Cuando veo al subcomandante Marcos y toda su estúpida tramoya allegarse las simpatías de las comunidades que visita con el beneplácito del Gobierno Federal y los gobiernos locales, en mi mente se hace presente poderosamente la Fábula del Búho.
En esta fábula los animales, hartos de los roles que desempeñan en la vida, llenos de una sensación de vacuidad y malestar por ser caballos, águilas, perros, pájaros, elefantes, leones, mariposas y demás, hacen una junta en la que todos coinciden que deben, de una vez por todas, dejar atrás sus vidas sin sentido y dirigirse a "algún lugar" donde todos tendrán un espacio preponderante en el proyecto universal, donde no hay dolor ni tristeza ni amarguras ni las cargas cotidianas que les devienen necesariamente de su propia naturaleza, tales como cazar, recolectar semillas, hacer sus casas, criar a sus hijos, etc. Es así que un animal "iluminado" propuso que siendo el Búho el animal más sabio de la creación, debería de saber perfectamente "dónde" encontrar ese maravilloso lugar y "cómo" llegar. Lo único malo es que cuando llegaron a esta determinación, ya había pasado toda la noche por lo que llegaron a consultar al Búho cuando el sol ya colgaba en todo lo alto del cielo despejado y el pobre animal no podía ver absolutamente nada. Entonces, doblemente deslumbrado, por el sol y por su súbita fama, bajó del árbol, agradeció el arranque de entusiasmo y completamente ciego los dirigió a todos, que muy contentos lo siguieron pensando que "tal portento de bestia" sabía lo que hacía y lo que veía.
Claro está que no coincido plenamente con Nietzsche cuando sostiene que "los pueblos que no saben defenderse merecen desaparecer"; tampoco coincido al 100 por ciento con el sociólogo de Estado Kumplowitz cuando postula que "un Estado es la dominación psíquico–sexual de una raza sobre la otra", pero coincido con ambos, de algún modo, cuando veo cómo los "olvidados" se ciernen en torno al "profeta–escritor–mercadólogo–revolucionario" Marcos para reclamar desde la trinchera marginal para que "alguien", quien sea, los guíe a la tierra prometida donde... tendrán un espacio preponderante en el proyecto universal – en este caso federal –, donde no hay dolor ni tristeza ni amarguras ni las cargas cotidianas que les devienen necesariamente de su propia naturaleza.
¿Qué les duele? Su clamor Zapatista de "Tierra y Libertad" se transformo o "matizó" después para convertirse en varios clamores sui generis: Justicia, Educación, Vivienda Digna, Comida Digna, Luz, Agua, Teléfono, Atención Hospitalaria, Medicina Barata, Presencia en el Gobierno, Tiempo Aire en el Radio y Televisión, Titulares en los principales diarios y revistas del país, Camiones para andar paseando encapuchados por toda la República. Con el tiempo, les aseguro, pedirán un BMW cada uno, una casa de recreo en las Brisas y por supuesto una casita normal en Bosques de la Lomas. Cualquier cosa que vaya tejiendo su imaginación y no sea acotada por alguien o alguienes.
Que yo sepa, todos y cada uno de nosotros, mestizos o indígenas tenemos más o menos las mismas necesidades y carencias que los que vienen encapuchados. Baste ver las cárceles que están llenas de mestizos, muchos sentenciados injustamente. Por lo que hace a la Educación, probado está que el Sistema Educativo Gubernamental y Particular encadenan a las personas durante aproximadamente 20 años para convertirlos en unos cuasi–analfabetos con serias carencias en todos los ámbitos del conocimiento humano, empezando por la ortografía y terminando con que piensan que Miguel Hidalgo y Costilla son tres personas diferentes – como la Santísima Trinidad – o que la I. en el nombre de Madero quiere decir ingeniero.
¿Para qué quieren la tierra? Sólo hay que echarle un ojo al número de casos en los que un ejidatario o comunero espera durante años una dotación de terreno por parte del Gobierno Federal, sólo para venderla a los pocos días por unos cuantos pesos a particulares, que poco a poco empiezan a constituir el Nuevo Latifundismo Mexicano.
Por aquello de la atención hospitalaria, yo creo que todos de algún modo hemos sufrido las inefables cualidades del IMSS o el ISSSTE, en los que hacen ligaduras de trompas sin consentimiento de las pacientes o te cortan un dedo fracturado porque el microcirujano no está.
Tampoco eso del agua y la comida lo entiendo muy bien. Mientras en todo el mundo se está optando por regresar al naturismo con reminiscencias célticas como parte del New Age, vendiendo más caros los insumos que rezan en sus etiquetas "100% natural" o "never caged" (refiriéndose a la carne de pollo, vaca o puerco), los indígenas claman por agua entubada o Bonafont, KFC, Suavitel, Vel Rosita y Suavelastic, en vez de ir al río o matar su animalito para comer o hacer las cosas de la manera sana.
Como quiera que sea, yo no veo a donde quieren llegar haciendo una marcha triunfal por todo el sur y centro del país. ¿Cuál es el ideal que persiguen que realmente no coincida con los ideales de los mestizos como usted y como yo? Nadie quiere que lo secuestren en la esquina y le den un balazo por unos cuantos pesos, nadie quiere ni merece que lo trepen a una ambulancia del ERUM y le quiten lo poco que lleve encima para después irlo a tirar a la antesala repleta de un hospital insalubre donde le diagnostiquen cáncer de ovario por atropellamiento y le quiten por equivocación dos metros de intestino delgado. Lo único malo es que como somos mestizos no tenemos suficiente poder de negociación o de chantaje y estamos ocupados tratando de trabajar sin perder la vida en el intento para aspirar a vivir un poco mejor, y todo esto sin vestirnos de bandoleros ni buscando un mercachifle que prometa guiarnos a la tierra prometida de placeres eternos.
Si lo que los zapatistas pretenden de la vida es acceder a la tranquilidad, justicia y bienestar de la civilización moderna, pues yo con todo gusto le cambio su media hectárea de terreno al tzotzil o tzeltal que le acomode, por mis 120 metros de departamento enclavado en la ruidosa ciudad de México; le cambio mi remedo de perro por sus 10 o 15 perros que tienen a la puerta de su casa; de todo corazón le cambio mi coche (con todo y sus tenencias, seguros y reparaciones) por un par de caballos y un burro; las miles de horas de escuela por las narraciones místicas de los viejos del pueblo; le cambio el ozono por las estrellas que parece se pueden descolgar de las noches hermosas del sur del país; le cambio mi fast food llena de colesterol y triglicéridos a media tarde y a toda prisa, por una buena tortilla hecha a mano al calor del aromático comal chispeante y crepitante. Por mi madre que prefiero morir de viejo alejado de las bondades de la civilización, que acribillado en la calle como un perro, en la misma ciudad pero a kilómetros de mi hogar. Le cambio la educación por la sonrisa de mi hija correteando gallinas o cerdos, acariciando perros sin raza, llenándose los ojos de estrellas y los pulmones de oxígeno, de aromas misteriosos que nacen de la selva.
Cualquiera me puede decir que en realidad no conozco la verdad sobre los problemas indígenas al expresarme de esta manera, pero con absoluta honradez le puedo afirmar a cualquier encapuchado que no falto a la verdad cuando digo que las vejaciones y la dificultad de la lucha por la vida se hacen patentes en todas las clases sociales, en todos los niveles educativos y en todos los rincones de este hermoso país. Si Marcos les prometió entrar por la puerta grande al México moderno, amigos, pueden regresar por donde vinieron porque aquí no hay más esperanza que la que ustedes cosechan todas las noches, cerca de sus hijos, de levantarse con bien al otro día. La lucha por encontrar un "mundo feliz" es de todos, todos los días, y nada tiene que ver con echarse a correr detrás de alguien, dejando todo atrás. Nada tiene que ver con el color de piel o con el sabor de las palabras.
Finalmente, si fuera Nietzsche diría que no creo que los indígenas zapatistas vayan a desaparecer de la noche a la mañana, pero por ingenuos, manipulables y encapuchados, se lo merecen.
Ah, se me olvidó decirles qué les pasó a los animales de la fábula. Pues resulta que siguieron muy confiados y contentos al Búho, logrando su cometido, pero no como ellos creían o querían. El Búho, como no veía nada, los guió directamente a un acantilado donde, de uno en uno, fueron cayendo al fondo para encontrar una muerte rápida pero dolorosa. Seguramente ya están en su mundo feliz. ¿La moraleja? No la sé. Pero estoy seguro que si Marcos "el mestizo" y su encapuchada horda persisten en sus arrestos de honor y gloria instantánea, la descubrirán en muy poco tiempo.
© Panóptico, Eduardo Liceaga-Martínez
Marzo 15, 2001