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La Virtud de los Evasores de Impuestos
Por Santos Mercado Reyes

Para un Estado totalitario el peor crimen que pueda cometer un ciudadano no es robar la cartera del transeúnte, ni sustraer dinero del erario, ni quitarle la vida al vecino. Es no pagar impuestos.

En varios países no pagar impuestos se considera un delito de orden federal. Al Capone, el gángster que tenía asolados a los norteamericanos, se le podía perdonar que monopolizara la venta de alcohol, que extorsionara a quien no se sometía a su poder, el gobierno incluso se podía hacer de la vista gorda ante los ajusticiamientos frecuentes contra quien se atreviera a hacerle la competencia. Pero lo que no se le podía perdonar era que no pagara religiosamente sus impuestos. Por negligencia, por olvido o porque se quiso pasar de listo, ese fue el error que acabó con Capone.

En nuestro México, diputados, senadores, policía, Hacienda, Tesorería, etc., se lanzan en abierta persecución contra la economía informal bajo el pretexto de que no pagan impuestos. También clausuran negocios bien establecidos porque no tienen máquinas registradoras tal como las exige el fisco, o porque tal restaurante no cobró el 20 por ciento siendo que vende bebidas con más de 15 grados de alcohol, y también clausura los pequeños talleres montados en casas particulares, y pega tremendas corretizas contra los vendedores ambulantes quienes, por supuesto, no están registrados en Hacienda y por lo tanto no pagan impuestos.

Me he dado la tarea de estudiar algunos casos de la economía informal, la que no paga impuestos y he llegado a la conclusión que lejos de atacarlos se les debería dar una medalla de Héroes de la Nación.

Por ahora, déjeme mencionarle un caso. Es un querido amigo que trabajaba de burócrata en alguna oficina de gobierno. En uno de los cambios sexenales le tocó la de malas y perdió la chamba. Con cuatro hijos pequeños, la esposa, su madre y dos perros flacos que mantener decidió no buscar trabajo asalariado sino fabricar, por su cuenta, ositos de peluche. Se compró una máquina de coser, materia prima y, con jornadas agotadoras, empezó a abrir mercado: en los tianguis, puerta por puerta, en las esquinas y donde se le ocurriera vendía sus ositos de peluche. Como al año ya tenía dos empleadas y las ventas seguían, creciendo. Para no hacerle el cuento largo esta persona le dio estudios en escuelas privadas a todos sus hijos, se construyó una buena casa, ahora tiene siete trabajadores, está más diversificado y está pensando en abrir otro tipo de negocios, incluso le dan ganas de llevar su mercancía fuera del país. Durante los diez años que lleva de funcionar, sin registrarse, sin pagar impuestos ¿a quien ha perjudicado? A los trabajadores no, pues nunca les puso una pistola en la cabeza para que le trabajaran a fuerzas. Tampoco ha perjudicado a sus clientes pues todos se han ido gustosos con sus ositos de peluche. Compró cemento, arena y varilla para construir su casa y con eso creo una cadena de beneficios pues ganó la casa que vende material de construcción, los camioneros que transportaron la varilla, la siderúrgica que elaboró la varilla, los mineros que sacaron la ferrita, etc. Tampoco perjudicó a su familia pues ahora sus hijos, siguiendo el ejemplo del padre emprendedor están pensando en poner sus propias empresas lo cual va a generar beneficios para mucha gente. Sin embargo, desde el punto de vista del gobierno él, mi querido amigo, es un delincuente porque nunca se registró y por lo tanto no pagó impuestos al Estado. Hoy le quieren cobrar una cuenta millonaria o mandarlo tras las rejas varios años.

Sin la menor duda, de mi parte, lejos de pensar que mi amigo empresario es un delincuente, le daría dos medallas. Una por su heroísmo y la otra por no haber alimentado, con impuestos, a la burocracia gubernamental, que lejos de crear riqueza es experta en destruirla.


Nota del Editor. El autor es profesor e investigador en la Universidad Autónoma Metropolitana. Puede escribirle a santosmer@hotmail.com

© Panóptico, Santos Mercado-Reyes
Julio 31, 2002