Recado a la Mujer de CAIN
Por
Ignacio González–Angulo
Este es un homenaje cierta escultora nayarita y habla de la vida que se me fue.
Con ensoñado amor y oníricas vivencias más que nada subliminales originadas en la desesperación del no ser, recuerdo a una cainita que si ella me lee sabrá que le hablo al oído, quedo, en susurro, como si fuera el murmullo del viento.
Le quiero recordar a mi musa de entonces cuando nacimos casi juntos a la vida florida que nos ahogaba aquella vez en que la dorada y casi puritana década de los cincuenta agonizaba, y el rock and roll casi tan popular como los refrescos de cola.
Mi recuerdo nítido es que yo me revolvía contra el cambio de los tiempos mientras que ella se entregaba de lleno a una nueva manera de apreciar las cosas, y así como en los cincuenta el nuevo ritmo incitó a los jóvenes a una rebeldía sin causa aparente, cuando cambiaron su conservadora vestimenta por las chamarras de cuero y los peinados alborotados. Ella permitió que los "rebeldes sin causa" cambiaran su ideología, reaccionando en contra de los valores de la sociedad en que vivían y se volvió amante de la paz, cuando yo aún soñaba con John Wayne masacrando indios.
Luego Vietnam, la guerra mas larga de este siglo – 21 años – que se encontraba en su apogeo y los jóvenes, despreciaron tal atrocidad motivados por los himnos y cantos de protesta de muchos artistas que les incitaban a la paz, al amor, a las flores, y a las drogas, así como a la evasión de las reglas morales.
Todo ello arrojó el surgimiento del movimiento "hippie" y su canción representativa "San Francisco flores en tu cabeza". Yo llegué a verla hippie, renegué de su estilo, pretendí olvidarla y la relegué a lo más profundo de mi desprecio.
En 1967, año caracterizado por los viajes alucinantes por los senderos del LSD y otras drogas que fueron parte fundamental en la vida de las masas juveniles. Las repudié y las aborrecí aunque después tendría que estudiarlas. Fue 1967 año de cambios trascendentales, como la muerte de Ernesto Guevara de la Serna "El Che", que caía ante una implacable lluvia de metralla a manos de tropas bolivianas.
Para finales de los sesenta hubo dos grandes festivales en Monterrey también en el 67 ¡y en Woodstock en el 69! México no fue la excepción a la influencia de este movimiento, dado que se realizó en Avándaro, Estado de México, un festival de rock al aire libre. En México surgieron los hippietecas; finalizada la década de los sesenta el amor, la paz, y las flores se dejaron sentir paulatinamente, hubo más festivales de rock, pero no fueron lo mismo porque reinaba la violencia.
Vino el tlatelolcazo inexplicable e irredento, nunca perdonado. Los "cridenz", los "aironbuterflai" primero con su "inagada–da–vida" tan larga y tan bella (¿15 minutos y medio de tamborazos y bajones?). ¡Santana! ¡Oye como va... mi ritmo! ¡Vamos a goza... ¡mulaaaata!
Y no lograba olvidarla. Así finalizaba una maravillosa época, un pasaje mas en la historia del hombre, donde cambió el rumbo de la sociedad hacia la búsqueda de la plena libertad en todos los sentidos.
La vida siguió su rumbo. Conocí el medio amor, el amor completo y el desencanto. He conocido el reenamoramiento marital que fortalece y vincula más al compartir proyectos comunes surgidos precisamente del amor
La he conocido escultora y no logro zafarme de su recuerdo, ¿la soñé quizá escultural? Se debe quizá a mi ansia nunca colmada, menos lo lograré si me la encuentro disfrazada de Isadora Duncan envuelta en chales, bufandas o rebozos, y la imagino moviendo un torno modelando figuras con sus manos y sueño que amasa cuerpos enhiestos, exangües de tanto ser tallados, que luego vuelven a emerger con renovados bríos sildenafílicos y con eso ya me puse pasional... pero de eso hablaremos otro día. Aunque si quiere escríbame a indalex@quepasa.com.
Nota 1: Si deseas saber más sobre el autor consulta su página.
Nota 2: CAIN es la Comunidad de Artistas e Intelectuales de Nayarit
© Panóptico, Ignacio González–Angulo
Diciembre 2, 2000
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