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Marcos y Fox
Por Alberto Carrillo

Al comenzar el 2001 pocos imaginamos que este año podría superar al anterior en cuanto a acontecimientos que pueden pasar a la historia. Después de que el 2000 fue el año en que se terminó la hegemonía del PRI en el poder mediante la elección del primer presidente que se considera realmente legítimo, este año sólo podría superarlo si el nuevo gobierno lograba sentar las bases para cambiar el rostro de México. Y México está cambiando, pero no en el sentido que esperábamos muchos, sino debido al protagonismo de Marcos y del presidente Fox en el escenario nacional.

Muchos esperaban que Fox cambiara México, que lo volviera más productivo, más seguro, que generara más empleos, que reorganizara al gobierno federal, que saneara sus finanzas, etc. Sin embargo, aunque apenas han transcurrido menos de cuatro meses, hasta ahora sólo se han visto del nuevo gobierno muchos compromisos y anuncios, viajes y apariciones en público, mucho entusiasmo y hasta humorismo presidencial. Con mucho el máximo logro del presidente Fox ha sido inflar la figura de Marcos y del movimiento zapatista, sacarlo de su silencio y de su rincón para permitirle convertirse en la figura más relevante del entorno nacional.

El cambio en la estrategia presidencial para manejar el conflicto de Chiapas ha sido más que beneficioso para Marcos quien no había conseguido tanta atención en los siete años anteriores. El presidente Salinas primero lo confrontó militarmente y luego declaró una tregua y se inclinó por el diálogo para la solución del conflicto, lo que se ha convertido en una tradición a partir de entonces. Pero durante el periodo salinista las negociaciones se estancaron. El presidente Zedillo continuó con la estrategia del diálogo, se firmaron los acuerdos de San Andrés pero nunca cedió a las exigencias zapatistas para convertir en leyes la propuesta de la Cocopa; a la cerrazón zapatista el gobierno respondió con más cerrazón y optó por aislarlos. Con la llegada de Vicente Fox a la presidencia terminaron varios años de mínima actividad zapatista. Nuevamente recogió la estrategia del diálogo pero con una nueva modalidad, la de ceder terreno a cambio de nada.

Aunque el gobierno de Fox no le debía nada a los zapatistas a excepción de los compromisos firmados a nombre del gobierno federal durante el mandato de Zedillo, los zapatistas le impusieron tres condiciones nada más para reanudar el diálogo. Y en una actitud absurda, el presidente Fox se prestó a satisfacer las condiciones impuestas cuando éstas debían ser parte de la negociación misma. Esta fue la primera señal de lo que vendría después.

Marcos inició el sexenio recluido en la selva de Chiapas con un movimiento que apenas daba señales de vida. Pero desde la llegada de Fox a la presidencia la popularidad de Marcos y el movimiento zapatista ha ido en aumento y todo indica que esta tendencia seguirá igual en el futuro cercano por lo menos. Marcos está en su mejor momento y puede llegar a más. Es probable que de aquí en adelante la figura de Marcos seguirá inflándose en detrimento de la figura del presidente Fox.

Marcos goza de tan buena aceptación que su popularidad no se ha visto afectada por sus cualidades negativas, como sus muestras claras de cerrazón e intransigencia. Nada parece afectar negativamente su imagen y quienes lo idolatran no toleran la crítica a su persona ni a su movimiento. Para empezar, no aceptó las primeras concesiones del presidente Fox en cumplimiento de sus condiciones para el diálogo. Marcos no acepta nada a medias, él exige "todo o nada". Luego mintió sobre las supuestas acciones de Fox y de Jorge Castañeda para impedir que la Cruz Roja acompañara la marcha, pero a nadie pareció importarle ese "detalle". Aunque el gobierno proporcionó comodidades y seguridad a los zapatistas y a los extranjeros que acompañaron la marcha, durante los mítines realizados Marcos no desaprovechó las oportunidades para burlarse y criticar a los panistas, alcaldes, gobernadores y al mismo presidente.

Mientras que Marcos trabaja para su causa y de paso se burla del presidente, Vicente Fox se dedica a hacerle concesiones y a hablar bien de Marcos. Empezó el presidente por aceptar la entrada a México de todos los extranjeros seguidores de la causa zapatista, lo que se interpretó como una clara señal de que se les permitiría a los extranjeros el activismo político prohibido por la ley. Después puso los reflectores sobre la marcha zapatista a la que proporcionó seguridad y todas las facilidades. A los insultos y las críticas de Marcos ha respondido siempre con halagos y muestras de respeto. Fox se ha convertido en uno de los principales admiradores y promotores de Marcos.

Después de someter al ejecutivo a su antojo Marcos decidió someter al congreso. Los diputados decidieron recibirlo en una comisión adecuada para discutir sobre la ley indígena pero a Marcos – y se supone que a los zapatistas – les pareció indigno que no se les permitiera hablar ante el pleno del congreso. Hablar ante el pleno es prerrogativa de legisladores y del ejecutivo además de que no es un lugar adecuado para discutir leyes pues es imposible un diálogo con 500 diputados. Aún así Marcos decidió marcharse y no hablar – en una muestra más de que no es capaz de ceder en sus exigencias – a menos que se le permitiera usar la máxima tribuna del congreso. Y el congreso se sometió al mandato de Marcos. Parece que muchos diputados no quieren pensar en que Marcos no tendrá ningún respeto por las resoluciones del congreso si estas no le favorecen.

Así podemos prever que en caso de que la ley indígena sea modificada por los legisladores – que sería lo más probable si cumplen con su obligación de no aprobar leyes que vayan en contra de la constitución – Marcos no respetará la decisión del congreso. Aunque ha dicho que viene a pedir ayuda en realidad viene a exigir y no aceptará nada menos que lo que pide. Algunos miembros de la caravana ya han previsto que de no aprobarse la ley indígena a su satisfacción presionarán al congreso hasta obtener lo que piden. Pero nada de esto será necesario si el congreso se somete a los deseos de Marcos y de los zapatistas.

Por lo pronto los zapatistas hablaron y ya se van. Lograron lo que querían, se subieron a la máxima tribuna de la nación. Parece que en realidad no venían a discutir la propuesta de ley indígena. No es necesario que se queden, pues en estos momentos los legisladores están más dispuestos a aprobar las iniciativas de Marcos que las del presidente Fox. Hemos dejado atrás el sistema presidencialista donde el congreso se sometía a los designios del presidente de la república y tal vez estemos entrando a una nueva era donde el congreso se someterá a los designios de un guerrillero en guerra contra el sistema.

Marcos se ha convertido en un hábil político, pero siempre insiste en que la política apesta. Cuando habla en entrevistas es mucho más prudente que cuando arenga a la gente en uno de sus mítines. Sabe que de quedarse más tiempo en la capital se desgastaría su movimiento, por eso prefiere irse como triunfador. Él se llama a sí mismo demócrata aunque sus actitudes y discursos han sido claramente antidemocráticos. Reiteradamente ha manifestado su desprecio por las instituciones de la república y por nuestro sistema democrático y durante años a hecho llamados a no participar en las elecciones. En resumen plantea una política de no aceptación de las reglas del juego.

En sus discursos ha pasado de las exigencias en favor de los indígenas a la crítica hacia el sistema político imperante en el mundo, el neoliberalismo, la globalización, la clase empresarial, el Partido Acción Nacional y hacia todos quienes están en contra de su movimiento. Su discurso coincide con el de la izquierda, pero Marcos va más allá, al cuestionar las reglas del sistema político, la validez de las instituciones y al no reconocer la legitimidad de los logros democráticos en el país – aunque hace poco mencionó en una entrevista que Fox era un presidente legítimo.

No es raro que tenga el apoyo de la izquierda perredista pero no es fácil de explicar el apoyo fuera de este sector de la población a pesar de la ideología de su discurso. Parece que lo que ocurre es que la gente no ha leído o no ha escuchado realmente a Marcos, en la pasada elección presidencial la mayor parte de la gente parecía apoyar el modelo económico actual y ahora muchas de esas personas que votaron por el PRI y por el PAN – responsables de las políticas económicas actuales – apoyan a Marcos que es enemigo de ese modelo.

Al parecer la mayoría de los mexicanos actúan en forma irreflexiva. La popularidad de Marcos es más bien un fenómeno emocional que una decisión racional – como ocurre con todo fenómeno de masas. Este nuevo caudillo ha sabido encender una cuestión que estuvo reprimido en el inconsciente de la sociedad mestiza durante siglos, me refiero a la culpa por el olvido y el atraso en que viven los indígenas. El fenómeno de su popularidad es tan peculiar que muchos de los seguidores de Marcos son a la vez seguidores de Vicente Fox a quien Marcos ha señalado como uno de los principales enemigos de su causa.

La sociedad se ha divido en una forma un tanto complicada. Aunque parece claro que casi toda la sociedad – por no decir toda – está en favor de la causa indígena. Tanto Marcos como Fox tienen una gran popularidad, aunque defienden ideologías diferentes ambos son personajes atrayentes para los mexicanos. En México pasamos en pocos meses de ser seguidores de un caudillo salvador, Vicente Fox, a seguidores de otro caudillo salvador, Marcos. El presidente Fox sigue gozando de mucha aceptación a pesar de sus evidentes errores; parece ser que el mismo fenómeno que le impide ver a mucha gente los defectos y los errores del presidente ocurre en relación con Marcos. Es tal la orfandad de líderes reales que necesitamos crear héroes casi míticos a los que no se les encuentra defecto alguno, sólo virtudes.

También muchos intelectuales abandonaron – si es que alguna vez la tuvieron – la responsabilidad de analizar objetivamente la realidad, para convertirse en adoradores de Marcos. Ahora esto no es algo nuevo, normalmente son "críticos y objetivos" únicamente con quienes no coinciden con su ideología. Esa es la clase de "intelectuales" que tenemos. Entre los intelectuales y en general los seguidores de Marcos se les llama racistas, intolerantes o explotadores de indios a todos aquellos que no coinciden con su ideología o que simplemente le critican.

Muy pronto olvidaron muchos mexicanos cuales eran las prioridades del país – los problemas más importantes a resolver de los que tenía que ocuparse el presidente Fox – para establecer como máxima prioridad el problema indígena. Dicen algunos que "algo bueno tendrá que salir de todo esto" refiriéndose a la relevancia que está tomando el problema indígena en nuestro país. Pero yo creo que tomando en cuenta la ineficacia y debilidad que está mostrando el gobierno, que la ilegalidad se ha convertido en la norma de acción del gobierno y la sociedad, que las prioridades de la nación han quedado debajo de la solución al conflicto chiapaneco y que el ejecutivo, el legislativo y buena parte de la sociedad se están sometiendo a la voluntad de un guerrillero en guerra contra el gobierno, lo más probable es que "nada bueno resultará de todo esto".

En estos momentos hay grandes esperanzas de que se logren acuerdos. Pero si para ello el presidente y el congreso han de olvidarse de cumplir con sus obligaciones y se debe perder el respeto hacia las leyes y las instituciones, entonces tal vez la sociedad mexicana perderá más de lo que se ha de ganar en los acuerdos de paz y en la aprobación de nuevas leyes. Al final el presidente Fox se sentirá satisfecho de haber logrado la paz y Marcos se sentirá satisfecho de haber diezmado las instituciones de un sistema en el que no cree.

© Panóptico, Alberto Carrillo
Abril 1, 2001