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La Academia KIPP
Por Gerardo Ochoa

El destino de los alumnos de las escuelas públicas en algunas áreas empobrecidas de Estados Unidos es bastante dramático. La escuela no los provee con la disciplina y las herramientas básicas para hacer frente a la vida. Como tampoco les da formación, estos chicos suelen dejar la escuela y vincularse a bandas antisociales. Este ciclo de bajo rendimiento y conductas antisociales suele acabar mal. Para un maestro comprometido con la enseñanza, ver a sus alumnos perderse es muy frustrante.

Este sentimiento dio origen a uno de los cambios más trascendentes en la educación contemporánea de jóvenes en riesgo. En 1994, un par de maestros veinteañeros, Michael Feinberg y David Levin, cansados de este ciclo de pérdidas, se sentaron a dar forma a una propuesta que finalmente presentaron a las autoridades educativas de Texas. La propuesta fue condicionada a que consiguieran al menos 50 alumnos para que se inscribieran en el programa que proponían. Así nació la Academia KIPP.

KIPP son las siglas de Knowledge Is Power Program (Programa Conocimiento Es Poder). Sin embargo, se le conoce más bien como Academia KIPP, y se basa en que la vía para el éxito es la educación, y que éste se forma a través del deseo, la disciplina y la dedicación.

De acuerdo a los estándares de KIPP una educación de excelencia se basa en 1) aumentar el tiempo dedicado a una tarea; 2) docencia de calidad; 3) apoyo administrativo a los maestros y 4) apoyo de los padres. En la Academia KIPP se reconoce que no hay atajos si se desea tener éxito y una vida feliz. Laurie Bieber, directora de desarrollo de la academia, amplía este concepto de que no hay atajos porque "preparar a los alumnos para la vida implica que maestros, personal y padres trabajemos 100 por ciento, horas extras, se asignen y vigilen tareas, etc". El lema, de hecho, de KIPP es "there are not shortcuts" ("no hay atajos").

Este compromiso de tiempo extra implica que los estudiantes permanecen en la escuela de las 7:30 a las 17:00 horas de lunes a jueves, de las 7:30 a las 16:00 los viernes y de las 9:00 a las 13:00 los sábados. También tienen clases regulares durante un mes de las vacaciones de verano. Así, dedican 67 por ciento más tiempo a la escuela que el resto de los alumnos de escuelas públicas regulares.

Los estudiantes reciben tareas para realizarse en casa durante dos horas cada día. Todo su trabajo debe ser firmado por sus padres, que se comprometen a apoyar a sus hijos en todas sus actividades académicas.

Este compromiso no sólo abarca a padres, sino a maestros y alumnos. Todos firman un contrato donde se comprometen a dar todo por la enseñanza, cumpliendo con los horarios, fechas, comportamiento y demás. Los maestros, además, se comprometen a estar disponibles 24 horas al día para los alumnos, quienes pueden llamarlos a sus casas o a sus teléfonos celulares si tienen alguna duda sobre una tarea. Sin embargo, en la práctica, los alumnos aprenden a manejar bien este privilegio.

Los resultados de KIPP han sido asombrosos. Recibió el nombramiento de Escuela Ejemplar por la Agencia Educativa de Texas, y 98 por ciento de sus alumnos pasaron el examen estatal de evaluación. En escritura, el porcentaje de aprobación llegó al 100 por ciento. Dos mil estudiantes actualmente inscritos en octavo grado de KIPP han recibido becas que suman más de tres millones de dólares para inscribirse en distintas escuelas de Estados Unidos. Hay que enfatizar en este momento que 95 por ciento de los alumnos de KIPP son negros o hispanos, y 90 por ciento de bajos recursos.

Con tal nivel de éxito, KIPP se ha extendido al Bronx, en Nueva York, lugar donde los estudiantes enfrentan los mismos retos que los alumnos KIPP de Houston. Actualmente, se piensa abrir otra unidad en Houston, una en Atlanta, Georgia; una en Gaston, Carolina del Norte y una en Washington, Distrito de Columbia.

La Academia KIPP es una prueba de que con voluntad, dedicación y compromiso la vida de los chicos sí puede cambiar. Es un trabajo intenso, pero apasionante. La vida de los alumnos vale el sacrificio. Al menos así entienden su compromiso todos los que forman parte de KIPP.

© Panóptico
Octubre 1, 2000