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Infecciones en el Deporte
Por Redacción /Panóptico

Las recientes olimpiadas aumentaron el número de deportistas ocasionales y de fin de semana. Quien lo dude, puede darse una vuelta al parque o deportivo más cercano. Con un poco de suerte, algunas de esas personas convertirán al deporte en un hábito regular.

Quienes practican deporte viven mejor que las personas sedentarias. El deporte provee a sus practicantes de energía extra, tanto física como mental. Tan sólo media hora de ejercicio diario mejora el rendimiento de las personas, y en el caso de las mujeres, disminuye el riesgo de osteoporosis posterior a la menopausia, si se acompaña de una dieta que aporte calcio.

Sin embargo, el deporte también se acompaña de riesgos, algunos inherentes a los deportes de alto rendimiento o de gran carga. Por ejemplo, las lesiones de cartílagos articulares entre los basquetbolistas de alto nivel son bien conocidas, así como las de los discos intervertebrales en los levantadores de pesas. Otros riesgos dependen más de la presencia de contaminantes y gérmenes en los sitios de práctica. Y con menos frecuencia, también aparecen problemas por cambios metabólicos.

Respecto a las infecciones en los deportistas, estas se deben sobre todo a dos mecanismos principales: daños al sistema inmune, entrenamiento excesivo y exposición a materiales contaminados.

Los daños al sistema inmune son bien conocidos. El estrés previo a una competencia produce una disminución de la secreción de la inmunoglobulina clase A (IgA), el principal anticuerpo presente en las secreciones. Su disminución en las vías respiratorias se relaciona con un mayor riesgo a las infecciones respiratorias, como bronquitis y neumonías. A esta disminución de IgA también se atribuye la mayor incidencia de enfermedades tanto respiratorias como de la piel en los periodos de entrenamiento intensivo, en los que la IgA puede disminuir hasta cerca del 40 por ciento respecto a los niveles normales, situación que puede persistir hasta por dos días.

Cuando un deportista entrena por encima de su capacidad o en forma excesiva, se dice que se "quema" porque adquiere un estado de extenuación que es difícil de superar. Además de que, durante el entrenamiento en exceso, el deportista suda de más, lo que macera y debilita su piel, y además lesiona sus músculos porque el cansancio lo hace menos hábil para desarrollar posturas compensatorias mientras corre o camina. Los tejidos lesionados por cualquier causa son más susceptibles de una infección.

Finalmente, hay que mencionar que el ejercicio moderado tiene los efectos contrarios: aumenta la secreción de IgA y de otras clases de anticuerpos, y hace que el cuerpo sea más ágil y por lo tanto se defienda mejor de las lesiones y por tanto de infecciones.

La exposición a objetos contaminados es un riesgo que enfrentan tanto los deportistas moderados como los de alto rendimiento, y radica básicamente en tener contacto con microorganismos dañinos. Algunos casos frecuentes son:

Tiña de los pies o pie de atleta: es una enfermedad molesta causada por un hongo parásito de la piel humana. El contagio es muy probable en albercas y demás lugares donde las personas se descalzan, como regaderas, dojos de karate, etc. El hongo requiere de condiciones muy precisas de humedad para sobrevivir, y por eso, además de secar muy bien los pies, hay que dejarlos al aire un rato, usando huaraches o cualquier calzado similar.

Nadar en agua contaminada: es prácticamente inevitable cuando se va a la playa o a balnearios públicos. Si entra al agua con una herida menor o la sufre en ella, protéjala con gasa y tela adhesiva, pero no olvide al salir del agua volver a asear la herida con antiséptico y cambiar el vendaje. Si entra agua en sus oídos, aséelos haciendo entrar más agua limpia, y sáquela completamente, repitiendo el proceso tres veces. Si el agua está muy contaminada, prepare una solución con una medida de vinagre comercial y otra igual de agua, y ponga unas cuantas gotas dentro de sus oídos, sin olvidar sacarlas.

Contagio de SIDA y hepatitis B: el riesgo es casi nulo, aún si dentro del equipo deportivo hay personas portadoras del VIH o del virus de la hepatitis B. No comparta cepillos, peines, rastrillos y proteja bien sus heridas, para impedir siempre que estén en contacto con cualquier superficie por limpia que parezca.

Cualquier deportista que presente una enfermedad debe dejar de hacer deporte hasta que se restablezca por completo. Las enfermedades siempre empeoran o se agravan si se continúa entrenando mientras están presentes. Esto no es una asociación anecdótica, sino que los niveles de anticuerpos necesitan del reposo para actuar adecuadamente.

El deporte es fuente de satisfacción y bienestar, pero hay que tomar algunas precauciones cuando se practica. Hay que evaluar que es lo que se espera del deporte. Un deportista de alto rendimiento se enfrentará a riesgos sanitarios que su entrenador debe tener presente. Para el común de quienes practican deporte, evitar los riesgos y mantener una rutina moderada acompañada de una buena nutrición y sueño suficiente garantizan obtener lo mejor del deporte.

© Panóptico
Octubre 15, 2000