Siempre los vemos al terminar de pagar las compras. Son esos adolescentes que están en la caja, empacando nuestros víveres. Se les llama jóvenes empacadores. Coloquialmente los llamamos cerillos.
Casi todos ellos tienen entre 14 y 16 años, aunque la edad máxima y mínima varía de acuerdo a la empresa. Para que sean aceptados como empacadores voluntarios, es necesario que cuenten con la autorización por parte de sus padres; además tienen que estar estudiando y comprobarlo llevando una carta de la escuela cada tres meses donde les den permiso de trabajar, y también llevar un certificado médico dos veces al año para demostrar que su salud es buena.
No necesitan un promedio mínimo para poder trabajar como empacadores y "sólo es necesaria la constancia de estudios" dijo Miguel Ángel Ocampo de 15 años, empacador en una sucursal de una conocida cadena de tiendas de autoservicio en México.
Los cerillos trabajan cinco horas diarias entre semana y siete los sábados y domingos, también hay diferentes horarios: de lunes a viernes de las 8 a las 12, de las 12 a las 17 y de las 17 a las 22 horas; en los fines de semana de las 8 a las 15 y de las 15 a las 22 horas. En cada turno varía el número de cerillos que trabajan. Juliana González, de 15 años, afirma que en la tarde es cuando más gente está trabajando, "en la mañana y en el horario intermedio hay alrededor de 15 personas mientras que en el último turno hay el doble".
Entre ellos se llevan bien. No hay quienes abusen de los demás y, por el contrario, se ayudan entre sí. "La relación que tenemos entre nosotros es muy buena; por lo menos en la tarde nos llevamos bastante bien" dijo Jennifer González, de 14 años. Cada vez que alguna persona ingresa a trabajar, los demás les dan un pequeño curso de una o dos horas en el que les enseñan qué es lo que tienen que hacer y cómo hacerlo.
Frecuentemente, dentro del horario que tienen hay un pequeño receso usado para descansar un rato y comer, "más o menos tenemos entre una y dos horas libres, claro que también depende de qué tanta gente haya en la tienda; hay veces que sólo salimos diez minutos para descansar un rato", comenta Luis Alberto Pérez, de 15 años.
Los entrevistados afirmaron que la mayoría de las personas les da entre uno y cinco pesos, aunque hay personas que les dan 30 centavos o peor aún, no les dan ni las gracias. Coinciden en que son las parejas casadas quienes más frecuentemente les dan propinas. Cuando se gana más dinero es durante "los fines de semana, en las quincenas y en la temporada de Navidad" dijo Jennifer. Las cantidades van de 50 a 60 pesos diarios que es cuando menos gente hay, hasta 200 ó 300 pesos en temporadas altas.
El grupo de jóvenes dijeron que la mayoría de las personas que trabajan como cerillos lo hacen simplemente porque quieren ganar un poco de dinero aunque los hay que trabajan por necesidad. "Mis padres están felices; no tienen que darme dinero" dijo Jennifer; "el dinero que gano lo uso para mi escuela y le doy dinero a mi mamá para que compre cosas" comentó Luis. La opinión de los padres es importante ya que si no están conformes los podrían sacar de trabajar: "mis papás están orgullosos de mí" afirmó Juliana.
La próxima vez que un cerillo nos ayude a empacar nuestras cosas en el supermercado no hay que olvidar que ellos son un digno ejemplo de personas que además de estudiar como la mayoría de los otros jóvenes a su edad también trabajan. Ojalá hubiera más como ellos, gente trabajadora y constante desde temprana edad. Es este el tipo de ciudadanos que México necesita.