Hablemos ahora del ser político a propósito por supuesto de la vorágine sucedánea a las elecciones en cada entidad y que nos envuelve merced a tantos cuestionamientos de que son objeto los salientes apesadumbrados como los entrantes exultados.
No abordaremos directamente a lo que la política es, porque nos metería en un berenjenal dado que el conocimiento teórico de esta disciplina nos es ajeno como lo es también la fundamentación jurídica que nos confiere a los mexicanos el derecho a ser políticos. Si pretendiéramos encaminar nuestro análisis por esa vertiente con toda seguridad que desbarraríamos y la quemada que nos pusieran los enjundiosos que saben de eso sería mayúscula.
Mejor por eso hablaremos únicamente de lo que el político es o sea la forma de ser político. Mi diccionario dice que político es "el que se ocupa de los asuntos del Estado" que se trata de "una persona versada en las cosas del gobierno y el Estado", y como tales son definiciones conceptuales pues hemos de tomarlas en cuenta aunque no precisen bien a lo que nos queremos referir. Porque el ser político debiéramos mejor conceptualizarlo hacia "la forma de conducirse y de actuar", más que como "una actividad en la qué emplearse". Porque aquí es donde radica el sufrimiento de los priyistas (los priístas somos otros) que están a punto de dejar el poder. Porque ya no van a poder... mantenerse de eso.
Y es que esa es la diferencia entre las gentes que estarán llegando ahora al aparato administrativo estatal porque resulta que todos son pura gente productiva, unos muy ricos (inmensamente ricos quizá) y otros no muy ricos, pero eso sí, con sus empresas y actividades profesionales bien cimentadas.
Mientras que los que van saliendo se denotan sumamente asustados porque siempre han tenido la forma de vivir radicada en el brincolín de puesto en puesto, según el padrino político vaya migrando de institución en institución, de organismo en organismo, de una elección a otra; y no saben hacer nada más que eso.
Por supuesto por delante de todo, no saben trabajar, pues es de notarse que en los diversos puestos en los que se han desempeñado nunca han trascendido y la muestra – toda gran investigación requiere de una pequeña muestra – es que Tepic (y todo Nayarit como dice el corrido) hasta hace un año, era el mismo desde hacía más de 25 años debido a que sus funcionarios gubernamentales que había tenido nada habían hecho por la entidad.
Tenemos el caso (no diré ahora nombres porque no quiero herir a gentes priyistas que aun respeto y debo agradecer el que en algún momento me tendieran la mano y con las que me vinculé – por eso, por priísta – de algún modo, aunque después me hayan desvinculado) de un prominente político cuyos hijos y yernos lo han acompañado en todas sus migraciones y escaladas políticas, desde la sombra del "yo no hago nada", disfrutando las francachelas de las campañas sin comprometerse a nada y en el momento del triunfo por supuesto asomaban la cabeza para extender la mano a papi y pedir (casi exigir) al grupo su inclusión en algún favorable puesto desde donde seguir "echando la fiaca" y cobrar sin hacer nada efectivo, excepto firmar y sostener aburridos acuerdos sobre cosas en las que no saben nada y en las que por razón lógica tienen que delegar las decisiones en subalternos con experiencia en la actividad debido a que siempre por haber participado en el escalafón burocrático tienen la antigüedad (y el derecho) para manejar con buen pulso esa área.
Aunque también los hay politiquillos de segunda que lo son simplemente porque no poseen una manera digna de ganarse la vida y que se la han pasado de puestito en puestillo, haciéndola unos de guaruras, otros de achichincles y otros de chipocludos pero que no se han ocupado de hecho en ese accionar a establecer un compromiso personal con la sociedad, con el pueblo y muchas veces ni con el que los llevó a chambear.
Reconozcamos que los hay entre ellos algunos de singular valía y prosapia, preparados y acomedidos que se les conoce su buena disposición al trabajo desde mucho antes que alguna vez dijera el candidato que aspiraba a su función y que ahora que salgan podrán desempeñarse sin duda en sus diferentes actividades que les son afines a su profesión o su origen empresarial. Pero ciertamente hay muchos y dije muchos que el sólo pensar que tienen que trabajar les hace ponerse el cuero de gallina y viven desde ya ahorita un constante conflicto personal que deteriora su vida familiar.
Los muy allegados al jefe son los que menos problemas tienen. Seguramente el líder sabrá encaminarlos a otras esferas de los poderes estatales de otros parajes que bien vale la pena explorar por aquello de que de diciembre pa'lante es mejor vivir lejos que vivir sin el presupuesto.
Pero ¿los que no? los que tienen por ejemplo sus basesillas en secretarías federales u organismos estatales, y que fueron sacados de ahí por comisión o licencia y que tienen que regresar... o renunciar.
– ¿Trabajaaar? ¡Horror! – dice el burócrata
Ahora que los que llegan al parecer no tendrían esta vicisitud porque en su mayoría se supone que son ajenos a las circunstancias derivadas del partido oficial y todos toditos deben tener su modus vivendi proporcionados por ellos mismos. Lo malo sería que se contaminaran de las pulgas y bichos que dejen los que se van porque entonces, ¿para qué cambiar?... pero de eso hablaremos otro día aunque si quiere escríbame a indalex@quepasa.com.