El condado de Cochise, en Arizona, Estados Unidos ha visto su tranquilidad perturbada como consecuencia del gran flujo de inmigrantes ilegales que cruzan a través de las propiedades privadas de la gente que vive en esta faja fronteriza. La zona aledaña al pueblo de Douglas es la más afectada. Douglas, un pueblo de 15 mil habitantes, enfrenta el paso de más de 30 mil inmigrantes ilegales cada año. Inmigrantes que invaden la propiedad privada y en muchas ocasiones, la dañan y roban.
La Patrulla Fronteriza de Estados Unidos ha sido muy irresponsable para impedir que continúe el flujo de ilegales a través de la frontera con Sonora. Y por eso, los rancheros del condado Cochise no esperan que sean las autoridades migratorias las que resuelvan el problema.
Se han formado diferentes grupos como "Ciudadanos Preocupados" y muchos otros. Jack Foote, coordinador de voluntarios de Ranch Rescue (Rescatar los Ranchos), una organización ciudadana de este corte, dice que el enfoque se basa en el derecho a la propiedad privada de los individuos y no en la inmigración ilegal. Ranch Rescue fue recientemente fundado, el 14 de junio del 2000, por un grupo de rancheros, agricultores y ciudadanos privados.
Ranch Rescue no tiene vínculos con supremacistas blancos ni con otros grupos racistas. Tampoco toman la ley en sus propias manos. De hecho, su tarea fundamental es alertar a los cuerpos del orden de las invasiones que se presentan en sus propiedades. Sus actividades las realizan voluntarios que dan aviso a las autoridades para que detengan a quienes invaden sus propiedades. Y es que el problema del tránsito de los ilegales no es tan simple como podría suponerse.
En ocasiones, los ilegales no se limitan al simple cruce, sino que roban y asaltan a los habitantes de estas granjas. Theresa Murray, de 81 años, tuvo que convertir su casa en una especie de bunker después de sufrir más de 30 robos en el lapso de seis años. En ese tiempo no sólo robaron su casa, sino que le mataron a sus perros. A pesar de la gran reja que rodea su propiedad, tuvo que enfrentarse a dos ilegales que pretendían entrar a su domicilio rompiendo las rejas. Envalentonados porque se enfrentaban a "sólo una anciana", no fue sino hasta que los apuntó con una pistola que los inmigrantes decidieron irse de su propiedad.
Esta falta de respeto por la propiedad es lo que más irrita a los rancheros residentes de la frontera. Los ilegales, al cruzar por sus propiedades, matan al ganado para comer, pisotean los cultivos, tiran las cercas, rompen las tuberías de agua – en el desierto, es muy difícil reponer el agua que se tira – y dejan mucha basura que, al ser accidentalmente consumida por vacas y caballos, los enferma gravemente y a veces los mata.
Jack Foote lamenta los problemas económicos de las personas que tratan de buscar mejores condiciones de vida, pero enfatiza que la labor de Ranch Rescue es proteger las propiedades de la gente en el condado Cochise. Y esa es la única labor de su grupo, no la de cazar inmigrantes.
En México, a estos rancheros que protegen sus propiedades se les presenta como asesinos de inmigrantes, cazadores de seres humanos y mil adjetivos más. Y es que es tan fácil criticar desde lejos. Lo peor es que la gente cae en las manipulaciones sensibleras de los medios y ven a estas personas como si fueran psicópatas, sin ponerse ni por un momento en su lugar. Dígase lo que se diga, cualquier persona que sufriera también el paso de cientos de personas a través de su propiedad, y que encima de eso la destruyera, reaccionaría igual.
También es importante saber que no hay un elemento de racismo en esta defensa ciudadana de la propiedad privada: el 95 por ciento de los habitantes de Douglas son hispanos y la economía del pueblo florece gracias a los inmigrantes legales que diariamente cruzan la frontera para hacer sus compras ahí.
Al gobierno de México y a los medios siempre les resulta fácil crear distractores de esta naturaleza. Hay que protestar por lo que hacen los rancheros, pero no por las condiciones del país que hacen que 10 millones de mexicanos tengan que cruzar ilegalmente hacia Estados Unidos. Hay que vociferar cuando los granjeros de Arizona o Texas hacen un arresto ciudadano de los ilegales, pero hay que mirar benévolamente las violaciones a los derechos humanos que las autoridades migratorias mexicanas hacen contra los ilegales centroamericanos.
El único responsable de esta penosa situación generada por la inmigración ilegal a Estados Unidos es el gobierno de México, que durante décadas ha permitido el empobrecimiento de los mexicanos que dejan sus comunidades para buscar suerte en ese país. Pero es más sencillo construir la imagen de los cazadores de inmigrantes en vez de acabar con la corrupción, disminuir el tamaño de la burocracia o crear verdaderos programas de desarrollo comunitario – casi siempre confundidos con limosnas gubernamentales –.
Como siempre, a México siempre le resulta más fácil crear su realidad particular, en vez de enfrentar los problemas.