Calabozos, Diputados y Dragones
Por
Eduardo Liceaga–Martínez
Gran expectación ha causado entre los cinéfilos y comicófilos el estreno de la producción Calabozos y Dragones. Para todos aquellos que conocen la zaga, cualquier cosa que pueda decir al respecto, sale sobrando. Sin embargo, para todos aquellos que no tienen ni la menor idea de lo que estoy hablando, baste decir que Calabozos y Dragones nació en un principio como un cómic dando origen posteriormente a un juego de mesa cuya característica diferencial con los juegos que comúnmente conocemos, es que su duración puede prolongarse semanas e incluso meses. Pueden intervenir muchos participantes al mismo tiempo y no es necesario que se encuentren todos para continuar la partida sin que ello resulte en un atraso sustancial al participante ausente. En realidad tanto la trama de la caricatura como el juego de mesa son complejos en su desarrollo y por regla general despiertan poderosas pasiones en quienes ven la caricatura o juegan su versión de mesa.
En Calabozos y Dragones unos "comunes y corrientes" adolescentes, incluyendo un par de niños, van a la feria con la única intención de pasar un buen rato. Pero al entrar a una famosa diversión tipo trencillo denominada Congreso de la Unión, perdón, Calabozos y Dragones, se pierden de manera misteriosa en su interior llegando "por arte de magia" a un mundo fantástico.
Primero, como es entendible, sufren de la desorientación lógica de quienes se encuentran en un lugar desconocido y comienzan por hacer todo tipo de torpezas con el único fin de salir de ahí de la mejor manera posible. Pero después caen en la cuenta de que han sido dotados de fuero y presupuesto, perdón, quise decir de extraordinarios poderes y armas con las cuales pueden hacer frente a todo tipo de infortunios propios de este mundo majestuoso. Es así que algunos se emocionan y despliegan su incontrolado poder con fines protagónicos, otros se convierten en líderes mesiánicos y otros reniegan de tales poderes porque simple y sencillamente no los saben usar, convirtiéndose en blanco fácil de los que si los saben usar.
Claro está que en este mundo ya existían "seres" de todas formas y colores, que súbitamente se vuelven aliados de los púberes o por el contrario se oponen a ellos buscando su aniquilación. De cualquier manera, no se espanten. Acuérdense que solamente es una caricatura y un jueguito.
Hablando de otras caricaturas, ¿se acuerdan cómo de la noche a la mañana todo el país se vistió con los colores de Acción Nacional?, ¿recuerdan cómo las calcomanías de "Amigos de Fox" tapizaron casas, coches y atuendos deportivos?, ¿son conscientes que príistas de hueso colorado y perredistas jurados "amanecían" panistas de toda la vida?
Pues si no se dieron cuenta en su momento, déjenme decirles que Fox y sus amiguitos nunca fueron panistas químicamente puros. Si bien es cierto que existió una simbiosis muy acaramelada nutrida por el carisma del señor Vicente Fox, y la disciplinada estructura blanquiazul, la verdad saltó atravancadamente a la vista de todo el mundo.
Y todo esto ¿a propósito de que? Pues de que el guerrillero–actor–mercadólogo–payaso–plañidera Marcos viene arrastrando lastimeramente "los reclamos indígenas" con la insana intensión de encaramarlos, cual acto contrito de catarsis mística, en la máxima tribuna de la República Fantástica. Cierto es que no siempre se ha hecho uso de esa tribuna con la dignidad que merece. Cualquiera que haya estado en una sesión del pleno puede corroborar mi dicho en el sentido de que las más de las veces se escupen palabras deliberadamente ininteligibles cuyos escasos receptores en el mejor de los casos están curándose la cruda. Pero esta inefable circunstancia no faculta ni legitima la presencia de guerrilleros declarados en el seno del Congreso General de los Estados Unidos Mexicanos, independientemente de la legitimidad de sus reclamos.
¿No se suponía que el cambio democrático investía tanto al ejecutivo como al legislativo de legitimidad?. Resulta sintomático de una clase política corrupta el ponerse de rodillas ante reclamos que suenan lógicos y legítimos en las voces de los supuestos agraviados. El ejército mexicano y los cuerpos de seguridad pública, con todo lo que nos cuestan a los que pagamos impuestos, formados cual monigotes de cartón en derredor de los enemigos de la patria, sólo se justifican en los gobiernos totalitarios que aceptan tales afrentas a manera de "cortina de humo" para aparecer como democráticos ante sus socios comerciales y gobiernos plurales del mundo.
Por otra parte, la aparente táctica (no estrategia) del Ejecutivo Federal de dejar llegar a Marcos a donde quiera con el fin de desgastar su imagen pública ha dado frutos a medias y sinceramente creo que ha salido mejor librado de lo que todos esperábamos. Y esto es así porque si bien su discurso siempre es el mismo en el fondo, jamás le faltan alegorías, fábulas, cuentos, novelas y hasta groserías, para aderezarlo. Y si esto fuera poco, su estrategia (no táctica) consiste en dejarse ver en todos los foros de potenciales agraviados cambiando la "forma" del discurso para decirle a cada grupo identificado lo que quiere oír – no sé a quien me recuerda –.
Aun así, la crisis que provocó la incursión del EZLN en la capital del país hasta el punto de hacer uso de la tribuna del Congreso, se lo entendería a un gobierno priísta pleno de sentimiento de culpa, necesitado de legitimación ante la sociedad, ávido de simpatías populares y ansioso por un poco de reconocimiento internacional. Entonces, ¿qué el guionista de esta caricatura se está volviendo loco o le quiere dar giros inesperados para mantener la atención?
Pues en todo este jaloneo de poderes incontrolables e inentendibles, tras la exhibición del petate del muerto del niño berrinchudo Marcos – de que ya se iba si no le daban su paleta – el magnánimo Presidente Constitucional de los Estados Unidos Mexicanos trató de usar, por vez primera, el báculo mágico que, se supone, alinearía los dedos en el Congreso de la Unión aprobando en automático la presencia guerrillera en el escenario legislativo. Un llamado a la cordura, dijo.
El sortilegio no funcionó, o parece que funcionó en reversa porque en promedio, el 90 por ciento de los panistas votaron en contra de la presencia de Marcos en la Cámara, dándole un "llegue" de pasadita al presidente para dejarle en claro que la "disciplina" es hacia el interior del partido y no al revés como antaño. Y ahí es donde ya no entendí nada de nada... Es decir... pero... pero... ¿Qué les pasa a los albicelestes?, ¿qué no eran de la misma banda?, ¿qué no comulgaron juntos en el mismo cáliz hace unos pocos meses?, ¿qué ya se dieron cuenta – hasta ahora – que la simpatía del presidente la ganó en campaña con la boca conectada más al corazón que al cerebro?.
Cabe mencionar por otra parte que la orden presidencial encontró mejores oídos, o por lo menos más obedientes, en sus enemigos naturales, los priístas. ¿Será por su costumbre de levantar el dedo ante la mirada presidencial o de plano lo querrán seducir para volverlo priísta?, ¿o será que en realidad Vicente Fox es un priísta disfrazado de panista y los panistas se acaban de dar cuenta?, ¿o será que los panistas lo usaron para llegar al poder y ya no saben donde meterlo? Decida usted.
Haciendo lo suyo, los perredistas votaron a favor de la usurpación del Congreso por el megalómano encapuchado. Claro está que no iban a perder la oportunidad de entregarle en propia mano y en tan fastuoso escenario sus bastones de mando... Si a leguas se les nota la urgencia que tienen de que ya se les muera el Tata para ungir patriarca al seudomártir revolucionario, émulo del Che Guevara.
De toda suerte, el Ejecutivo ya se quedó sin cuates o por lo menos eso parece. Va a necesitar unos nuevos o hacerse el simpático con los viejos para que lo acepten de nuevo en el club de Diego, creo yo.
En conclusión, como en Calabozos, Diputados y Dragones, el presidente Vicente Fox Quezada fue a la feria con sus "amigos" pagando su boleto con un cheque sin fondos llamado "cambio", cayendo en un mundo fantástico donde adquirió súbitamente poderes que todavía no comprende ni conoce, donde sus aliados se convierten en sus enemigos y sus enemigos se convierten en aliados. Y mientras el presidente se descubre y la casta política del país se redescubre... A nosotros sólo nos queda ser meros críticos y espectadores de las dos super producciones. Y la verdad, la verdad... no la he visto pero presiento que mejor me quedo con la película, ¿y usted?
© Panóptico, Eduardo Liceaga–Martínez
Abril 1, 2001
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