El recuerdo de mi familia, de mis amigos, de mi novia, los grandes momentos de éxito y felicidad; todos esos recuerdos, impidieron que jalara el gatillo aquella tarde de agosto en que pensé que mi vida no tenía sentido; pensé que no había porqué luchar y me di cuenta que mi lucha apenas comenzaba; tenía que luchar conmigo mismo.
Creo que todos, alguna vez en nuestra vida, nos hemos preguntado el porqué estamos aquí, cuál es nuestra misión y si en verdad vale la pena continuar, entre tantos problemas, fracasos y desilusiones. Y en esos momentos difíciles llega algo que nos hace cambiar de opinión, algún detalle, alguna carta, alguna llamada; el problema es que cuando vemos una "montaña" que no conocemos, no nos ponemos a pensar que anteriormente ya habíamos escalado una mucho más alta y nos ponemos a temblar, nos da miedo enfrentarnos a nuestros problemas y hay veces que utilizamos salidas fáciles; desgraciadamente una de ellas, la más definitiva y triste es querer quitarnos la vida.
Leyendo unas cifras de la Organización Mundial de la Salud me di cuenta de una triste realidad: cada 40 segundos una persona muere por su propia mano. El suicidio se ha convertido en una situación preocupante y en la cual muy pocas veces nos ponemos a pensar. Por el suicidio, en un año mueren más de un millón de personas. Esto lo viven tanto pobres como ricos, empresarios como artesanos, jóvenes y viejos.
¿Por qué rendirse?, ¿por qué dejar de luchar? Somos la esperanza de una sociedad que cada vez tiene menos cosas por las cuales vivir, pero al mismo tiempo tenemos todas las oportunidades para volar con nuestras propias alas; miles de generaciones posteriores esperan una respuesta urgente y necesaria de nosotros. Si los jóvenes del pasado no supieron responder como debían a las exigencias del mundo, nosotros sí. Que lamentable es que en las personas que deberían luchar para salvar el mundo, se ahoguen en sus problemas y dejen la carrera antes de que finalice.
Estoy de acuerdo que los problemas no ayudan a vivir feliz, pero el ser humano todavía no descubre una fórmula mágica para terminar con los momentos de tristeza o angustia y nadie está exento de ellos. Todos los vivimos.
Quitarse la vida no soluciona nada; se presenta el suicidio como la llave perfecta a la felicidad, pero no recuerdas que tus seres queridos pasarán por unas inmerecidas penas; de un problema que parece no tener solución se provoca la destrucción de otros seres humanos que sí tenían ganas de vivir.
El mundo no sería igual sin ti, todo cambiaría y por supuesto que se notaría tu ausencia, debido a que este planeta espera que cumplas con tu misión. ¿Cómo puedes decir que no eres nadie y que no vale la pena seguir, si ni siquiera te has dado cuenta para que existes?; en estos momentos te sientes débil y cansado de luchar, pero cuando veas que todo está sobre ti, que los problemas te agobian y que ya estás a punto de caerte, observa el cielo, y si este es gris para ti, recuerda que algún día estuvo azul; vive con la esperanza de volverlo a ver de ese color.
Cuando le tomes el verdadero sentido a tu vida, tendrás algo porqué luchar y seguir viviendo, a pesar de los problemas y los fracasos. Cuando te pongas a pensar en las grandes experiencias que has tenido y que te han hecho amar tu vida, aunque haya sido por unos instantes, dejarás de jugar con lo fácil y peligroso de quitarte la vida. Te quitarás ese vacío interior que has sentido desde hace mucho tiempo cuando te atrevas a luchar contra tu peor enemigo: tu mismo.
¡Mucha suerte! Piensa en todos los momentos que te han hecho sonreír, y no tengas miedo de vivir, tu lucha apenas comienza.
© Panóptico, David Montalvo
Enero 15, 2001