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Integración o Autonomía
Por Alberto Carrillo

Hoy en día la sociedad mexicana reconoce el problema indígena. Aunque realmente no son un sólo grupo, en nuestra cultura mestiza los consideramos como si así fuera y la percepción general es que todas las comunidades indígenas comparten entre sí más o menos los mismos problemas. No todos tienen la misma visión del problema de los indígenas en México, pero casi todos coinciden en que su mayor problema es la pobreza extrema y la marginación. Algunos ven las raíces del problema en que no se han integrado al resto de la sociedad, pero otros creen que no deberían integrarse y ven un problema mayor en la pérdida de sus tradiciones y costumbres. Igualmente no se coincide en las soluciones que se proponen. Como quiera que sea, se ha decidido intervenir y que la solución al problema indígena debe provenir de la sociedad civil y de nuestro gobierno.

Nuestra sociedad se siente culpable de la situación en que viven actualmente los indígenas. Y hay que reconocer que en el pasado se les explotó, se les despojó de tierras, e incluso se trató de exterminar a algunos grupos. Durante las últimas décadas no ha habido un interés genuino por ayudarlos y de paso se han permitido abusos en su contra. Ellos sienten que la sociedad mestiza tiene la culpa de su miseria. Se sienten mexicanos, incluso más mexicanos que los mestizos, de quienes hablan despectivamente. Irónicamente existe en nuestra cultura mestiza mucho orgullo y aprecio por las culturas indias y por nuestro pasado indígena, y al mismo tiempo existe desprecio por el indio. Apreciamos sus artesanías y vestimentas, incluso las usamos, pero tratamos mal a los indios que las fabrican; esto lo vemos diariamente con los indios que viven en las ciudades.

Los indígenas que vienen a las ciudades no se integran realmente a la sociedad mestiza, por lo menos no en su primera generación. Muchos viven como la gente pobre de las ciudades pero han formado una subcultura y en general tienen una relación distante con los mestizos. Trabajan en empleos que no interesan casi a los mestizos, lo hacen como albañiles y empleadas domésticas principalmente, algunos sobreviven vendiendo artesanías o pidiendo limosna. Las jóvenes con muchísima frecuencia se convierten en madres solteras y algunas envían a sus hijos con sus abuelos a sus pueblos de origen; las que se casan no les va mucho mejor, y muchas veces terminan manteniendo a un marido borracho. En sus pueblos ya no son muy aceptados cuando van de visita, pues sienten que se han vuelto parecidos a la gente de la ciudad. Desgraciadamente no es sino hasta la segunda o tercera generación que tienen acceso a la educación y como consecuencia a mejores empleos, hasta entonces logran integrarse a la sociedad mestiza.

Mientras las comunidades indígenas han permanecido más o menos sin cambios durante siglos, la cultura de los mexicanos que vivimos en ciudades y pueblos predominantemente mestizos se ha transformado rápidamente. Nos hemos occidentalizado, ahora somos muy diferentes a los indígenas y las diferencias son cada día mayores. La forma de vida de los pueblos indígenas antes natural ahora hasta ellos mismos la consideran miseria.

Por otro lado en nuestra cultura mestiza tenemos aún mucho de indios, lo que no ayuda a una mejor convivencia entre los miembros de ambas culturas. Igual que los indios, somos orgullosos de nuestra raza y compartimos la misma baja autoestima como pueblo; como ellos, desconfiamos de la autoridad pero cuando tenemos poder abusamos de él; nos vanagloriamos de nuestro pasado indígena pero nos avergonzamos de provenir de una familia de origen humilde; igual que ellos somos intolerantes con los que no piensan como nosotros y con los que no pertenecen a nuestra comunidad; tratamos bien a los visitantes extranjeros pero hablamos con desprecio de sus países. Parece que les damos a los indios el mismo tratamiento que sentimos que nos dan a los mexicanos en el extranjero.

Ahora que se ha puesto de moda hablar del problema indígena, se alude mucho a los indígenas que viven en Chiapas y de las otras comunidades del resto del país nadie se acuerda. Muchos tarahumaras mueren de frío cada año en la sierra de Chihuahua pero rara vez son noticia en los medios. No tienen página en Internet ni son un espectáculo como para que ameriten la visita de extranjeros. No tienen pliego petitorio ni son apoyados por los amantes de la causa indígena. Nadie se preocupa tampoco por los indígenas que viven en las ciudades, pero también sufren de pobreza y son marginados por la sociedad urbana. Han cambiado sus vestimentas y se han olvidado de sus "usos y costumbres". ¿Será que, como ya no parecen indígenas, ya no son dignos de ser incluidos en la causa indígena? Se trata de hombres y mujeres que han emigrado en busca de mejores condiciones de vida. Pero parece que en nuestra cultura ya no gustan; sólo apreciamos a los que se quedan en sus tierras, usan sus vestidos tradicionales y viven de acuerdo a sus usos y costumbres.

Ahora, como solución al problema indígena se pretende darles autonomía y aislamiento. No sabemos si esto vaya a ser posible, pero para ellos parece que es la solución al problema de tener que convivir con nuestra cultura. A los amantes de la causa indígena esta solución también los deja contentos, pues esto conservaría a las apreciadas culturas indias tal como están y a salvo de la desastrosa intromisión de nuestra cultura mestiza. El problema es que también desean progreso, desean salir de su pobreza. No quieren cambios pero sí progreso. No quieren nuestras reglas pero sí los bienes que produce nuestra cultura. Sin embargo el progreso implica transformación aún sin quererla. Porque el progreso requiere la producción de bienes, y para producirlos se necesitan conocimientos, y no hay duda de que el conocimiento transforma a la gente.

Para desilusión de los conservacionistas de las culturas indias, progreso y aislamiento es una combinación difícil de lograr, sino es que imposible. Otros proponen que se transforme a las comunidades indígenas instalando empresas y dándoles trabajo. Lo que seguramente les haría llegar a sus comunidades algunos bienes y servicios propios de nuestra cultura mestiza. Pero también les llevaría lo peor de nuestra cultura, probablemente cambiarían sus usos y costumbres por las peores costumbres de la cultura mestiza. De ser pobres y marginados del campo se parecerían más a los pobres y marginados de la ciudad, lo que no es un verdadero progreso. Al parecer la solución a sus problemas es más difícil de lo que se cree. Tal vez debería buscarse la forma de integrarlos a una vida más productiva pero que vaya más de acuerdo con su vocación y tradiciones.

Muchos dicen estar del lado de los indígenas pero eso no significa que conozcan la solución a sus problemas. Marcos y los zapatistas no parecen ser la solución al problema indígena, pues en siete años desde que se dio a conocer su movimiento, no han hecho nada constructivo por ellos. No han conseguido beneficios para las comunidades indígenas aún pero tampoco les han llevado educación ni salud, ni han construido caminos ni han mejorado su productividad. Les han enseñado el catecismo marxista, pero nada de conocimientos útiles que les sirvan para mejorar su calidad de vida. Ahora la causa indígena está envuelta en la causa de Marcos y su lucha contra la sociedad burguesa. Les han hecho creer a los indígenas que la cultura mestiza es la causa de todos sus males. Sin embargo, aunque vivieran sin intromisiones del gobierno, sin la presencia del ejército y se les protegiera de abusos, vivirían de cualquier forma en la pobreza. Pues es su propia cultura la generadora de miseria, que no les ofrece alternativas para un mejor futuro.

Desde que tenemos un gobierno legítimo todos los actores de la sociedad mexicana están de acuerdo en darle solución al problema indígena. Ya no hay enemigo contra quien luchar. Sin embargo, algunos insisten todavía en que hay quienes tienen intereses contrarios a la causa indígena, y no es raro que lo digan, pues su "lucha" depende de que haya un enemigo contra quien luchar. De lo que sí se puede acusar a nuestra sociedad es de no tener un verdadero interés en el bienestar de los indígenas, aunque se diga lo contrario. Es difícil saber si el problema indígena se resolverá algún día, lo que sí sabemos es que no hay soluciones rápidas y que en un futuro próximo se tendrá que decidir que es más importante, si conservar su forma de vida tradicional o mejorar su calidad de vida.

© Panóptico, Alberto Carrillo
Febrero 1, 2001