Argumentos Utilizados por los Taurófilos, parte 1
Quienes desean la abolición de las corridas de
toros suelen confrontarse con personas que gozan de
estos espectáculos. A continuación, se hace un listado
de los argumentos más utilizados por los taurófilos,
y sus respectivos contra_argumentos. Vale la pena
recordar, sin embargo, que pocas veces es útil y
productivo iniciar tal tipo de debates con personas
que, al verse acorraladas por la razón, reaccionan en
forma poco inteligente, utilizando palabras
altisonantes o incluso la violencia.
El toreo es arte
Es el argumento más usado por los taurinos y el
primero que les sale de la boca, al tiempo que es el
más confuso. ¿A qué se refieren? A veces quieren
decir es que el toreo ha sido el tema para obras de arte,
en concreto y de forma recurrente citan la
"Tauromaquia" de Goya y "El llanto por la muerte de
Ignacio Sánchez Mejías" de Federico García Lorca, o
algunas de las novelas de Ernest Hemingway. El
contra_argumento es sencillo: también se han realizado
espléndidas obras sobre las guerras o el martirio de
los santos y evidentemente no por ello estas son costumbres que se deben conservar.
Otras veces se refieren a que el toreo es un arte
en sí. A pesar de la plasticidad que puede tener, el
toreo no pasa de ser una colección de técnicas destinadas
a la consecución de la muerte del toro, y que no
existe en los toreros ninguna intención artística o de
expresar ningún sentimiento, limitándose a ser una
macabra artesanía.
Curiosamente, el innovador Carlos IV prohibió
las corridas mientras que Fernando VII, quien cerró
las universidades y prohibió la Constitución liberal,
las volvió a permitir y bajo su reinado se abrió la
primera escuela de tauromaquia en Sevilla.
En 1980, la UNESCO, agencia de la
ONU encargada de la ciencia, el arte y la cultura,
dictaminó al respecto: "La tauromaquia es el terrible y
venal arte de torturar y matar animales en público,
según unas reglas. Traumatiza a los niños y los adultos
sensibles. Agrava el estado de los neurópatas
atraídos por estos espectáculos. Desnaturaliza la relación
entre el hombre y el animal. En ello, constituye un
desafío mayor a la moral, la educación la ciencia y
la cultura."
¿Manifestación de cultura?
Imagen: Fuente no especificada |
La cultura es todo aquello que contribuye a
volver al ser humano más sensible, más inteligente y
más civilizado. La crueldad que humilla y destruye por
el dolor jamás se podrá considerar cultura.
Precisamente por ello, los toreros y sus
cuadrillas suelen provenir de las capas más desfavorecidas de
la población, donde la incultura es mayoritaria. La
cultura de la crueldad, como la cultura del dinero
no tienen nada que ver con La Cultura.
Es más fructífero enfocar el tema de forma que,
admitiendo sin conceder que las corridas sean un
arte, esa no es razón suficiente para conservarlo a
costa, en este caso, del sufrimiento del toro.
El toreo es cultura
Es un sub_argumento del anterior, que se
completa con la declaración de que el toreo es tradición. Si
se acepta que cultura es "el resultado o efecto de
cultivar los conocimientos humanos y afinarse por
medio del ejercicio de las facultades intelectuales del
hombre," no queda mucho en pie del sub_argumento.
Aun si por una extraña magia las corridas se
convierten en cultura, no son razones para defender
la crueldad con los animales. Culturalmente, en la
antigua Roma, se mataban a los cristianos, pero eso
se superó. También era tradición y parte de la
cultura taurina que los caballos de los picadores salieran
sin peto, y esa tradición o cultura ha desaparecido
por salvaje.
Si realmente el toreo fuera cultura, generaría a
su alrededor un ambiente cultural, de la misma
forma en que el arte, la ciencia, la historia y otras
disciplinas que desarrollan y afinan el espíritu de quienes
las practican, lo hacen. Esto en el caso de los toreros
no se da, no hay una ilustración especial en ellos por
el hecho de dedicarse a esta supuesta actividad cultural.
En Andalucía, la llamada cuna del toreo,
desconocen que Blas Infante, el "padre de la patria
Andaluza" como gustan llamarlo, era un
acérrimo antitaurino y autor de un decálogo en favor de
los animales.
El toreo es tradición
Las corridas tienen su verdadero origen en las
prácticas militares de las maestranzas en las que se
adiestraban a los soldados para la guerra haciéndoles
practicar la lanza con el toro. Para paliar el peligro
que corrían jinetes y caballos se contrataron mozos
equipados con trapos cuyo cometido era distraer al toro.
La llegada de Felipe V, contrario a las
prácticas taurinas, alejó a los nobles del alanzamiento de
toros pero los mozos siguieron mostrando sus
habilidades en algunos pueblos a cambio de dinero. De
hecho, hasta finales del siglo XVIII las corridas no
gozaron de popularidad. La primera plaza de toros no fue
construida hasta 1749, época en la que la Inquisición
se muestra más poderosa y multiplica los autos de fe.
En esos tiempos, las torturas y ejecuciones, tanto
de seres humanos como de animales, estaban a la
orden del día. Aun así, lo que interesaba era la muerte
del toro y la faena era muy corta. La tortura sistemática
habría de instaurarse en tiempos supuestamente
menos oscuros.
Cuando se dice que el toreo es tradición es
porque se carece de una perspectiva histórica: el toreo de
a pie tal como lo conocemos tiene relativamente
pocos años y además esta cambiando continuamente.
El defender lo tradicional por el simple hecho de
serlo significa que se renuncia al derecho a la crítica y
al progreso, descansando nuestra responsabilidad
en generaciones anteriores. Curiosa también es la
selectividad de lo que consideramos como tradición.
Criar los animales en libertad con alimentos naturales,
el cultivo del barbecho en lugar del abono
indiscriminado, la fabricación artesanal, el uso indiscriminado
de pesticidas y la tala inmoderada, son conductas
tradicionales que se van abandonando, en aras al
progreso material.
Estar sometidos al dictado de la tradición o de
la cultura inmoviliza a una sociedad.
El toreo es la expresión de la religiosidad de un
pueblo
Al coincidir las ferias taurinas con las fiestas
católicas se ha establecido una curiosa relación entre
ellas. Inexplicablemente, la Iglesia Católica apenas ha
puesto impedimentos a esta relación que va en contra
del espíritu de piedad, respeto a la vida y compasión
que anima a la religión. Así y a pesar de la doctrina
general de la iglesia, y del reconocimiento del alma
animal, los párrocos aceptan capotes bordados
como ofrenda a la Virgen y permiten que las corridas
sean en homenaje a los santos locales. Sería necesario
que los estamentos religiosos clarificaran la postura
oficial y la hicieran cumplir.
El Papa San Pío V solicitó a un grupo de
españoles ilustres informes de primera mano sobre las
corridas, y sobre su base promulgó el 1 de noviembre de
1567 la bula "De salutis gregis
dominici" en la que "deseando que estos espectáculos tan torpes
[vergonzosos] y cruentos, más de demonios que de
hombres, queden abolidos en los pueblos cristianos";
dictaba pena de excomunión a los emperadores, reyes y
cardenales que los consintieran, a los clérigos que
asistieran a ellos, y se negaba la sepultura cristiana a
los toreros muertos en el transcurso de alguna lidia.
En 1920 el Secretario de Estado del
Vaticano, Cardenal Gasparri, escribió que "la Iglesia
continúa condenando en alta voz, como lo hizo la Santidad
de Pío V, estos sangrientos y vergonzosos espectáculos."
Monseñor Mario Canciani, consultor de la
Congregación para el Clero de la Santa Sede, decía
que todo aquel que muriese en una corrida de toros
está condenado al fuego eterno. "Hoy, muchos laicos
que luchan denodadamente contra la corrida se
preguntan qué ha hecho la Iglesia contra esta ignominia."
Igualmente, según la investigación histórica
de Monseñor Canciani, todos los que frecuenten
estas fiestas como actores o espectadores, están
excomulgados. (Diario 16, 5 de junio de 1989).
Juan Pablo II, haciendo un estudio de la
Biblia, recuerda que "el hombre, salido de las manos de
Dios, resulta solidario con todos los otros seres
vivientes, como aparece en los Salmos 103 y 104, donde no
se hace distinción entre los hombres y los animales."
La conclusión del Papa es que la "existencia de las
criaturas depende de la acción del soplo_espíritu de
Dios, que no sólo crea, sino que también conserva y
renueva continuamente la faz de la Tierra."
Siguientes Argumentos
Inicio del Reporte
© Panóptico, The NewStar Magazine
Julio 12, 2000