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Viejos Enemigos, Nuevas Enfermedades
Por
Redacción /Panóptico
Durante el verano de 1997 ocurrió una de las peores pesadillas que pudieran imaginarse: tres pacientes, en tres lugares distintos, se infectaron con un estafilococo dorado resistente a la vancomicina. Esto sería intrascendente si no fuera porque la vancomicina es la última línea de defensa contra esta bacteria. Como en el mundo casi todos los estafilococos dorados son resistentes a todos los antibióticos, menos a la vancomicina, la aparición de esta cepa resistente a vancomicina podría convertirla en un asesino imparable frente al cual todos estaríamos totalmente indefensos.
Durante los últimos años, los avances médicos han llevado a la casi total erradicación de muchas enfermedades gracias, entre otras cosas, a la vacunación. Así, la polio será completamente eliminada del planeta en pocos años, como ya pasó con la viruela. Pero al mismo tiempo nuevas enfermedades nos han visitado. Las epidemias de influenza aviar, Ebola y otras, han alertado a sociedades enteras y generado gran preocupación en la comunidad médica y encargada de la salud pública. El virus del VIH apareció en el entorno humano a principio de los ochenta, y a fines de este año 2000 se estima que habrá 40 millones de infectados en el mundo. Estas enfermedades emergentes, por su novedad, acaparan la atención de los medios y los investigadores. En forma más silenciosa, y mucho más destructiva, viejas enfermedades regresan con nuevos bríos.
Es el caso del paludismo. Según la Iniciativa de Harvard contra el Paludismo, éste sigue siendo uno de los principales asesinos en el mundo. Cuarenta por ciento de la población mundial vive en más de 100 países en los que el paludismo es propagado por la picadura del mosco Anopheles. La enfermedad, que mata a 2.7 millones de personas anualmente, extiende su dominio en más de 500 millones de casos nuevos cada año. En los años cincuenta y principio de los sesenta, los esfuerzos internacionales llevaron al casi completo control de esta enfermedad; por distintos motivos se detuvieron y en la actualidad hay más paludismo que nunca antes en la historia. Por si fuera poco, el paludismo contemporáneo muestra resistencia a fármacos. A esto hay que sumar desastres naturales, como el huracán Mitch, que azotó Centroamérica a fines de 1998 y al cual se atribuyen, sólo en Honduras, 30 mil casos nuevos de paludismo. Para aumentar la letalidad del paludismo no hace falta un desastre de esta magnitud: en diciembre de 1998, en Yemen, unas lluvias sólo un poco más abundantes de lo normal hicieron al ministerio de salud llamar a la acción urgente. El motivo: dos mil muertos por paludismo.
Otra enfermedad que ha regresado con fuerza es la tuberculosis. Según la Organización Mundial de la Salud cerca de tres millones de muertes mundiales al año son por tuberculosis: 7 mil muertes por día y más de mil casos nuevos cada hora. En un estudio nacional realizado por la Dirección de Epidemiología de la Secretaría de Salud en 1997, 50 por ciento de los bacilos tuberculosos fueron resistentes al menos a un fármaco y 20 por ciento a varios. Eso coloca a México en el noveno lugar mundial en cuanto a resistencia bacteriana. Actualmente se ha tenido que añadir un cuarto fármaco al esquema previo de tres medicamentos con el que se combatía a la tuberculosis, debido a esta resistencia.
El regreso de enfermedades infecciosas tiene varias causas; la más importante, la selección bacteriana. Esta permite que las bacterias resistentes a un fármaco sean las que sobrevivan, y por lo tanto, la resistencia crece.
El mal manejo de los antibióticos es base de esta selección bacteriana. En Estados Unidos, en 1954 se producía un millón de kilogramos de antibióticos; para 1998, la producción anual alcanzó 25 millones. La mitad son para humanos, y según los Centros para el Control y Prevención de las Enfermedades de Estados Unidos, la tercera parte se usa sin necesidad.
El uso indiscriminado de antibióticos, grave en países desarrollados, alcanza un nivel alarmante en México, donde pueden comprarse sin receta. Cualquier persona sabe pedir antibióticos, incluso algunos muy especializados.
Alrededor del 40 por ciento de los antibióticos se usan en agricultura y ganadería, para enfermedades de las plantas y para estimular el crecimiento del ganado. En ambos, se da origen a selección bacteriana.
La selección bacteriana no sólo hace a las bacterias peligrosas más peligrosas, sino que convierte a otras, que antes apenas se mencionaban, en enemigos nuevos. La acinetobacteria y las xantomonas, que no se mencionaban hace cinco años, ahora son peligros reales para muchos pacientes.
Para revertir la selección bacteriana, el doctor Stuart B. Levy, presidente de la Sociedad Americana de Microbiología sugiere: 1) lavar los vegetales y frutas, para eliminar las bacterias seleccionadas; 2) cocer bien la carne, para eliminar todas las bacterias; 3) completar los tratamientos antibióticos tal y como lo indica el médico; 4) no guardar antibióticos o automedicarse; 5) que el médico recete el antibiótico específico para la bacteria causal; 6) no usar antibióticos para enfermedades producidas por virus, como la gripa; 7) tener precauciones al manejar pacientes en los hospitales o en casa: lavarse las manos después de hacerlo, y también lavar los instrumentos, y no tener más de un paciente por cuarto. Estas recomendaciones no son al azar: en un hospital de Atlanta, más de dos terceras partes de los médicos no se lavaban las manos como rutina después de atender a cada paciente.
Destrucción ambiental y virus
Conforme los bosques y selvas son destruidos, patógenos que habían estado aislados por millones de años se ponen en contacto con los humanos. El Ebola y el mismo VIH atribuyen su aparición a contactos humanos con simios infectados, que habían sido huéspedes de estas enfermedades por tiempo inmemorial. Hace cosa de un año, varios investigadores brasileños se dedicaron a atrapar moscos en la copa de los árboles de las selvas tropicales de su país. En esos moscos no sólo encontraron 30 virus que efectivamente producen enfermedades humanas, sino 40 virus hasta entonces desconocidos.
Enfermedades sociales
En la actualidad, hay un aumento en las enfermedades sociales. La obesidad se ve, en alguna de sus formas, en más del 30 por ciento de los mexicanos. La violencia y sus costos sociales, es un problema que escapa al horizonte sanitario y alcanza el del control social.
La obesidad no es por comer más sino resultado de moverse menos y balancear mal los alimentos. Según un estudio de esta asociación, en 1997 los niños pasaban en promedio 6 horas al día frente al televisor. Si a esto añadimos que comen mal, con dietas ricas en grasas y carbohidratos y pobres en proteínas, la grasa se acumula y el músculo decrece. El aumento de obesidad infantil ha creado en México y Estados Unidos, el paradigma del niño gordo. El paradigma del niño gordo es aceptar que los niños deben ser flojos, gordos, y malos para los deportes de resistencia: lo que antes era considerado un defecto grave, ahora es normal. Ya por falta de ejemplo o de presión paterna, los niños no caminan, no corren, no saltan, etc.
La violencia, que según las estadísticas de la secretaría de salud, ocupa el sexto lugar de mortalidad, es la primer causa de años de vida saludables perdidos. En 1994 se perdieron 791 mil AVISA por causa de la violencia; 61 por ciento por muertes prematuras y 39 por ciento por años vividos con discapacidad.
Respecto a las adicciones, las cifras siguen aumentando. Sustancias que casi no se conocían en el país, como el éxtasis, otras drogas de diseño y la heroína, han aparecido en el horizonte, según datos del Sistema de Vigilancia Epidemiológica para las Adicciones. Este crecimiento, se debe en parte al descuido en torno a este problema, por la creencia difundida en nuestro país, de que ese es un problema "de otros países."
Sólo si se hace conciencia de los riesgos sanitarios implícitos en la destrucción del medio ambiente, y de los riesgos para la salud que implica el mal manejo de fármacos antibióticos o de la recreación y tiempo libre, podría mejorarse esta situación. Pero el tiempo apremia y la voluntad política se malgasta en situaciones que tienen que ver con todo, menos con el bienestar humano.
© Panóptico
Noviembre 1, 2000
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