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Evaluación del Segundo Año
De Gerardo Ochoa

Estimados lectores,

Como proyecto, Panóptico nació a principios del año 2000. La idea venía dando vueltas en la cabeza de muchos, y no fue sino a fines de mayo que comenzó a tomar forma. Se acercaban momentos importantes para México y los grandes medios de comunicación parecían estar olvidando a los pequeños actores sociales, quienes al final son los más importantes: el vendedor, el ama de casa, el estudiante y muchos otros que, en su conjunto, reciben el aséptico y distante nombre de sociedad.

El 5 de junio de 2000 comenzó a funcionar el sitio, gracias al apoyo de varias personas, y una en particular. La acogida fue calurosa y fría. Calurosa por las personas más comprometidas con un México nuevo, y muy fría por quienes se encontraban felices anclados a un sistema que se caía de viejo y disfuncional.

Al cabo del tiempo, comenzaron a aparecer nuevos colaboradores. La diversidad se apoderó del sitio. Siempre se mantuvo, como línea central, la libertad de expresión, pero dentro de algunos cauces. Porque nos interesaba más la proposición que la simple diatriba sin sentido.

Así, Panóptico siempre fue el sitio para alentar la responsabilidad individual y comunitaria. No nos interesaba la promoción de sistemas totalitarios disfrazados de justicia social, y menos de agendas intolerantes de corte religioso. Los textos de algunos de nuestros colaboradores, si bien indudablemente extremistas, siempre estuvieron enfocados a eso: desarrollar una cultura de responsabilidad de la persona y del pequeño grupo.

Las metas eran ambiciosas, pero no imposibles. El talento comenzó a llegar. Hubo de todo. Desde colaboradores de una sola vez, ocasionales, y regulares. Estos últimos fueron definiendo la corriente ideológica del sitio.

Al final del primer año, las metas estaban cumplidas. Deben saber que Panóptico era un piloto de un proyecto editorial impreso. Al final de ese año, ese proyecto se había hecho imposible. Panóptico permitió descubrir que aunque en México se critica a la prensa, la gente tiene necesidad de leer plumas reconocidas, así las critique o deteste. Y el proyecto jamás alentó esa clase de participaciones por dos motivos: trataba de evaluar la viabilidad de un proyecto impreso, y no quería ser una copia al carbón de todos los demás medios que deben su viabilidad a la inclusión de un reducido número de plumas directrices, siempre las mismas.

En ciertos momentos se pensó en esa posibilidad, es decir, en importar el modelo clásico y dar lugar al conocido editorialista. Afortunadamente, jamás se llegó a esa decisión. El resultado final hubiera sido una revista más, un producto anónimo sin personalidad, como hay tantos. Y eso hubiera sido una pérdida. A Panóptico se le odiaba o amaba, pero rara vez generaba indiferencia.

A todos los involucrados nos sorprendió la afluencia de colaboradores extranjeros y la ausencia de nacionales. Fuera de las plumas de Eduardo Liceaga y sus brillantes enfoques; Alberto Carrillo con sus análisis exhaustivos; Santos Mercado y sus propuestas insólitas; Gonzalo Rosado, siempre atento a la opinión pública; José López y su implacable ironía; el imbatible patriotismo de Ari Bras, el análisis rigorista y riguroso de César Flores Mancilla, y el retrato de costumbres de Ignacio González Angulo, así como otros colaboradores ocasionales, los mexicanos no se sintieron tentados a intentar publicar.

Los extranjeros regulares fueron pocos, pero consistentes. El más destacado fue el estadounidense Carlo DiMattia. Sin duda, sus propuestas draconianas y sus enfoques severos, lo volvieron uno de los colaboradores más polémicos del sitio. El neozelandés residente en Australia Ryan Feldman, con quien tengo una deuda por no haber publicado uno de sus artículos, siempre se presentó con el rigor de quien conoce bien sobre lo que habla y escribe. Jeffrey Andrews y Pakhdi Kuyyakanond, estadounidense el primero y tailandés el segundo, fueron nuestros más jóvenes pero no por eso menos apreciados autores. La mayor cantidad de cartas recibidas en el sitio correspondieron a Carlitos, de Andrews. Los artículos más populares de los últimos meses fueron escritos por el talentoso jovencito de Tailandia quien, con su visión optimista y fresca, nos permitió compartir su vida, sobre todo con Mi Aldea en Tailandia, cuando nos llevó a un viaje virtual a su pequeño mundo en el corazón de las selvas del sureste asiático.

Algunos artículos dejaron huella. El reporte sobre el toreo, de la redacción en colaboración con The New Star Magazine, fue la fuente de más ataques contra el sitio. Escuelas en Camboya se convirtió también en la manzana de la discordia. La entrevista a Christian Domenici provocó la más consistente y duradera lluvia de amenazas al proyecto. Amenazas que, naturalmente, ignoramos. Cine, sólo para la Elite, fue un artículo que encontramos citado en varios otros sitios, por haber abordado una cuestión que nadie parecía haber tomado en cuenta. El reportaje México y el Ántrax provocó muchos problemas porque tiró, con todo y los modestos alcances tanto del texto como de nuestro sitio, el paradigma de la preparación frente a un ataque biológico. Burocracia, Crisis y Agua y El Agua, Esencia de la Vida mostraron la desgarradora imagen de un México que se está secando. El Precio de la Dignidad, de Carlo DiMattia, es quizá una de los más patentes símbolos de la singularidad de Panóptico. Reclamos e insultos llegaron en tropel después de la publicación de Una Boda y Un Funeral.

Un gran malestar produjo el artículo ¿Qué Futuro Queremos para la UNAM?, por su crítica al modelo de universidad pública, así como El Modelo Educativo Cubano, por hacer lo propio con el considerado paradigma de progreso social en América Latina.

Las monografías de envenenamientos en mascotas fueron muy apreciadas, y es una pena que hayamos decidido publicarlas hasta ahora. Fueron pensadas para servir como una guía didáctica para dueños de animales y también para veterinarios poco familiarizados con algunos tóxicos.

Hubo entrevistas de buen nivel, tanto a políticos como Carlos Medina Plascencia, Martí Batres y hasta, en el ámbito artístico, al grupo Uff y Rafael Bazán, aunque con un enfoque no similar al de otros medios, pues como ya quedó claro, Panóptico no se guió jamás por patrones establecidos.

Dentro de esta ausencia total de reverencia a las normas, hay un aspecto que hasta hoy decido presentar a ustedes, nuestros lectores. La corta edad, mas no cortedad, de algunos de nuestros colaboradores. En ocasiones se me sugirió que pusiera la edad de algunos de ellos, pero me pareció imprudente. Se hubiera prestado, en el mejor de los casos, a que se leyeran con condescendencia sus colaboraciones, lo cual hubiera sido injusto en cualquier sentido. Sólo en el caso de Andrews y Kuyyakanond, de 10 y 11 años respectivamente, decidí hacerlo, por la calidad excepcional de sus escritos. Pero hoy mismo pueden enterarse de que, actualmente, Claudia Rojas tiene 15 años, José López 17, Carlo DiMattia 16, Gonzalo Rosado 18, Ari Bras 18 y Ryan Feldman 15. Quien dijo que la verdadera fuerza para un mundo mejor se encuentra en los jóvenes, no se equivocó.

Panóptico ha cumplido su ciclo, y ha de cerrar en unos días más. Los archivos se trasladarán el cinco de junio a un servidor gratuito, que pronto anunciaremos, para servir como archivo histórico. El cierre quizá no sea definitivo, pero es casi seguro que sí. Los intereses de quienes hacemos el sitio se han visto comprometidos por cambios de horizontes personales y profesionales. Esperamos haberles sido de alguna utilidad, y perdonen cualquier mal rato que hayan pasado en estas páginas, hechas todas pensando en ustedes y, como es válido enfatizar, en función de promover la responsabilidad individual y colectiva como eje fundamental de progreso y convivencia.

© Panóptico
Junio 1, 2002