Aunque se ha adoptado como una moda con el término de "globalización", han sido sustentados y puestos en práctica a través de los siglos diversos modelos, doctrinas y formulas tendientes a tabular, nivelar, homogeneizar u homologar los criteros con los que deben de regirse la política, la filosofía, incluso la religión con el objeto de lograr entendimiento e intercambio comercial fácil entre los núcleos sociales del orbe.
La creación del "ius gentium" y el concepto de "mare nostrum" representan en sí mismos los vestigios más significativos de las tendencias conciliadoras entre las muchas maneras de pensar en los albores de la Era Cristiana. Porque aunque la creencia popular es que el Reino, el Imperio y la República Romana fueron una devastadora fuerza destructiva de todo lo que se le pusiera enfrente, la verdad es que su sentido práctico los hizo desarrollarse bien tanto en el campo de la política como en el militar, conciliando las más de las veces con pueblos que si bien permitían su presencia militar, eran autónomos con gobiernos locales representados por naturales de la zona dominada. No hay que mirar de soslayo un esfuerzo tan vigoroso que con fines de dominación militar articuló mecanismos políticos, económicos y sociales con respeto de las costumbres religiosas locales, así como de sus usos y costumbres en la elección de sus gobernantes, pero imponiendo su lengua y moneda como de uso universal. Hecho que favoreció el desarrollo económico de grandes regiones y facilitó el intercambio de información de cualquier carácter. Me gustaría mucho ver que "nuestra civilización", con su conformación actual y sus paradigmas pudiera tener la continuidad y consistencia de la antigua cosmogonía romana, que duró un milenio.
Posteriormente, y en ejercicio de los principios heredados por el Imperio Romano, la Iglesia Católica obtuvo una "visión" divina de "globalización" por los medios de la fe, sometiendo a los antiguos territorios del Imperio a la jurisdicción divina de la Santa Sede. Este tipo de "globalización" por medio de la fe también respetaba idiomas y gobiernos locales, haciendo valer su jerarquía divina cobrando diezmos e imponiendo excomuniones. Podemos decir que este monopolio de poder lo fue por el poder mismo, arrojando enormes dividendos económicos. El extremo de este tipo de globalización llega a sus máximos niveles con la imposición de la religión por medio de la fuerza, muy a pesar de los integrantes de la escuela de Pamplona, – De las Casas, Francisco Suárez, Vitoria –. No obstante lo anterior, y nuevamente en contra de la creencia popular, el común denominador de la fe sirvió de plataforma porque de uno u otro modo el "pensamiento" de millones de personas a lo largo de varios siglos "se alineó" en un mismo sentido, siendo la plataforma desde la cual el desarrollo europeo se disparara como el modelo a seguir por el planeta moderno.
En su momento Napoleón, también sobre las bases ideológicas heredadas del Imperio Romano y la Iglesia Cristiana, propondría la necesidad de un mundo "conectado" por un mismo gobierno, un mismo idioma, una misma moneda, un mismo sistema legal, pero respetando costumbres locales y estructuras regionales en su aspecto social. Su error, como el de todos los demás que lo han intentado, fue que tal "mundo feliz" debía ser resultado de una imposición armada. La idea es buena, pero en el proceso se pisan muchos callos y se generan muchos rencores de raza por sentirse los grupos dañados en su "soberanía".
Omitiré los afanes de conquista de las dos guerras mundiales, porque ambos movimientos fueron generados por sentimientos mezquinos y dementes de conquista sin sentido y destrucción masiva. Puede ser que sus artífices hubieran enarbolado fines nobles a sus ojos como la superioridad de las razas, el nacimiento de un nuevo orden y la creación de la sociedad perfecta, pero en todos ellos no encuentro un esfuerzo aglutinante sino por el contrario. Todos tenemos derecho a tener algunas canicas.
Como producto de las guerras mundiales, nace la ONU y aunque participan la mayoría de los países del mundo, tal y como la conocemos ahora, sus fines y estructura nada tienen que ver con "un gobierno mundial". Más bien son como el lavadero donde van todos los chismosos del mundo, acreditados por sus respectivos países, a acusarse entre ellos de tal o cual cosa. Su enorme burocracia y su dominio por parte de las potencias económicas la hacen ser sólo un poco más que organismo decorativo para validar las decisiones de los fuertes.
Finalmente la "globalización", que está tan de moda, es el resultado de un proceso netamente "informático", cuya columna vertebral está constituida por la creación y desarrollo de la Internet. Esta nueva "globalización" ha superado en inicio a sus primas que han sido provocadas por ansias de "dominación territorial" y "dominación económica", y porque implica un proceso a la inversa. Mientras sus primas siempre se han caracterizado por una potencia extraña y amenazadora que en el proceso destruía sistemas locales y para obtener sus resultados sacrificaba vidas y patrimonios de grupos sociales bien diferenciados de los demás, ésta se genera en un proceso interno que obliga a las personas a sentirse "parte del mundo" conociendo los chismes del momento, las noticias relevantes, los movimientos del mercado y una "conexión" sin límites de tiempo y distancia con "cualquier lugar y persona del mundo". Esta nueva "globalización" ha impactado irremediablemente las conciencias del subconsciente colectivo, haciendo esclava en principio a la economía del naciente milenio, pasando por la manera de diversión de las personas y en un futuro determinado las características sociales y culturales de los grupos en derredor del orbe.
Esta globalización, a diferencia de las demás, no ha matado primogénitos ni ha entrado haciendo un boquete en la muralla del pueblo ni violado mujeres ni descuartizado ancianos o demolido templos. La actual "globalización" ha entrado por la puerta grande del cerebro de los individuos y se ha instalado como un "gran señor" con la promesa de ser una herramienta indispensable que le dará forma y sentido a nuestras vidas.
Es un hecho que el proceso es irrevocable; esta nueva realidad incluyente empezó siendo, es y seguirá siendo una herramienta poderosísima para "alinear" los pensamientos de millones de personas, que por primera vez en la historia, claman por encima de todas las cosas, ser parte de la "sociedad universal", participando en todo momento, en tiempo real, de los acontecimientos que transfiguran el planeta a lo largo y a lo ancho. Haciendo tratos a miles de kilómetros sin levantarse del escritorio, conociendo, cortejando e incluso haciéndole el ciber–amor a una persona al otro lado del mundo. Los iconos sustituyen a los idiomas y en la "red", no importa cómo, "todos" "siempre" obtienen lo que están buscando.
Como consecuencia de lo anterior, los conceptos de soberanía e independencia se vienen tambaleando. Ahora sí, las condiciones de una "sociedad homogénea" se actualizan más que nunca para aterrizar en algún futuro no muy lejano en la necesidad de un gobierno supra–nacional. Lo empezamos a ver en la Comunidad Europea, en los bloques económicos continentales y en el creciente intercambio socio–cultural entre países muy lejanos.
En este orden de ideas, los sistemas jurídicos, tal y como los conocemos, resultarán no sólo inútiles, sino un verdadero obstáculo para el desarrollo de la "comunidad universal". Es por ello, que debe, con miras a largo plazo", conformarse una Comisión Multinacional que recoja las principales instituciones jurídicas y figuras acordes con las realidades de cada pueblo. Aunque todos tenemos diferentes formas de pensar, los principios conductuales que debemos observar no difieren en gran medida entre una comunidad aislada en Manchuria, Chiapas, Aruba, Illinois o Tierra del Fuego. Deberán identificarse los valores fundamentales y las estructuras básicas de interrelación entre los individuos y formular la "Constitución Universal" con los "Códigos Universales" con sus respectivos "Códigos de Procedimientos" con estructuras universales, tales como la creación de una fórmula de conformación de las estructuras de poder: Por ejemplo, en todo el mundo se ha adoptado la fórmula de los tres poderes, aunque en muchos el legislativo y el judicial sean meros remedos de poder al servicio del ejecutivo. Sólo que ahora serán iguales en el número de representantes por número de habitantes serán iguales sus facultades o atribuciones, así como sus obligaciones. Así tendremos procedimientos similares en todos lados del mundo. Otro ejemplo sería la fórmula para la conformación de los tribunales: jueces idénticos en todas las latitudes del mundo, aplicando normas claras de interpretación universal. En este caso, un juez de Francia puede consultar la interpretación y aplicación de determinada ley con cualquier juez del mundo, en una sola idea: criterios uniformes sin estar subordinados a la voluntad política de los gobernantes locales.
A los globalifóbicos les puede parecer una afrenta, un dilate o una injuria con agravios deshumanizantes, pero en sentido estricto, no podemos darle la espalda a este proceso poderoso de "asimilación" entre los pueblos. La infraestructura esta ya en simiente y lo más responsable que podemos hacer es allanar el camino para que estos proceso no resulten tan dolorosos.
Lo que propongo nada tiene que ver con la pérdida de soberanía e independencia de los pueblos. Nuestra concepción maquiavélica de Estado, con todo y sus atributos, ha sido superada por las realidades de comunicación e identidad que han transformado a los pueblos en estos últimos siglos. Los Estados Nacionales no son ya una fórmula viable de desarrollo social, las fronteras en muchos casos ya sólo lo son de nombre y su mantenimiento se traduce ya en costos políticos, sociales y económicos inconmensurables, motivo de crisis recurrentes entre sociedades y gobiernos.
De todos modos, las constituciones de la mayoría de los países occidentales son una copia burda o no, en su caso, de la Constitución de Virginia o Francia, y sus principios universales de libertad, igualdad y fraternidad, fueron adoptados sin cortapisas o reclamos de vulneración de soberanía o independencia, por los nacientes gobiernos revolucionarios e independentistas que lucharon contra las monarquías y sistemas absolutistas. Del mismo modo los Códigos de Comercio y Civiles, "legislados" en toda Europa, América Latina, Norte de Africa y uno que otro por ahí como Japón, recogen simplemente las instituciones y figuras jurídicas del Corpus Iuris Civile Romano, con sus diferentes adecuaciones: la Glosa, la Post–Glosa y el Código Napoleónico, instituciones como la compra–venta, el arrendamiento, la prescripción positiva (Usucapio Longi Temporis), el matrimonio, la tutela, la adopción, etc.
Cierto es que su homologación con el sistema Consuetudinario de tradición anglosajona y los sistemas jurídicos teocéntricos derivados del Islam o con los monstruosos China e India, se antoja difícil mas no imposible, sin embargo por eso es necesario la creación de la Comisión Multinacional que recoja los valores y fines que dan origen a tales sistemas, elevándolos a su abstracción pura, dando como resultante la partitura en la que plasmemos las notas de la Sinfonía Universal.
A todo esto he optado en llamarle la Teoría del Derecho Modular, puesto que en obvio de las diferencias que existen entre todos los pueblos del mundo, deberá ser flexible e incluyente, no al contrario. El procedimiento, como ya lo he esbozado, consistiría en la elaboración de un Super–Código con su parte dogmática – contendría los derechos humanos universales – y su parte orgánica – estructuras del gobierno y poderes que conformarían el nuevo orden mundial, y las características de los órganos de los gobiernos locales –. De la mano se elaborarían las Leyes Secundarias – civil, penal, de comercio, de agricultura, de ganadería, de pesca, de desarrollo social, de bienes públicos, etc. –; y finalmente se elaborarían los códigos de procedimientos y las leyes orgánicas de las instituciones a que daría origen la "Nueva Constitución". Esto nos daría procedimientos y organismos análogos en todas partes del mundo con idénticas facultades y atribuciones. Mismos términos en la tramitación de los juicios, mismas instancias, mismas secretarías y ministerios en todo el mundo que hablan "el mismo idioma". Los legislativos de los Estados Miembros de esta Comunidad Universal votarían por los "módulos" de ley a los que se adhieren, porque no todos los países son iguales y eventualmente se irían "adhiriendo" a más módulos de este orden jurídico hasta que se alcanzara la unidad de criterios, "módulos" e instituciones.
¿Sueño guajiro? Puede ser, pero en toda esta reflexión existe "otra vez" y sin derramamiento de sangre inocente, el anhelo unificador que ha permanecido intacto por miles de años. Sólo que ahora, más que nunca, sí estamos conectados en el mismo canal.
© Panóptico, Eduardo Liceaga-Martínez
Marzo 1, 2001