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Apéndice 4: Academia y Ciencia para Matar
Por Redacción/Panóptico en colaboración con The NewStar Magazine

Las Escuelas de Toreo

Aunque el toreo era tradicionalmente un espectáculo reservado para toreros adultos, con cada vez mayor frecuencia se sabe de toreros menores de edad. Destaca el caso de Julián López Escobar "El Juli," llamado prodigio por aquellos que gustan presenciar la sangrienta tortura del toro. Ahora, en España, niños casi siempre pobres, atraídos por el prestigio y dinero fáciles, son enrolados, desde los ocho años en escuelas de toreo. Entre las diferentes actividades que realizan en esos lugares, visitan con regularidad rastros para practicar sus técnicas con la daga y la espada. Todas estas escuelas cuentan, en mayor o menor grado, con subsidios aportados por los contribuyentes.

La Ciencia al Servicio de la Carniceria

La llamada Fundación de Estudios Taurinos recibe importantes ayudas de instituciones públicas, es decir, dinero de los contribuyentes, para sufragar los gastos de estudios sui generis. (ABC, 23 de marzo de 1990). Un equipo de veterinarios se dedica ahí a utilizar sus conocimientos para crear nuevos instrumentos de tortura, y además acceden a que sus estudios sean examinados, y aprobados o no, por cuadrilleros, quienes en caso de no estar conformes con los resultados, pagan a otro equipo, hasta que encuentren quien les haga las cosas a su conveniencia.

Se encargó a los veterinarios de esta Fundación la creación de nuevas picas; por reseñas aparecidas en ABC, el 20 de julio de 1989 seis novillos, anteriormente rechazados para la lidia por "defectuosos" fueron picados a puerta cerrada para probar los nuevos instrumentos. Los novillos de referencia "sangraron lo suficiente" (El Correo de Andalucía, 21 de julio de 1989).


Lección bien aprendida

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© Panóptico, The NewStar Magazine
Julio 12, 2000