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Lo Difícil del Cambio
Por Alberto Carrillo

En los meses que siguieron a las elecciones del 2 de julio muchos mexicanos hemos entrado en una etapa en la que nos damos cuenta que el tan ansiado cambio no será tan fácil como creíamos ni llegará tan pronto como esperábamos y cada vez hay más dudas de que realmente se llegue a dar. Seguramente este proceso será saludable ya que es necesario que pongamos los pies sobre la tierra y dejemos de pensar en soluciones mágicas que transformarán este país en unos cuantos meses. Sin embargo si se generaliza una actitud hostil hacia el nuevo gobierno y de pesimismo hacia la posibilidad del cambio será más probable que el nuevo gobierno fracase en lograr el cambio que propone.

Vicente Fox se enfrenta a un público exigente que espera resultados visibles en el corto plazo, por un lado están quienes desean que cumpla con sus promesas de campaña y esperan verse beneficiados con los cambios que se realicen, y por el otro están quienes no concuerdan con sus promesas de campaña y esperan verlo fracasar en sus proyectos. De cualquier forma se le recriminará el que no cumpla con lo prometido. Fox se verá en el conflicto entre satisfacer las exigencias inmediatas de los diferentes sectores de la sociedad o lograr beneficios de largo plazo para el país a través de verdaderos cambios. Tendrá que elegir entre la popularidad que da el generar beneficios superficiales e inmediatos y el posible descontento ante la tardanza de los cambios verdaderos.

En los discursos de la toma de posesión y los eventos que siguen seguramente Vicente Fox invitará a todos los mexicanos a participar en el cambio, como lo hizo en la campaña electoral. Aunque pudiera parecer un simple acto de propaganda la participación ciudadana no es un asunto trivial. Décadas de gobiernos priístas han hecho de la apatía, la dependencia, la corrupción, el favoritismo, la baja productividad y la falta de calidad la cultura dominante en la sociedad mexicana. Si nuestro país ha de transformarse necesitaremos primero lograr cambios en nosotros mismos, cambios en nuestras costumbres, las formas en que nos relacionamos y hasta en nuestras formas de pensar.

Esperar que el nuevo gobierno por si sólo transforme al país es absurdo, sin la participación de la ciudadanía sería imposible. Son muchas las formas en que podemos participar en el cambio. Cumplir con la parte que le toca a cada uno no es sólo ponerse a trabajar duro, aunque buena parte de los problemas de este país provienen de que existe toda una cultura de trabajar lo menos posible. Mientras algunas personas cumplen en forma responsable y hasta obsesiva con su trabajo, otros simplemente aprovechan al máximo la tolerancia que existe en algunas instituciones principalmente del sector público para trabajar poco, faltar al trabajo o realizar otras actividades en las horas de trabajo. Esta tendencia se observa en todos los ámbitos de la sociedad, muchas familias se sostienen con el salario de uno sólo de sus miembros, a los jóvenes generalmente no se les exige trabajar y a veces ni siquiera cumplir con la obligación de estudiar. No es raro escuchar que alguien aspira a conseguir un trabajo en el gobierno, pues todos saben que aunque se gana poco se trabaja aún menos.

El nuevo gobierno afrontará el reto de convencer a quienes trabajan en el gobierno federal, en instituciones relacionadas y en empresas paraestatales de la necesidad de aumentar su productividad y la calidad del trabajo realizado pues la ineficiencia y la improductividad de la mayoría de los burócratas es legendaria. Para llevar a cabo todas las tareas que se pretenden realizar desde el gobierno será indispensable realizar un mejor esfuerzo por parte del ejército de empleados del gobierno, maestros, médicos, enfermeras, etc. Y lograrlo no será nada fácil pues la gran mayoría de estas personas de verdad creen que trabajan mucho, que hacen un favor al atender de mala gana a los usuarios de los servicios que otorgan y como les pagan poco creen que no se les puede exigir un mayor esfuerzo.

Otro reto para el nuevo gobierno será hacer que la gente cumpla con el pago de los impuestos. Pagar impuestos no es algo que se haga gustosamente, pero es necesario. La cultura de la evasión está tan difundida que es raro encontrar a alguien que cumpla con el pago de sus impuestos correctamente. Ahora que tendremos un gobierno elegido realmente en forma democrática ya no tendremos el pretexto de no querer mantener a un gobierno impuesto o para decir que "todo se lo roban". Los gobiernos priístas acabaron con la confianza de la gente y fueron muy ineficientes para incrementar los ingresos del gobierno por la vía de los impuestos, lo que desembocó en un déficit constante de las finanzas públicas. Debido a la baja captación será muy difícil que el nuevo gobierno cumpla con sus promesas de campaña si no cuenta con recursos nuevos para llevarlas a cabo.

Si queremos lograr un mayor desarrollo necesitaremos además de un gobierno eficiente y con finanzas sanas, que este se convierta en un verdadero promotor del desarrollo personal y de la libre empresa. Quizá las personas más valiosas para nuestro país en el proceso de lograr un mayor desarrollo económico sean los mexicanos emprendedores. La gente con la iniciativa y el coraje necesarios para arriesgar lo que poseen trabajando en busca de un mejor futuro. Al final de cuentas estas personas generan la riqueza de este país y son las que crean la mayor cantidad de empleos. No son pocos los que entran en esta categoría, basta ver a todos aquellos que abren un pequeño negocio, o se ponen a trabajar por su cuenta en la calle o en su casa.

El problema es que la gran mayoría de los pequeños negocios fracasan pronto, casi todos en menos de dos años. Además de la falta de recursos con los que se inician muchos negocios está la falta de preparación de quienes quieren ser empresarios. No basta ser valiente para tener éxito en el competido mundo de los negocios también se requiere contar con los recursos suficientes y sobre todo se requiere conocimiento. La falta de preparación, de capacidad para administrar, para vender y hasta para comprar, puede hacer de una nueva empresa un completo fracaso.

Un ejemplo claro de esto es el problema del campo, durante mucho tiempo existió la idea de que sólo se necesitaba dinero para sacar al campo de la pobreza. Sin embargo, grandes sumas se han invertido en el campo por parte del gobierno durante muchos años y los campesinos siguen en la misma situación. Si el nuevo gobierno se propone sacar al campo de la pobreza en que se encuentra tendrá que hacer un gran esfuerzo para convertir a los campesinos en empresarios del campo, para que ellos mismos logren salir adelante por su propio esfuerzo. Para lograr eso, además de acceso al financiamiento se necesitará preparación para la gente del campo. Se tendrá que olvidar de las políticas paternalistas de ayudas que cuestan mucho dinero y no solucionan el problema de la pobreza.

Cada cambio que se proponga realizar el nuevo gobierno afectará a algún sector de la sociedad y por ello enfrentará siempre el rechazo de algún grupo. Las numerosas agrupaciones y sindicatos que sirvieron para mantener en el poder a la vieja clase política, ahora se preparan para oponer resistencia a todos los cambios que signifiquen la perdida de poder o de privilegios para ellos. No son pocos los grupos que anteponen sus intereses particulares a los de México. El nuevo gobierno tendrá que elegir entre la parálisis que significa el no afectar los intereses corporativistas o afrontar el costo político de realizar los cambios que se han hecho necesarios desde hace muchos años. Si elige la primera opción el resultado será que no iniciará ningún cambio importante para el país, como le ocurrió al gobierno perredista del Distrito Federal, que no afrontó ninguno de los problemas importantes de la ciudad. Si elige la segunda seguramente se cometerán errores en el intento de lograr los cambios. El nuevo gabinete ya ha cometido errores aun antes de empezar a gobernar y no hay duda de que cometerá más errores durante el sexenio. Ese será el costo de intentarlo.

El cambio no será fácil; la sociedad y los diferentes grupos que la componen tendrán que ser convencidos de la necesidad y la conveniencia de cambiar las reglas del juego. El éxito de esta empresa dependerá en buena medida de la capacidad negociadora del nuevo gobierno y la buena disposición de sus contrapartes y de la sociedad en general. Un apostador inteligente tal vez apostaría a que México no será muy diferente de aquí a seis años más. Pero no hay duda de que México cambiará, porque de hecho el cambio ya se inició. Está cambiando el gobierno, están cambiando los partidos políticos, hay un nuevo ánimo en la sociedad, tenemos ante nosotros todo un mar de posibilidades de cambio.

Lo importante es en qué dirección cambiará México y decidir de qué lado vamos a trabajar cada uno, a favor del país o de intereses mezquinos.

© Panóptico, Alberto Carrillo
Diciembre 2, 2000