Este año ha sido especialmente lluvioso; no recuerdo uno más que este. Desde la llegada del monzón, no ha dejado de llover. Cada día llueve entre 20 y 22 horas. Muchas aldeas cercanas se han inundado. La mía no, porque está en alto y el agua sólo pasa a su alrededor, formando arroyos furiosos. Tanta lluvia ha alterado la vida de toda la región. Los caminos están peor que nunca, han habido muchos deslaves y los moscos no lo dejan a uno en paz.
Junto con la lluvia, también han llegado elefantes cerca de la aldea. Desde que era pequeño, no se habían visto por aquí. La pequeña manada, de seis miembros, nos obligó a comprar petardos para alejarla. No se preocupen, que nadie los lastimará. Los petardos sólo sirven para espantarlos y evitar que se metan en los arrozales o en la aldea. La gente que no vive por aquí cree que los elefantes son muy tranquilos y pacíficos, pero en realidad son animales peligrosos. Hace dos años, en una aldea cercana, un par de ellos atacó una casa. Yo pude verla al día siguiente del ataque y por la forma en que fue destruida, parecía haber sido construida con lápices en vez de troncos gruesos. La manada, además, tiene una cría y eso aumenta las posibilidades de un ataque. También sería un problema si llega a meterse a los arrozales. Si de por sí parte de la cosecha se perdió por una granizada hace tres semanas, los elefantes nos dejarían casi sin alimento.
Aunque ahora hay demasiada, a mí me gusta la lluvia, pues sirve para pensar. Pongan atención a su ruido, y verán cómo se relajan y empiezan a idear cosas nuevas, y eso sin contar lo bien que empieza a oler el campo. Cuando escampa un poco, tratamos de jugar futbol, aunque no dura mucho el gusto pues pronto vuelve a llover. Como los campos de arroz están anegados, las serpientes salen de ellos y suben hasta la aldea, así que nos obligan a estar dentro de las casas. Nosotros conservamos a casi todas nuestras serpientes, ya que son la mejor forma de evitar que las ratas acaben con las cosechas. Las cobras no son muy peligrosas, pero las víboras de Russell 1 sí han causado accidentes, así que esas sí las matamos. Bueno, las matan, pues yo tengo prohibido acercarme a las serpientes y al arrozal mientras las lluvias sigan siendo así de intensas. Así que en cuanto empieza a llover, nos llaman para meternos en las casas.
Entonces sin futbol y sin más diversiones, todavía hay una opción para no aburrirse, y es ir con los ancianos a escuchar historias. A ellos les gusta contarlas, y a mis amigos y a mí escucharlas. Las que más me gustan son las que cuenta el abuelito de U Akami. En realidad no es su abuelito, pues U Akami vino de Myanmar. En ese país sus padres murieron, y él llegó a mi país debido a las persecuciones que se realizan contra los karen en Myanmar, las cuales son frecuentes. No sé si están enterados, pero hace poco mi país y Myanmar casi entran en guerra por un conflicto así 2 . U Akami no es karen, pero peleó junto con ellos y por eso tuvo que huir. Él llegó a Ban Pang Rai a recoger arroz hace dos años, y cuando se dieron cuenta que era huérfano, lo adoptaron. A los habitantes de Myanmar no se les debe llamar por su nombre sin anteceder un título: si es hombre, U 3 ; si es mujer, Daw; si es niño, Maung; y si es niña, Ma. U Akami tiene 14 años y ustedes podrán pensar que entonces debería ser Maung Akami, pero como él estuvo en la guerra ya es un adulto, y así se le trata.
Bueno, pues era una tarde más lluviosa que de costumbre, y fuimos a oír historias a casa de U Akami. Ahí he escuchado muchas, pero a esta le puse mucha atención, para poderla compartir con ustedes. Es una leyenda Karen, llamada 'El Hada del Arroz'.
Hace tiempo, había dos huérfanos, un hermano y una hermana. Sus padres les habían dejado muy poco dinero antes de morir, y eran tan pobres, que lo poco que podían conseguir en una mañana tenían que comerlo esa misma mañana, y lo que conseguían en la tarde, lo comían esa misma tarde. Y así se iban sus días. Entonces, llegó una hambruna a la aldea donde vivían y el arroz escaseó, por lo que la gente tenía que ir a otras aldeas a buscarlo. La hermana dijo al hermano, quien era un poco mayor "por favor acompaña a nuestros vecinos y compra algo de arroz, hermanito".
Pero el hermano dijo "pero sólo tenemos pocos annas 4 y con eso no podré comprar casi nada. Mejor esperemos a morir de hambre, hermanita".
Ella dijo "no, hermanito, no digas eso. Haber nacido no es cualquier cosa. Llegar a este mundo ya es un logro. Las madres llevan por nueve meses al bebé en su vientre y luego lo crían, arrullan y alimentan por varios años. La vida que es tan difícil conseguir no debe desperdiciarse así nada más. Imagina que sólo puedes comprar unos granos de arroz. Eso será la diferencia de vivir, en vez de hasta en la tarde, hasta en la noche. Y si los comemos de noche, quizá vivamos hasta la mañana siguiente. Anda, ve querido hermano, por favor."
Al escuchar a su hermanita, el hermano decidió ir. Como era huérfano, sin embargo, no se le permitió viajar con el grupo de aldeanos, pues existía la creencia de que los huérfanos atraían mala suerte. Así que sólo se le permitió seguir de lejos al grupo, manteniéndose a la vista. Llegaron a una aldea vecina y compraron arroz, tanto, que algunos iban hasta doblados bajo el enorme peso. El huérfano apenas pudo comprar un puñado, que empaquetó y colocó bajo su turbante. Y el grupo inició el regreso.
Iban por el camino cuando vieron una viejecita, atorada en una enredadera. A cada uno de los que pasaba por su lado les decía "libérenme, libérenme por favor", y nadie le hizo caso.
Cuando el huérfano llegó a donde estaba la anciana, ella también le dijo "libérame por favor".
El huérfano pensó "si gasto mis energías en liberarla, quizá no pueda regresar a la aldea. Pero si ya voy a morir, qué mejor que hacer algo de bien". Y entonces liberó a la anciana.
Tan pronto estuvo liberada, saltó desde la selva y comenzó a dar vueltas alrededor del huérfano, danzando en círculos, con una agilidad sorprendente. Luego se dirigió al niño y le dijo "vámonos rápido, nietecito, porque abuelita tiene mucha hambre. Vamos rápido".
El huérfano se fue, pensando que al llegar a la aldea, la anciana estaría muy desilusionada al ver el poco arroz que había para comer.
Su hermanita lo vio venir por el camino, caminando junto a la anciana. Ella pensó "cómo es que mi hermanito fue a comprar tan poco arroz, y encima se le ocurre invitar a una extraña a comer". El huérfano notó la molestia en la cara de su hermana y se adelantó diciendo: "hermanita, cuando nuestros padres vivían jamás rehusaron ayudar a los extraños. El poco dinero que nos dejaron era suyo. Esta casa era suya. No debemos quebrantar sus costumbres en su misma casa. Si de cualquier modo vamos a morir, hagámoslo honrando a nuestros padres".
Su hermanita, no teniendo nada que decir, se limitó a poner el puñado de arroz en el mortero, golpeándolo para quitarle la cáscara. Mientras ella hacía eso, la anciana no cesaba de decirle "rápido, nietecita, rápido. Abuelita tiene mucha, muchísima hambre".
Finalmente, el arroz quedó limpio, y la hermanita iba a ponerlo a hervir cuando la anciana le dijo "sólo debes cocinar siete granos". La niña contestó "puedo cocinar un perol completo de arroz, pero no sé como hacerlo con sólo siete granos".
La anciana se molestó y su cara se puso roja. Ella dijo "¿por qué hablas tanto? Haz lo que tus mayores te han indicado".
La niña, asustada, contó y puso sólo siete granos en la olla. Entonces la anciana se acercó a la olla y dobló sus dedos sobre ella, y en cada ocasión, un montón de arroz cayó en la olla. Cuando ésta estuvo llena, se detuvo. Entonces los niños comprendieron que esta no era una simple viejecita, sino un hada, y que quizá los ayudara a superar su pobreza.
La noticia corrió por la aldea y, al día siguiente, todos sabían que la anciana del camino, a quien nadie quiso soltar de la enredadera, era un hada. Casi todos se molestaron, pues sabían que ahora ayudaba a los huérfanos. Decían "nosotros la vimos primero, y deberíamos tenerla. ¿Por qué tiene que favorecer a esos huérfanos? Más y más pensaban sobre eso, más y más se enojaban, hasta que decidieron llevarse al hada por la fuerza. Pero cuando llegaron a la casa de los huérfanos, el hada los confrontó.
"Ustedes me vieron primero, es cierto, pero no hicieron nada por mí, tal y como se los pedía. Yo pertenezco a este niño, quien me liberó". Como ella tenía poderes sobrenaturales, no se atrevieron a más, y tuvieron que volverse con las manos vacías. Pero cada minuto que pasaba estaban más y más enojados.
El hada hizo durar el arroz por todo el tiempo de escasez. Cuando llegó el tiempo de sembrar, el hada le dijo al niño. "Nietecito, ve y limpia cuatro montañas de árboles y hierbas".
El niño replicó "pero es imposible, es un trabajo muy duro, y yo no tengo tanta fuerza como para limpiar siete montañas".
El hada se enfureció y dijo "¿por qué hablas tanto? Haz lo que tus mayores te han indicado". El niño se atemorizó, y corrió a comenzar lo que el hada le había indicado. Llevaba una hora trabajando, y no había sino abierto un pequeño claro. "Me llevará todo un año hacer esto", pensó.
El hada lo llamó y le dijo "tu hacha no es buena, prueba la mía". El niño la tomó y pensó que sería peor usar esa hacha vieja, pero no se atrevió a replicar. Se acercó a un nudoso y fuerte árbol, de una madera tan dura que mellaba el mejor metal, y dio varios hachazos. El pensaba que apenas habría cedido la corteza, cuando el árbol cayó completo al piso.
El niño estaba sorprendido y feliz "si esta hacha conserva su filo, la tarea no será tan difícil". Antes del anochecer, había limpiado las siete montañas.
Al regresar a la casa, el hada le preguntó "te gustó cortar con mi hacha". El niño dijo "claro, ¡claro abuelita!, me gustó mucho". Sin embargo, para sus adentros pensaba "ahora hay que sembrar el terreno, y no tengo idea cómo podré lograrlo". Pero no se atrevió a formular la pregunta en voz alta, porque temía que el hada lo regañara de nuevo.
Por fin llegó el tiempo de sembrar. El hada estaba feliz, muy contenta y excitada. Danzaba y agitaba las manos. Entonces, el arroz para sembrar comenzó a brotar de sus dedos y su vestido. Era mucho, mucho arroz. Salió volando directo al terreno donde se plantó a sí mismo. De inmediato comenzó a crecer, y las plantas llegaron a ser más altas que el niño. En la punta de cada una, había un penacho lleno de grano. Al ver tanto, el niño dudó sobre qué tendría que hacer para cosechar tal cantidad de arroz, pero no se atrevió, de nuevo, a expresar sus dudas en voz alta.
Mientras tanto, los vecinos veían el arroz de los huérfanos madurar. Su enojo iba en aumento, hasta que ya no podían más. Entonces incitaron a la gente de varias aldeas y tribus a ir a robar el arroz. Una noche entraron al campo, y comenzaron a cosecharlo rápidamente. Lo poco que no pudieron robar, lo destruyeron. A la mañana siguiente, no quedaba nada.
Al ver sus campos destruidos, el huérfano se sintió tan descorazonado, que se golpeó el pecho. Siguió la pista de esas personas, pero no pudo dar con ellas. Sólo encontró siete vainas que habían tirado; las recogió y fue con el hada, diciendo "abuelita, nos robaron nuestro arroz".
Ella preguntó "¿no quedó nada?"
Sólo estas siete vainas, respondió el niño.
El hada le dijo entonces que construyera siete graneros. Cada lado de cada granero tenía que extenderse hasta donde alcanzara la vista. No se atrevió a preguntar nada, y construyó los edificios. Siguiendo sus instrucciones, no puso techo a ninguno.
Cuando terminó, el hada le dijo que pusiera una vaina de arroz en cada granero. Entonces empezó a danzar en una vaina, cantando:
"Hada del arroz, hada del arroz, moverse sin cesar,
dispersar estos granos de arroz hay que hacer,
regresarán desde la boca del caballo,
granos rotos se volverán sonido,
desde las manos de los ladrones regresaran.
Hada del arroz, hada del arroz, moverse sin parar".
Cantó, bailó y movió las manos. Cuando el arroz robado escuchó el llamado, salió volando desde todos los lugares donde había sido escondido, y cayó como lluvia en el granero.
Cuando un granero estaba lleno, el hada iba a bailar a otro, y ocurría lo mismo. Así fue, hasta que los siete graneros estuvieron llenos.
La gente enloqueció de furia al ver que los huérfanos habían recuperado su arroz. "Ibamos a destruirles su cosecha, y finalmente terminamos cosechándoselas por nada". Pensando así, llegaron a la conclusión que iban a robar el arroz de los graneros. Pero antes de la puesta de sol, el hada le dijo al niño que cortara varios garrotes e hiciera varias cuerdas. Los dejó al pie de cada granero, y dijo "cuerdas, amarren; garrotes, golpeen" y regresó a la casa a dormir.
Cuando los vecinos alcanzaron los graneros, las cuerdas cayeron sobre ellos y ataron a cada uno a un árbol. Luego los garrotes comenzaron a golpearlos con gran fuerza, como si fueran pescados secos. Suplicaron piedad, pero los garrotes no tenían oídos, y no pudieron escucharlos.
En la mañana, el huérfano vio el bosque lleno de gente postrada. Cuando la gente lo vio, suplicó con lágrimas que detuviera a los garrotes. El hada los hizo jurar solemnemente que, mientras el sol y la luna existieran, no robarían nada al huérfano. Ellos juraron y entonces los bastones se detuvieron y las cuerdas se aflojaron.
Ahora que los huérfanos tenían recursos para mantenerse, el hada les dijo que tenía que regresar al cielo a atender su casa, pues los gallos habían anidado en el techo. Cuando ella se fue, el niño vendió el arroz y se hizo muy rico y poderoso. Nunca vio al hada del arroz de nuevo.
* * *
Fue una tarde inolvidable. Ese cuento es muy infantil y como me lo contaban desde que era pequeño, no me canso de escucharlo. Por eso, recuerdo con mucho cariño esa y muchas otras tardes que pasamos escuchando a nuestros ancianos y sus historias. Historias que no voy a olvidar, e iré escribiendo poco a poco, como hice con esta. Esta ha sido mi tarea, en todas estas tardes lluviosas que nos ha regalado en monzón.
Luz de Tailandia
Tengo muchos amigos, y a todos los aprecio por igual. Entre ellos, están los de este sitio, que ya no funcionará más. Fue bueno y divertido escribir aquí, y sé que seguiré siendo amigo de todos ellos. Me hubiera gustado seguir compartiendo con todos mis historias, pero cada quien tiene que seguir su camino. La amistad que aquí nació no se va a romper nunca, no importa cuánto tiempo pase. En mi país, a veces, se aparecen personas buenas, que hacen algo por nosotros, como este sitio lo hizo por mí y por mi aldea. Junto con todos los que hacen lo mismo, son parte de la luz que ilumina Tailandia.
Nota del Editor:
El autor tiene 11 años.
1 Vipera russelli
2 El autor debe referirse al problema de principios de junio de 2002, cuando se agudizó el conflicto de Myanmar con las tribus karen de Tailandia, debido al ataque de un autobús escolar, que dejó como saldo dos adolescentes muertos. Aunque la guerra jamás fue una posibilidad, las tensiones entre ambos países escalaron durante algunos días.
3 Recuérdese el caso de U Thant, diplomático burmés y Secretario General de la Organización de Naciones Unidas de 1961 a 1971.
4 Fracción de la rupia burmesa, en desuso. La rupia fue sustituida por el kyat.