Al elegir un negocio propio, hay que ser cuidadoso al elegir el ramo o giro. Muchas veces el fracasar o triunfar no depende tanto de tener una buena contabilidad, visión financiera o buen trato con los clientes, sino de elegir con cuidado entre las diferentes áreas de negocios que existen.
Medita bien el tipo de negocio que quieres poner. Si vas a poner un restaurante sólo porque te gusta comer o una tienda de animales porque te gustan las mascotas, es posible que te vaya mal. "Me encariñé tanto con los animales que vendía que cuando llegaba alguien a comprarlos le decía que ya estaban vendidos y, cuando vendía alguno, sufría pensando en qué iba a ser de él" comenta doña Juanita, de una tienda de animales en el mercado de Jamaica. No confundas una aptitud vocacional con una posibilidad de negocio.
No te confíes demasiado en las franquicias. Se ha desatado una fiebre, y aunque muchas son excelentes y otras son literalmente garantía de éxito, la mayoría no prosperan. Algunas lo más que ofrecen es un supuesto "plan de éxito" o consejos. "Gasté todos mis ahorros en esta franquicia de papelería y copias, y luego me di cuenta que podría haberla puesto, tal y como está, con la cuarta parte del dinero" dice el contador Luis Angel Bermúdez, que dejó su trabajo como contador para poner su papelería. También ten mucho cuidado al elegir una franquicia desconocida o con un giro culturalmente extraño.
Fabricar algo puede parecer sencillo, y a veces lo es. Lo difícil es venderlo. Si no te gusta vender, asóciate o contrata a quien sí le guste y tenga aptitudes. Mucha gente no inicia sus negocios porque no le gusta vender, y no se ponen a pensar que hay gente buena para vender pero que no lo hace porque no tienen artículos a la mano. Hay que reconocer las limitaciones propias para prosperar en el agresivo mundo de los negocios, así sean a nivel del estanquillo familiar.
Ten cuidado también con la distribución de tu producto. No sea que comprometas todo tu capital en su fabricación y luego no lo puedas mover a los puntos de venta. "Cuando por fin me entregaron los jabones naturistas que mandé a hacer, me di cuenta que no había pensado en como llevarlos a las tiendas. De plano, tuve que dar tantas vueltas llevándolos en transporte público, que ya me estaba volviendo loca" dice la señora Gloria Torres, harta de tener que dar hasta 20 vueltas al día de su casa a los puntos de venta.
No dejes tu trabajo para lanzarte a una arriesgada aventura empresarial. Piensa bien si tu nueva actividad es compatible con el mismo, y aunque siempre prohiben vender en las empresas, todo el mundo lo hace. Quizá ahí sea el mejor lugar para ver si tu actividad empresarial es realmente rentable. "Tuve la idea de hacer pasteles y venderlos a mis compañeras; me empezó a ir tan bien que de plano dejé el trabajo y ahora los vendo a pastelerías y tiendas pequeñas" dice la señorita Fernanda Gómez, que antes trabajaba como recepcionista.
Un negocio es fuente de grandes satisfacciones. El chiste está en encontrar algo que te gusta hacer, que deja dinero, que es práctico y que es necesario. Si lo encuentras, ¡felicidades!, y si no, pues siéntate nuevamente a pensar.