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La Última y nos Vamos
Por José López

Don Chente, en esta, la última – última, última, última – edición de Panóptico, quisiera poder decir que me equivoqué con mi mordacidad, prejuicios y enojos. Sería fabuloso, pero es imposible. Cada día parece darme más la razón. ¿Qué pecado habremos cometido los mexicanos, para siempre tener gobiernos sinvergüenzas?

Mire, de haber sabido que todo iba a ser tan fácil, mejor hubiéramos apoyado su propuesta del IVA de 15 por ciento a alimentos y medicinas. Total, después de aprobada bastaría con afilar unos machetes contra el pavimento y agenciarse algunos gusarapos del Frente Popular de Delincuentes Francisco Villa y del Consejo General de Hundimiento de la UNAM para echar por tierra sus propuestas.

Pero no, ni usted ni nadie se ubica en México. Ahora ya andan diciendo, así, con cierto recato para que la mentira no haga erupción con tanta violencia, que gracias a sus buenas relaciones, usted consiguió... la visita del Papa a México. ¿Cómo ve? Un presidente que ni él se la cree ahora es capaz de influir en la agenda del Vaticano. Vaya que es internacional su influencia, don Chente. Tanto, que la visita también se extendió a Guatemala y Canadá.

Recuerdo, en una de las veces que vino a Estados Unidos – ¿cuántos viajes lleva?, pues logros con estos viajes ninguno – que un par de comentaristas de televisión – mexicana, claro, pues la de acá ni lo toma en cuenta – dijeron que, dado que prepararon una gran comilona para recibirlo, "el hecho de que los Bush se tomen tantas molestias habla de la importancia de la relación con México" asumiendo, los muy insensatos, que si acaso se recibiera a, supongamos, el primer ministro de Belice, se le darían de cenar hotdogs y refresco. Este ejemplo, y muchos otros más, hablan de que su desubicación, don Chente, no es sólo responsabilidad suya. Creo que hasta Colombo ha aumentado su influencia a últimas fechas más que México – mis queridos foxlupanos: han de saber que Colombo es la capital de Sri Lanka; no sea que se pongan a buscarla en Colombia –. Ahora quiere viajar a Canadá. ¿Por qué no a Guatemala? Queda más cerca y tampoco le harán el menor caso.

Es triste, pero hay que reconocerlo. De plano ya no logra convocar a nadie, fuera claro de los corifeos – y corifeas – que han conformado una corte más cerrada que la de Luis XIV. La vieja costumbre de hacer líderes de quien no podría guiar ni un triciclo, se supone que iba a cambiar. Claro, tantas cosas – y cosos – iban a cambiar... muchos suponían que este iba a ser un país nuevo.

Falta de ubicación, le dicen en mi tierra. No a usted en lo personal, sino a sus ansias echeverristas de convertirse en líder bananero del siglo XXI. ¿Ha notado que bajo perfil tienen los líderes suecos? ¿Cuándo escuchó una declaración del Primer Ministro de Singapur? Ahora bien, compare el estado de las cosas de México con esos dos países. ¿Ve a lo que me refiero? Usted de verdad cree que verlo a toda hora aumenta su popularidad, pero no. El efecto es el contrario. Produce desgano y, aunque le resulte increíble, aversión. A estas alturas, ya es imposible no aventarle cosas a la televisión cuando sale usted con su "novena economía del mundo".

He visto sus anuncios de "el cambio ya nadie lo para". Hablan de muchos logros, como el aumento en la matrícula escolar – de la misma magnitud que el normalmente presente cada año –, y de tantas vacunas aplicadas – el número que se esperaba, nada espectacular –. O el que ahora ya no se discrimina en el sector salud – como si antes se hiciera –. Cuando dice que los logros no tienen precedentes, no sé a qué país se refiera. Sin embargo, en un arranque de insólita modestia, admite que hay mucho por hacer, pero – dice usted, con la mirada mesiánica y el sonsonete de siempre – que en México el cambio ya nadie lo para. Pues eso está por verse, porque a la fecha, el más empeñado en parar al cambio es usted. Y conste que concedo eso del cambio – en realidad no ha habido tal –, pero con sus logros y acciones, lo único que ha conseguido es fortalecer al PRI, al partido jurásico que supuestamente estaba muerto después del 2 de julio pero al cual usted, convertido en un doctor Frankenstein, ha vuelto a dar vida. Ya verá los resultados de las próximas elecciones federales. Ni la visita del Santo Padre logrará revertir los resultados anticipados hasta por el analista más descerebrado. Se va a sorprender. Yo no.

Empeñado en la necedad de presentar las derrotas como victorias, se comporta usted con el mismo patrón priísta que tanto decía detestar. Lo de Atenco es un revés que sólo el tiempo dirá en cuántas guerrillas, huelgas universitarias y conflictos va a derivar. Usted sigue confiadísimo en su capacidad de maniobra, en que los mentecatos que tiene como secretarios de estado y cómplices no son tales, y sobre todo, asume erróneamente que México es como Monte Casino – Monte Casino, mis estimados foxlupanos, es una abadía destruida y reconstruida cuatro veces, ubicada en el Lacio, Italia, para que no me la anden buscando en Las Vegas – y que podrá salir avante de la tempestad que usted siembra con ahínco desde su primer día de gobierno. No por mala intención, sino por inacción y por creer que realmente alguna fuerza sobrenatural puede aminorar lo producido por la falta de talento y la incapacidad.

Pero bueno, ya no habrá Panóptico para poder decirle esto. Supe de buena fuente que mis comentarios cayeron bastante mal a algunos de los esbirros que lo rodean. Realmente no era mi intención. Como al parecer tampoco es la de usted ni la de ellos hacer algo por este pobre país.

© Panóptico, José López
Julio 31, 2002