos y mimos, en la universidad de tragafuegos o en, la ya tan choteada y reprimida carrera de estrella del rock nacional.
Tal parece que, en lugar de asegurarnos el futuro, no están asegurando la deserción.
© Panóptico, Isaac Ramírez
Noviembre 1, 2000
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