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¿Progreso o Estancamiento?
Por
Alberto Carrillo
Hay quienes sueñan con convertir a México en un país de primer mundo. El país, lamentablemente, está lejos de llegar a ser un país rico; si bien no es de los más pobres del mundo, pues a final de cuentas es la novena economía del mundo, no parece haber avances en la dirección deseada.
Somos un país de gente insatisfecha que no encuentra soluciones a sus problemas. Por eso millones de mexicanos han dejado este país para buscar un mejor nivel de vida en el vecino del norte. Más que a ser un país rico, deberíamos aspirar a mejorar el nivel de bienestar de la gente. Y en ninguno de esos sentidos hemos progresado mucho.
La percepción de bienestar tiene que ver con la cantidad y la calidad de los satisfactores con los que vive la gente. Parece existir una relación entre el mayor nivel de riqueza de una sociedad con la percepción de mayor bienestar en quienes la componen, aunque a partir de cierto nivel, la abundancia, parece ya no producir mayor bienestar. En las sociedades más ricas no sólo hay riqueza material, sino que generalmente se tienen más libertades, mejores sistemas de justicia, seguridad y mayores oportunidades de desarrollo que en las pobres. En México no sólo la distribución de la riqueza es desigual, también lo son la impartición de justicia, las oportunidades de empleo, educación, desarrollo, etc. Sólo la delincuencia, la corrupción y la inseguridad afectan a casi todos por igual. Aunque los ricos pueden hacerle frente con más herramientas.
El país no ha progresado en forma homogénea. La riqueza, los servicios y las oportunidades mejoran a mayor velocidad en donde se concentra la población más próspera, particularmente en las zonas medias y ricas de las ciudades. La percepción de progreso ha sido más clara entre quienes más tienen, pues el aumento de satisfactores se ha concentrado en ellos. Si le preguntaran a estos mexicanos qué si nuestro país ha progresado en las últimas décadas, probablemente muchos responderán sin pensarlo mucho que sí, que el progreso del país es evidente. Pues aunque las clases medias han perdido poder adquisitivo en cambio ahora tienen un mayor acceso a muchos bienes importados baratos. El consumismo obsesivo ha contribuido a aumentar la percepción de bienestar y a paliar la sensación de inseguridad y de deterioro de la sociedad.
Se puede ver que ahora más gente tiene televisor, refrigerador y aparatos electrónicos aunque en realidad eso sólo refleja el avance y abaratamiento de la tecnología – que por cierto, siempre es importada de otros países –. En las calles hay más automóviles nuevos cada día, pero eso se debe al aumento de la población en las ciudades, a que el transporte público es insuficiente y de baja calidad, y a que el tener automóvil es un símbolo de estatus para las clases medias y altas, aunque a veces sólo sirva para transitar en las avenidas a vuelta de rueda.
En ingreso per capita hay como 70 países que están por arriba de México, y aún así el presidente Fox presume por todo el mundo que somos la novena economía del mundo. Y mientras se luce que la economía del país crece casi todos los años – así lo dicen los indicadores económicos –, el poder adquisitivo de la mayoría de los mexicanos ha disminuido notablemente en las últimas décadas. Hace años la economía creció debido al auge petrolero, al derroche gubernamental y a un endeudamiento estratosférico. Hoy, después de veinte años de promesas y políticas de austeridad que sacrifican a las clases medias y bajas con el propósito de estabilizar la economía, estamos más endeudados, más pobres y hay menos oportunidades de salir adelante para la mayoría.
El gobierno dice mantener el desempleo controlado en forma mágica en niveles menores al 3 por ciento, pero cada año se crean mucho menos empleos de los que se necesitan – nada más en lo que va del sexenio se han perdido 500 mil empleos –, sin embargo, las supuestas cifras de desempleo apenas cambian. La gente busca trabajar en lo que puede, pues no hay suficientes empleos ni tampoco es fácil poner un negocio en regla, por eso cada día hay más puestos callejeros, taxis piratas y comerciantes ambulantes. El gobierno ha sido incapaz de crear opciones atractivas para integrarlos a la legalidad y lo peor es que con sus políticas fiscales sigue ahuyentando a quienes ya pagan impuestos, por lo que es fácil suponer que la economía informal seguirá creciendo y el gobierno cada vez captará menos impuestos.
En realidad no hay un solo renglón en el cual podamos presumir. México sufre los problemas derivados del subdesarrollo y del desarrollo desordenado, los cuales disminuyen el nivel de bienestar de su gente. La población aumenta y la demanda de vivienda supera con mucho a la oferta, aún así la industria de la construcción no crece porque la gente prefiere construir ella misma sus casas. En el campo de los servicios ha habido progresos pero a un costo altísimo. Cada día más gente tiene luz eléctrica pero la paga a un precio muy alto. Más gente tiene agua potable en su casa pero el desperdicio es enorme y el país se está quedando sin agua. Estamos financiando un supuesto desarrollo consumiendo nuestros recursos naturales.
En el terreno de la salud ha habido avances. En los últimos 50 años la esperanza de vida ha aumentado notablemente al igual que en casi todo el mundo, pero la atención en salud sigue siendo muy desigual entre nuestra población. Los servicios públicos cada vez son de peor calidad y mucha gente vive enferma por padecimientos que podrían evitarse.
En educación, se habla mucho de los logros en esta materia, de que la escolaridad promedio ha aumentado notablemente, del orgullo de nuestras universidades públicas, etc. Pero el nivel real de esa escolaridad ha disminuido en forma grotesca. Es cierto que cada día hay más gente profesionista o con maestría y hasta doctorado, pero muchos de ellos se convierten en desempleados, taxistas o en empleados con salarios cada vez más bajos. Durante décadas se ocultaron las evaluaciones a la educación por razones obvias y ahora el gobierno de Fox aún no es capaz de crear el tan cacareado Instituto Nacional de Evaluación.
En el terreno de la política ha habido mejoras, ahora hay elecciones limpias y hay alternancia de partidos en el poder. Pero la democratización ha beneficiado sólo a los partidos, que se han convertido en un negocio muy rentable mientras que el derroche de recursos para financiar esta democratización ha sido enorme. Los gobernantes y los legisladores carecen de representatividad y los cargos siguen en manos de gente con intereses contrarios o incompatibles a los de la ciudadanía, como ha sucedido siempre. Las opciones para la ciudadanía son votar por el candidato que parece menos malo. Quizá el mayor logro de la alternancia es que empieza a ser evidente que toda la clase política es un estorbo para el desarrollo de la nación.
¿Realmente estamos progresando? Aun si hubiera progreso material, éste no significará nada si cada día hay más fuentes de sufrimiento: un país inseguro, delincuencia sin límites; el narcotráfico, la violencia y las adicciones que avanzan; y un sistema de justicia corrupto.
Para colmo, frecuentemente se dice que todos tenemos la culpa de que el país esté así. Hay muchos culpables, pero si usted no es un gobernante, un legislador o un burócrata que haya contribuido a deteriorar el nivel del sistema educativo, del de salud o del de justicia; si no ha contribuido al desperdicio y destrucción de nuestros recursos naturales o al deterioro de su ambiente; si no es un delincuente y se gana la vida honestamente, seguramente puede dormir tranquilo. Quizás la única falla haya sido no exigir a las autoridades encargadas de todo esto el que cumplieran con su trabajo.
© Panóptico, Alberto Carrillo
Julio 31, 2002
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