Aunque la educación ecológica es apasionante por si misma, la historia de Econciencia no puede ser más interesante. Poco después del 20 de enero de 1986, cuando la Reserva de la Biosfera de Sian Ka'an fue decretada, el biólogo Arturo Bayona y la psicóloga Adriana de Castro llegaron a Quintana Roo. Sian Ka'an es un área natural protegida que abarca el 15 por ciento del estado de Quintana Roo, y se encuentra al centro y este del mismo. Arturo y Adriana fueron designados como guardias de la caseta de la zona sur de la reserva, el lugar más aislado y difícil de todos.
Al poco tiempo, por falta de presupuesto, tuvieron que dejar sus trabajos, pero a diferencia del resto del equipo que inicialmente llegó a Sian Ka'an, ellos permanecieron en la zona intentando iniciar algunas labores para apoyar a Sian Ka'an y, específicamente, para educar en la conservación de los recursos a los niños residentes de la zona maya del estado.
En 1989 ese sueño logra concretarse en una asociación llamada Econciencia, cuyo objetivo es la educación ecológica de los niños. Las características culturales de los niños de la zona maya hacen que las labores tengan que seguir caminos propios. "Econciencia no importa modelos; los crea, diseña y pone en marcha" dice Adriana, enfatizando que cada niño que se concientiza es una familia que recibe un mensaje para favorecer el aprovechamiento racional, múltiple y sostenido de los recursos.
Econciencia, sin embargo, sí toma en cuenta lo que han hecho otros pioneros. Basados en el programa del Instituto de Historia Natural de Chiapas para desalentar el uso de las resorteras, que causan una gran mortandad de pájaros tanto locales como migratorios, Econciencia ha logrado que los niños voluntariamente entreguen más de 150 resorteras. El impacto ha sido tan positivo, que ya son raros los niños que dedican sus tardes a matar pájaros en Felipe Carrillo Puerto, y asociaciones como la Organización de Ejidos Productores Forestales de la Zona Maya dan cuenta de la gran disminución en esta nefasta destrucción de aves que hasta hace unos años era la diversión favorita de los niños de la localidad. "Cuando el niño entiende que el ave es un ser vivo, y comprende y sobre todo siente su importancia, es fácil lograr que la perciba como una amiga".
Debido a la necesidad de un espacio propio, pronto Econciencia hubo de inaugurar la Casa de la Naturaleza, definido como un "espacio informal y cálido, pero serio". En la Casa se imparten los talleres de educación ecológica, conservación de la salud y otras; cada taller toma 3 horas al día y dura 5 días. Los niños son invitados en las escuelas de Felipe Carrillo Puerto, la cabecera municipal donde principalmente se realizan estas labores. En la Casa de la Naturaleza también se conserva la única colección científica para fines educativos en manos de una asociación de este tipo; por tratarse de cráneos y especímenes disecados de animales bajo protección cuentan con el permiso de la SEMARNAP 001–93. La colección es indispensable, pues permite a los niños ver y sentir cerca de sí a los animales que hay que proteger.
"El objetivo es sensibilizar con la verdad" explica Adriana, al mencionar la forma en que se imparten los talleres. Al respecto, Econciencia parte del que mencionar y denunciar los problemas es válido cuando esto se sustenta y se ofrecen opciones. Así, en la Casa de la Naturaleza se parte de decir la verdad aunque sea dolorosa, siempre con un matiz de optimismo.
Parte de esta sensibilización depende de que el niño exprese sus dotes artísticas y también se imparte el taller de "arte maya infantil" en el cual los niños vinculan la naturaleza con su cultura maya ancestral. En todos los talleres se enfatiza que el niño apegue su obra a reglas de ortografía y redacción elemental, y en el caso del arte, que el dibujo parta de una observación real. Esto no es para frustrar la creatividad sino porque "el niño crece y se hace adulto, y por tanto hay que desarrollar su sentido crítico y práctico." La educación ecológica no es, por tanto, un entretenimiento, sino el formar individuos socialmente responsables con el ecosistema y la forma de vida en las comunidades mayas. En palabras de Econciencia, dar la palabra a los niños es asunto serio.
Otro taller importante es el de "comamos vida" que es parte del curso sobre conservación de la salud. Aquí se trata de que los niños aprendan a consumir los productos frutícolas de la región, y así se nutran mejor. Aunque no cuentan con una evaluación de los resultados, los miembros de Econciencia están, sin saberlo, instrumentando el exitoso plan "cinco raciones al día, para un hogar con salud y energía" de la Asociación Americana del Cáncer, que propone el consumo de frutas y vegetales regionales para prevenir, entre otras enfermedades, diversos tipos de cáncer.
El éxito de los talleres ha sido tal que además de ayudar a la naturaleza la exposición de arte infantil ha sido expuesta en diferentes ciudades del interior del país, y además en Cuba, Tanzania, Estados Unidos, Alemania, Brasil y El Salvador. A su vez, en la Casa de la Naturaleza se han expuesto obras de los niños de esos lugares "nosotros intercambiamos experiencias y obras con niños de otras nacionalidades" afirma Andrés, de 12 años, hijo de Arturo y Adriana, también muy involucrado en la conservación y la divulgación de los valores de la zona maya.
Para lograr estos objetivos reciben apoyos de distintas instituciones, como el departamento de servicios culturales del Sistema Educativo Quintanarroense, el Fondo Mexicano para la Conservación de la Naturaleza, y algunos fondos internacionales como el Instituto Smithsoniano, el Observatorio Manomet, el Instituto Jane Goodall y la Sociedad Audubon de Seattle. Incluso una preparatoria de Ohio, la Tri Valley High School, tiene un intenso intercambio con ellos. "El apoyo es sobre todo académico y aunque también es monetario, los fondos son insuficientes, pues las labores son muchas y a veces hay que cancelar algunos eventos por falta de recursos" comenta Arturo. En los días en que este reportaje se realizaba, un viaje de los niños del taller de educación ambiental a la zona turístico–arqueológica de Sian Ka'an hubo de cancelarse, pues no se juntó dinero suficiente para el camión.
A raíz del inicio de las actividades de Econciencia la participación de las personas del lugar en la conservación ha aumentado notablemente: gracias a Angel Gallegos Martínez, director del Instituto Tecnológico Superior de Felipe Carrillo Puerto, la materia de Ecoturismo se ha incorporado en el currículum de la carrera de técnico en turismo. El titular de esta materia es Arturo Bayona.
La educación ecológica implica muchas cosas. Se parte sobre todo de que los niños aprecien sus raíces y el conocimiento derivado de ellas. "Los niños son motivados a preguntar a sus abuelos o a otros ancianos de la comunidad sobre las formas en las que se puede convivir con la naturaleza sin destruirla, porque en la voz de los viejos hay gran sabiduría".
El vínculo con la reserva de Sian Ka'an sigue vigente. Además de que los niños realizan viajes educativos en el área de la Reserva de la Biosfera de Sian Ka'an y en otras aledañas, Arturo Bayona es el actual presidente del consejo técnico asesor de Sian Ka'an. Sin embargo, es enfático al afirmar que "no se requiere ser experto para amar y proteger a la naturaleza."
Ricardo Iván Aguilar Hoil, de 10 años, y ex–alumno de Econciencia, dice haber no sólo aprendido, sino disfrutado mucho su paso por la Casa de la Naturaleza "porque hay cosas que uno no se imagina que existan, y tampoco que cualquier cosa que uno haga, por pequeña que sea, pueda tener tantas consecuencias" dice el articulado niño de Carrillo Puerto.
El mensaje al niño de la ciudad es que hay mucho por hacer: ayuda cuidando a los animales y plantas de los parques, separa la basura, ahorra agua y energía, tira las pilas envueltas en dos bolsas de plástico bien amarradas para evitar la contaminación del suelo. Sobre todo, no hay que pensar tanto en rescatar lo dañado como mejor evitar hacer daño, ya que es "la ignorancia la que extingue especies" finaliza Adriana de Castro.
Econciencia puede ser contactada en: Apartado Postal 23, Felipe Carrillo Puerto, Quintana Roo, 77200