Ante la marejada del recambio político que hemos vivido reflexionemos sobre el reciente cuestionamiento de que fui objeto por aquello de mi afán por escribir, quehacer que me he impuesto como terapia recreativa, y es que para mí, "recreo" es una de estas tres cosas: 1. Beber para embriagarme, 2. Escribir para opinar y 3. Ligar para hacer el amor.
Procuro hacer las dos primeras cosas a plena luz de la opinión pública porque soy un adulto crítico, libre de mis acciones y a nada ni nadie le temo, y mejor diré que la primera "la procuraba", porque ciertamente las bebidas espirituosas "como que ya no son químicamente puras" y me causan una terrible resaca y pues ya me la pienso dos veces antes que caer en esa frivolidad; la tercera mencionada, dado que tengo una dieta altamente rica en mariscos lo hago a escondidas porque me cela mi mujer y a ella sí le tengo miedo. Y aunque lo primero es dañino para la salud, lo segundo peligroso para la conservación de los dientes y lo tercero también ya falla porque como que a últimas fechas "los mariscos no los hacen igual que antes" de todos modos le entro con fe a las tres ya que me resultan de indescriptible placer… aunque vayan en detrimento de mi salud y del ánimo de mi media naranja.
Pero es que la salud no logra ser un fin en sí misma si no va acompañada del goce pleno y equilibrado de las facultades del hombre sano, del disfrute del bienestar y de su contribución productiva al progreso social. Es decir, la salud más que una definición biológica requiere tener en cuenta todos los factores que intervienen en su determinación y variación: ecología, ambiente, sociedad, cultura, etc.
Por otro lado el concepto de salud es dinámico, histórico, cambia de acuerdo con la época y más exactamente con las condiciones de vida de las poblaciones y las ideas de cada época. De aquí que la idea que la gente tiene de su salud no siempre es correcta; siempre está limitada por el marco social en que el individuo actúa.
Considerar la salud como un estado biológico y social estático no es realista. La noción de salud implica ideas de variación y adaptación continuas, tanto como la enfermedad implica ideas de variación con desadaptación. No puede entonces admitirse que la salud sea la sola ausencia de enfermedad y viceversa. Entre los estados de salud y de enfermedad existe una escala de variación con estados intermedios que van de la adaptación perfecta, difícil de obtener, hasta la desadaptación que llamamos enfermedad.
El paso de la salud a la enfermedad comienza con un periodo silencioso de incubación, válido en la mayoría de los casos para todo tipo de enfermedades, periodo que puede ser muy corto o muy largo. Al comienzo, cuando recién se insinúa la influencia perturbadora de la adaptación, el proceso ya es activo pero no tenemos medios para descubrirlo. Una segunda etapa, aún preclínica, podríamos diagnosticarla si pudiéramos aplicar todas las técnicas de laboratorio de que hoy disponemos y si la gente se preocupara de los controles periódicos de salud. La tercera etapa final, la de la inadaptación, provoca la reacción intensa del organismo (como defensa final) en tal forma que el proceso patológico interfiere con la función normal del organismo y aun con la vida del enfermo. Precisamente la gravedad de una enfermedad depende del grado de interferencia funcional provocada.
Salud y enfermedad son, pues, dos grados extremos en la variación biológica, resultante del éxito o fracaso del organismo para adaptarse física, mental y socialmente a las condiciones de nuestro ambiente total. Por lo tanto un "individuo sano" es aquél que muestra y demuestra una armonía física, mental y social con su ambiente, en sus diferentes formas de manera tal que pueda contribuir con su trabajo productivo y social al bienestar individual y colectivo.
Viéndolo de esa manera y con los cambios que ha vivido el país con su nuevo equilibrio democrático pareciendo entrar por fin en un estado de sanidad social y política que nos conviene a todos podremos sostener que sabemos que sí es viable el equilibrio político en México, pero ¿en verdad podemos decir que existe la salud social? Si lo comparamos con lo que sucede individualmente podremos quizá inferir lo colectivo. Decíamos anteriormente que un "individuo sano" es aquél que muestra y demuestra una armonía física, mental y social con su ambiente, en sus diferentes formas de manera tal que pueda contribuir con su trabajo productivo y social al bienestar individual y colectivo. Por eso la concepción de salud y enfermedad implica un conjunto complejo de nociones en el que se integran la biología, la fisiología, la ecología, la sociología y las dimensiones económicas de la noción de salud con la experiencia de cada individuo y el valor que cada uno asigne a la vida humana. En todo caso las nociones de salud y enfermedad se expresan siempre y se controlan con relación a la interdependencia del individuo con la sociedad y su ambiente total.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) define un concepto dinámico de la salud lamentablemente inalcanzable en todas las sociedades: "la salud es el completo estado de bienestar físico, mental y social, y no solamente la ausencia de enfermedad o invalidez". Esta definición presenta un objetivo a lograr y puede integrarse en la planificación de la salud, pero el objetivo formulado es difícil de alcanzar aun para los países más desarrollados, y completamente inalcanzable en los menos desarrollados donde la mayoría de la población vive en condiciones ambientales infrasanitarias y en los que por ende el bienestar debe ser menos frecuente.
Por eso es necesario definir nuevamente el concepto de salud de la OMS porque pese a ser sin duda muy noble, es utópico y cargado de subjetivismo. No sirve, pues, como objetivo racional en la planificación de la salud.
Y es que comparar la salud con una sensación de bienestar físico, mental y social complica mucho el problema de la evaluación o medida del estado de salud, debido a que introduce un factor altamente subjetivo, ya que toda frustración a ello deberá ser considerado entonces como enfermedad. Por otro lado este tipo de definición de la salud olvida que se trata de un estado esencialmente variable y la coloca así en el plano de la utopía irrealizable.
En estas circunstancias es más válida la definición de Hernán San Martín: "la salud es una noción relativa a criterios subjetivos de adaptación biológica, mental y social que traduce un estado de tolerancia y compensación física, mental y social, fuera del cual cualquier otro estado percibido por el individuo o su grupo, es una manifestación de enfermedad".
La anterior definición puede ser alcanzada realmente por toda la población y puede ser mantenida en forma prolongada y se define como un grado de salud con el mínimo posible de disturbios físicos, mentales y sociales.
Con las condiciones actuales del mundo, donde coexisten sociedades humanas con muy diferentes condiciones de vida y de ambiente sociales, no puede ser realista la noción de "salud absoluta" ni de mantenerla como esperanza utópica.
Sin embargo en nuestro México lindo y querido, después de haber vivido las zozobras políticas del sexenio pasado, el ostracismo social y geográfico en que nos metió el centralismo irredento, tal parece que ya hay salud relativa y sí es un estado con salud social y por tanto es viable la salud política, aunque puede haber variaciones.
Esas variables se sustentan en la noción de "salud relativa y variable" y eso de debe a que en medicina es necesario aceptar que existen los niveles de salud, que pueden incluir ciertos grados de anormalidad e incluso un cierto porcentaje de enfermedad no percibida. Así, esta noción de salud relativa se define en relación con las posibilidades que cada sociedad tenga de apreciar objetivamente el estado de salud de cada individuo y de la población.
Esta tolerancia que define la noción de salud relativa puede ser apreciada globalmente a nivel de la población de una manera estadística y constituye la síntesis que cada uno puede hacer de su estado de salud a través de su percepción, personalidad, educación, ingresos económicos, experiencia y el valor que concede a la vida humana.
Ahora por cuanto a la noción de enfermedad podemos decir que si cada grupo social presenta patologías características determinadas por la prevalencia de factores productores de enfermedad y si aceptamos que la enfermedad es "un estado de desequilibrio ecológico en el funcionamiento del organismo vivo", la enfermedad entonces no tiene sentido sino en función del hombre tomado como una unidad biológica–psicológica–social. La atención exclusiva sobre la etiología orgánica es considerada hoy como insuficiente por la multicausalidad de los fenómenos biológicos. Es necesario también, por consecuencia, redefinir el concepto de enfermedad como "un desequilibrio biológico–ecológico que induce una falla de los mecanismos de adaptación del organismo con una reacción adecuada pero insuficiente para neutralizar los estímulos de los agentes agresores a los que está expuesto, perturbando entonces la fisiología y la integridad anatómica del individuo".
Y como desde un principio nos propusimos el análisis individual para inferir lo que sucede colectivamente no podemos menos que percibir que efectivamente en México la salud social y política está investida de variaciones debida sin duda a los mecanismos de desadaptación de la propia sociedad y las organizaciones políticas.
No es válido acusar a un régimen político de incipiente influencia como el responsable de las irregularidades causadas por el régimen que le precedió, como también resulta imprudente no calcular anticipadamente la intensidad de las correcciones que se hacen porque entonces puede resultar que se altera más el funcionamiento e integridad de las organizaciones y por ende, sin caer en metáfora alguna, así como las funciones orgánicas se alteran en el hombre, la confianza del pueblo se trastorna en lo colectivo.
Podemos aceptar ya con todo lo que hemos dicho que viéndolo bien es cierto que ya la salud pública en la actualidad rebasa los confines de la medicina, ya que si bien ésta concierne sólo a la atención de la salud de los seres humanos, se hace necesario no perder de vista el entorno, siempre cambiante, de la población y su devenir.
Dicen los sabios que "... de la velocidad con que ocurren los cambios positivos en el ambiente y de acuerdo con las acciones políticas y económicas que se adopten a favor del bienestar social, dependerá la salud y la calidad de vida de la población".
En México pues, tenemos ya quien dirija las acciones políticas y económicas, tenemos quien dirija los programas de salud, ¿de quién depende la calidad de vida?, ¡por supuesto que de nosotros! Y eso requiere que definamos qué es "calidad de vida"... pero de eso hablaremos otro día. Aunque si quiere lo discutimos por correo electrónico, escríbame a indalex@medscape.com