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El Merolico
Por Eduardo Liceaga-Martínez

Cuando uno se da el tiempo de caminar por alguna concurrida plaza de las que hay en mayor número que iglesias en la República Mexicana, no se puede más que admirar de las maravillas que se logran observar y en la mayoría de los casos comprar por unos cuantos pesos. Las etnias, clases sociales, gritos, estilos arquitectónicos y productos que se ofrecen, se enmadejan en un mosaico multicolor que palpita como el poderoso ronroneo de una bestia dormida. Y tal vez es eso, una bestia dormida.

Es fácil encontrar cuasi-galenos o galenos consumados, uno no puede saber, que se yerguen doctos y facultados más por su cochambrosa bata y por la necesidad que por los estudios necesarios ofreciendo por 20 pesos con estetoscopio en mano un "chequeo integral" de corazón, nariz, garganta y pulmones, como si fuera cualquier cosa; más allá se arremolina una pertrechada argamasa de tarascos vestidos de mugre que ya han dejado sus tierras y entre balbuceos autóctonos piden dinero para un pan, para el pasaje de regreso, para un taco, dinero al fin; en los flancos se atrincheran los artesanos y "maistros" que cual condena pública portan, ya sea en cuello o paraditos en el caliente asfalto, letreros de cartón en donde se pueden leer sus habilidades: "maiztro pintor", "plomero", "alvañil", "carpintero", "laba alfomvras", etc.; el premio al mejor tenderete se le debe otorgar sin reparo al "comerciante semifijo" de cassettes y discos compactos piratas, que como si fuera poco el tamaño y distribución de su templete, siempre se preocupa de dotar a algún ropero viejo de un buen número de potentísimos altavoces, que lo hacen "notorio" a casi una centena de metros; de agujerados pedazos de plástico azul nacen montañas de "importados" que se venden a 15 pesos con pilas y todo: por regla general Made in China. Pero el que se lleva las palmas, el Oscar, el Grammie, el Globo de Oro y cualquier otro que exista o pudiera existir, es el artificioso taumaturgo.

Este tipo de personaje no siempre está, y no en todos lados, pero seguramente todos hemos podido presenciar el arte y la ciencia de este tipo de excéntricos. Voy a tratar de describirlo y si su "taumaturgo" particular no coincide con mi descripción, desconfíe: usa jeans de marca pero presumiblemente piratotas, playera a rayas o con estampado pectoral vulcanizado del Hombre Araña, Batman, Superman o héroe de moda, en cualquier caso de calidad comprobada puesto que puede albergar sin roturas aparentes la tensión generada por la pronunciada curvatura de la panza distendida del curandero; porta enrollada ya sea en el brazo, la pierna o en el cuello, dependiendo de la necesidad del momento, una tremenda viborota que según él es mortal y que no le hace nada por efectos de las artes que domina; corte de cabello estilo machete sin filo; su tez debe coincidir en color y aveces en forma con las manchas que dejan sus dedos después de manipular a la víbora: café cobrizo; voz desentonada de contralto, aunque en los momentos oportunos puede maniobrar lo suficiente para alcanzar tanto tonos de tenor como de barítono; para coronar toda la escenografía distribuye convenientemente a varios miembros de su familia infiltrados en la muchedumbre para que una discretísima señal se entreguen a las manos del merolico para ser curados ipso facto de mal de ojo, espanto, escoliosis, onicomicosis, toses crónicas, artritis, reumatismo, diabetes, etc. Es más, yo creo que no se da mucho el caso por el tipo de público que asiste a los espectáculos milagrosos de estas personas, pero yo me encuentro plenamente convencido que de presentarse la ocasión podrían ser, ahí mismo, analistas políticos, asesores financieros, programadores, diplomáticos consumados, astrofísicos y sin lugar a ninguna duda presidentes municipales, gobernadores, diputados locales o federales, directores de cualquier desconcentrado o descentralizado, y ya echando mano de sus mejores dotes, presidentes de la república.

Hace algunos pocos años, presenciamos lo que se entendió como el inicio de la democracia. No me estoy refiriendo a aquellos días aciagos que el Revolucionario Institucional se equivocó de manera irreparable, decidiendo brincarse una generación de políticos consumados, disciplinados, de trayectoria impecable y con todos los méritos para ocupar la silla presidencial: La Corriente Democrática, ¿se acuerdan?, la escandalosa escisión de los valiosísimos Muñoz Ledo y Cuauhtémoc Cárdenas. Bueno, de todos modos no me estoy refiriendo a ese nacimiento de la democracia sino al nacimiento nacimiento, cuando en las elecciones para la renovación del Congreso Federal, los perredistas y panistas, a los ojos de los priístas, prácticamente asaltaron el Congreso, despelucándolos de la mayoría calificada y hasta de la relativa. Si, acuérdense, cuando el PRI ya no pudo controlar el Congreso y Muñoz Ledo tuvo en un puño al país entero porque se creía que iba a despotricar como un enajenado contra las atrocidades del régimen que moría. Porque en esos días se dijo que ya moría de morir morir y nomás daba patadas de ahogamiento. Si hombre, aquellos tiempos en que la todavía oposición controlaba la mayoría del Congreso pero no podía destrabar en las Comisiones ningún Juicio Político, Declaración de Procedencia o Iniciativa de Ley.

Pues en esas fechas, la Cámara de Diputados Federal se volvió una cena de negros, los argumentos más contundentes eran las mentadas de madre y por resultado se trabaron todas las reformas constitucionales, legales y reglamentarias. Es decir, le pagamos sus dietas a unos locos que se la pasaron en la tribuna contestando alusiones personales: si tú eres un ratero, si yo no soy ratero, si ustedes son más rateros, si aquellos son unos asesinos, que si aquellos de más pa'alla son unos mugrosos, etcétera, etcétera. Como quiera que esto fuere, en realidad este es el verdadero precio de la democracia, pues se supone que las personas que ahí se sientan representan a sectores de la población con diferencias abismales y por lógica consecuencia chocan en puntos de vista irreductibles. Quiero ver que convenzan a un militante del Partido del Trabajo de que se liberen los precios de la canasta básica o a los del Verde Ecologista de que aprueben la tala de bosques tropicales para dotación de ejidos.

Ahora las cosas no han cambiado mucho en el Congreso, y yo creo que hasta han empeorado. Los agonizantes priístas parece que han cambiado de color azul muerto a medio amarillito desmejorado, no se vaya a convertir en axioma el popular refrán de hierba mala nunca muere, porque entonces podría interpretarse que mientras más mala menos muere y ya podemos estar pensando en un PRI renovado y con ganas de revancha. A lo que voy es a que ahora los indisciplinados panistas son un total de 205 y para sacar cualquier reforma constitucional se necesitan unos 250 votos a favor. Si a esto le añadimos que los priístas después de vivir en un autoimpuesto letargo doctrinario, se reencuentran con que sus orígenes son de izquierda, pues día a día se empiezan a parecer más a sus hermanos pródigos del PRD. En esta dinámica tenemos a la vuelta de la esquina que todas las iniciativas del Presidente que huelan tantito a Adam Smith, David Ricardo o Maynard Keynes, van a tronar en los pasillos de San Lázaro. NOTA: Ya sé que todos esos autores están superados y pasados de moda, pero eso habría que decírselo a título de caridad a los neotecnócratas empanizados obstinados en la "mano invisible", "utilidades marginales" e "impuestos directos".

También a título de caridad a los lectores, me autocensuré para no decir nada de la reforma fiscal integral que propone el Presidente Fox. Y ¿saben el por qué de mi autocensura?. Pues porque cualquier cosa que se diga o escriba de la misma, aparte de un desahogo emocional, se traduce en un repiqueteo necio emitido desde la trinchera clasemediera, según diría un foxlupano. Para consuelo mío y de todos los que me estén leyendo, déjenme decirles que la dichosa reforma tal y como está no va a pasar. Repito, no va a pasar con todo y los falaces anuncios que pintan a unos obreros y campesinos muy bien bañados y rasurados sonriendo sobre el fondo de una melodiosa voz que dice: No es cierto, no es cierto y no es cierto o Ya no más mordidas. Ahora si, el rey de la mercadotecnia está insultando nuestras inteligencias con la peregrina intención de que tras el comercial nos abracemos como hermanos y azotemos nuestras estúpidas cabezas contra la pared por habernos dejado engañar por los detractores del sistema. "Gracias señor Fox por sacarme de mi error, ya siento aliviada la cartera. No sé en que pensaba. Gracias mil. ¿Cómo se me fue a ocurrir que pagar más impuestos y seguir ganando lo mismo era malo?, ¿cómo no me di cuenta que los que piden mordida lo hacen por su maldad natural, por malos, malos y feos? Porque ganan sus buenos mil 500 pesos al mes y les alcanza perfecto para todo. Pero si es que piden dinero por ocurrentes, por mal educados, por avariciosos, por pura maldad pues. Mejor hay que decirle al Vaticano que permita su excomunión inmediata porque ya traen la maldad muy por dentro, son gente mala pues...".

La verdad de las cosas ni siquiera el presidente se cree todo lo que ha anunciado, ni como candidato ni como presidente. Pero sería más peligroso si se lo creyera. No considero que pueda sostener que en realidad creyó que después de haber ganado las pasadas elecciones los líderes sindicales, los caciques locales, los presidentes de las cooperativas, los líderes de las agrupaciones campesinas, los representantes de las asociaciones industriales y transformadoras iban a romper sus espadas, abrir sus trincheras y se iban a arrodillar a sus pies. Ha pasado todo lo contrario y los detentadores de los factores reales del poder se han replegado, rearmado y renovado en sus ideales de autoprotección para darle batalla frontal a todo lo que se antoje como renovación, llevándose entre las patas a los que no tenemos más representación que los payasos en los Congresos.

A propósito de todos estos nuevos conflictos reales, ahora se pueden identificar plenamente a los foxlupanos, que antes muy derechitos, como si cantaran el himno nacional, se arremolinaron en derredor del presidente para escupir insultos a todos aquellos que decíamos que las promesas foxistas no eran más que cantares de merolico. No trae una víbora amarrada al cuello, pero usa botas y jeans de marca; no usa cabello cortado a machetazo limpio pero lo usó hasta que sus expertos de imagen le pintaron y cortaron el pelo, la barba y le peinaron los bigotes; no prometió curar la onicomicosis y la reuma, pero prometió resolver Chiapas en 15 minutos; los tonos de barítono, contra alto y tenor los domina a la perfección, aunque después de ganar la silla presidencial se cuida de cantar bajito bajito y sólo en la ducha de los Pinos; infiltró a la perfección paleros en todos los ámbitos que gustosos se prestan a replicar sus mensajes huecos. Pobres foxlupanos, a fuerza de creer argumentan, se enojan, se enredan y hasta comienzan a prometer ellos mismos que "todo va cambiar". Lo repiten tanto que ahora suena como una cantaleta ritual que tendría por efecto más el autoconvencimiento que la discusión o la proposición. En su mirada brillosa y temblorosa se antoja al niño que sabe que no va a llegar Santa Claus aunque lo esperan hasta el alba y claman con verdadera convicción que sí lo vieron pero que no aterrizó porque ya se le había hecho tarde.

¿Saben quien se acerca a los merolicos? Los que por desidia no van al doctor, los desahuciados, las amas de casa que no tienen dinero para una consulta, los niños que se dejan impresionar por la víbora y en general los ignorantes que creen que con dos pases mágicos y un apretón se les va a enderezar la columna vertebral.

Hace unos días me enfrentó un foxlupano y me dijo que los panistas, ante la convocatoria de Fox en el Congreso para que Marcos hablara en tribuna, "se habían hecho del baño fuera de la bacinica"; también sostuvo vehementemente que López Obrador era un descerebrado celoso de que Fox fuera presidente y no él, que los estúpidos perredistas ignorantes y los imbéciles priístas renegados decadentes no podían aceptar que Fox era presidente y no lo dejaban gobernar en paz; que nosotros los ignorantes pensábamos que Martha Sahagún, Santiago Creel y todo el gabinete Foxista eran inexpertos cuando en realidad son personas infalibles de brillantez sin límite y claridad de pensamiento inmaculada; que las declaraciones erráticas, la falta de coordinación entre miembros del Gabinete y/o la bancada panista en realidad son parte de una estrategia deliberadamente inconsistente para que los detractores del sistema no la entendamos; que ya basta de teoría política y análisis sesudos porque sólo empantanamos el "ejercicio democrático" del poder y frenamos el "cambio".

Fue entonces que caí en la cuenta de que Fox para muchos es un avatar y no un presidente; que logró, en lugar de militantes, fanáticos y que ha hecho creer, con toda su maquinaria publicitaria, que el ejercicio del poder democrático sólo puede resultar de seguir ciegamente las iniciativas presidenciales. Que su minoría sabe lo que está bien para todos y que cualquiera que les pretenda abrir los ojos se convierte en un detractor, tránsfuga, renegado. En este orden de ideas, no queda sino sugerirles a los seguidores de Fox que en bien de los mexicanos "sensatos", "decentes" y "estudiosos" instauren una suerte de inquisición, compren armas y salgan en la noche a matar a todos los que parezcan priístas, panistas rebeldes, perredistas o petistas. Destinen algo de lo que recauden con la reforma fiscal a la creación de campos de concentración y alguno que otro horno crematorio para los más radicales que de plano no se vuelvan foxistas. Comiencen diezmando a la población a ver si entran en razón de que el proyecto foxista, que ni él conoce, es el bueno. Una guillotina también serviría porque es más barata y muy espectacular. Yo creo que así podrían gobernar como "sensatamente" lo exige el país. -¡Ya ves Vicente, ¿para qué reclutas tanto villamelón?!.

Ya es hora de regresar a la realidad. No va a haber cambio. Todo fue el grito desesperado de un hombre decidido y respaldado por un sueño. No nos van a doblar el sueldo a los asalariados, no nos van a exentar impuestos a los comerciantes, no van a bajar las colegiaturas, no va a bajar el dólar, no va a subir la calidad y competitividad de los productos mexicanos, no se abatirá la inseguridad, no se resolvió ni resolverá el conflicto en Chiapas en 15 minutos, no van a nacer más árboles, no va a haber más agua, no van a bajar los derechos ni los impuestos ni las tortillas ni el pan ni la gasolina ni nada, en una palabra, no va a haber cambio. O por lo menos no como lo prometió el ex-candidato de la Alianza por el Cambio.

Mientras tanto, como cualquier merolico, el presidente Fox guarda la víbora, levanta el dinero y se disuelve entre la multitud como cualquier mortal hasta que llegue el momento de volver a vender esperanzas. Porque ya nos dimos cuenta, y los que no se han dado cuenta ya se darán, que los ungüentos milagrosos no existen y si existen, para las enfermedades de este país... no sirven.

© Panóptico, Eduardo Liceaga-Martínez
Mayo 1, 2001