La palabra cultura se usa en varios sentidos. Se usa para hablar de cuánto sabe una persona en general o de las reliquias históricas o muestras artísticas de una nación o de un pueblo, también para referirse a la forma de vivir de un pueblo, es decir sus tradiciones, raíces y costumbres. En este último sentido todos tenemos o pertenecemos a una cultura, y claramente todos los pueblos representan o pertenecen a determinada cultura. Se habla mucho de la importancia o el valor de las culturas y sus orígenes pero difícilmente se podría decir que una cultura es más valiosa o más digna que otra. Se puede hablar de la importancia de sus contribuciones a la civilización, al conocimiento, al progreso, a la ciencia, etc. Que unas son más productivas, más abiertas o cerradas que otras. Que algunas aceptan más fácilmente las influencias, contribuciones o a personas ajenas a ellas. Que unas son más atrasadas o adelantadas en diferentes ámbitos, más democráticas, más religiosas, etc.
Cuando se habla de las culturas indígenas como si se tratara de algo venerable, puro e intocable a diferencia de la cultura del resto de los mexicanos – mestiza, corrupta, prostituida, contaminante, vulgar, americanizada – deberíamos preguntarnos si estamos siendo justos con ellas. La historia y la evolución de estas culturas de México son un proceso paralelo que nos ha vuelto bastante diferentes a quienes son indígenas de quienes son mestizos pero no nos ha hecho más valiosos a unos que a otros. A menos que aceptemos aquello de la pureza de sangre, de la dignidad del apellido o de la nobleza que se hereda.
La moda hoy es sobrevalorar a las culturas indígenas seguramente porque se parecen mucho a las culturas prehispánicas, esto es, su valor es principalmente histórico. Para muchos, los indígenas son como una especie de reliquia que hay que conservar intacta, pues su valor depende de la pureza. En ese sentido nuestra cultura mestiza no tendría el mismo valor que las indígenas a pesar de que la nuestra también proviene de las culturas prehispánicas en buena medida. Pero además de que los mestizos tienen sangre no indígena ya no nos parecemos mucho a aquellas culturas que nos dieron origen. Parece que hemos perdido valor como cultura debido a que hemos cambiado, nos hemos transformado en lo que ahora somos como consecuencia de que hemos aceptado la influencia de las culturas occidentales. Lo cual es un pecado que los adoradores de las culturas indias no perdonan a nuestra cultura.
Lo que en los individuos es un defecto en las culturas es una virtud. Normalmente nosotros llamamos cerrados o de mente estrecha a los individuos que no aprenden, que se niegan a cambiar, que no se transforman, que no evolucionan aunque ello sea en su propio perjuicio. Pero resulta que las culturas que se han cerrado a los cambios, que se han negado a transformarse tienen la virtud de mantenerse puras aunque ello signifique vivir sin las ventajas de la cultura occidental, mientras que la cultura que se ha transformado y se ha abierto a los cambios - por lo menos parcialmente - tienen el defecto de haberse degenerado. Se acepta que no corresponde a nadie hacer cambiar a otro individuo en su forma de comportarse o de pensar, pero parece que con relación a las culturas indígenas nos hemos decidido a tomarnos esa atribución, ya sea para cambiarlos o para impedir que cambien. Mientras a unos les preocupa que no arruinen su pureza cultural aceptando los bienes y costumbres propios de otra cultura a otros les preocupa integrarlos al progreso tecnológico.
¿Debemos intervenir con el desarrollo de las culturas? Creo que no tenemos derecho a detener su desarrollo y tampoco a definir su futuro. Las culturas indígenas actuales no deben ser un patrimonio cultural. Podemos proteger las piedras y los monumentos, pero la forma de vida de las personas no puede ser patrimonio histórico de nadie. La prioridad es la vida de las personas, no la conservación de sus formas de vida. Pregunto a los conservacionistas, ¿acaso se debería prohibir todo lo ajeno a su cultura porque la arruinan estéticamente? Aunque nos moleste que arruinen la belleza de sus vestimentas típicas al usar una camiseta con un logotipo comercial, usarla es una decisión de ellos únicamente.
Tal vez nuestra responsabilidad y la del Estado no deba ir más allá de brindarles las oportunidades para que ellos decidan su propio futuro. Y eso requiere de la intervención del Estado inevitablemente. Oportunidades significan acceso al conocimiento, a la tecnología, al crédito, a los avances democráticos y a la protección que brindan las leyes y el Estado. Sin conocimiento no puede haber progreso. Sin algunos avances tecnológicos puede ser muy penoso vivir. Sin capital es difícil generar riqueza. Sin democracia es casi imposible vivir con justicia y muchas veces la ley puede ser el único cobijo de quienes no tienen poder.
La "Comunidad"
Se ha puesto de moda encontrar costumbres que podemos aprender a las culturas indígenas. No dudo que haya mucho que aprender de ellas, al igual que de la mayoría de las culturas. El énfasis se ha puesto sobre la vida en "comunidad" y las votaciones a mano alzada propio de los indígenas. Algunos, como Marcos y otros representantes de la izquierda nacionales y extranjeros, predicen que el futuro de las sociedades humanas está en la "comunidad". Creen que la "comunidad" y la "democracia directa" resuelven los problemas a los que se enfrenta ahora la sociedad occidental. Ahora ven en las culturas indígenas muchas virtudes que en realidad son parte de su forma primitiva de vivir. La civilización occidental pasó por esas etapas hace mucho tiempo y las dejó atrás. Lo que ahora conocemos como democracia, el voto secreto, las leyes y el estado son inventos que surgieron para resolver esos conflictos que se dan necesariamente entre quienes forman la sociedad. Claro que no son la solución a todos los males sociales, pero hemos aprendido que la perfección para solucionar los problemas de la sociedad no existe. Hemos aprendido a tolerar lo mejor posible que los individuos piensen y actúen diferente. Y hemos encontrado fórmulas imperfectas para tomar decisiones con las que no están todos de acuerdo, manteniendo el respeto hacia los que no están de acuerdo, a diferencia de la comunidad indígena, en la que no se contempla el desacuerdo de los individuos pues está primero la comunidad antes que el individuo. Se han visto muchos ejemplos de que la comunidad indígena es peligrosa para los individuos disidentes. Como el acuerdo representa la "voluntad del pueblo" entonces el individuo en desacuerdo con esa voluntad está "contra el pueblo".
Tomar decisiones en "comunidad" surgió seguramente como consecuencia de que la propiedad de la tierra es colectiva entre los indios. Pero la comunidad indígena va más allá que la toma de decisiones sobre el uso de la tierra. Limita las libertades individuales al grado de que la comunidad puede decidir la religión o la filiación política del pueblo y los individuos que no estén de acuerdo con estas decisiones pueden ser expulsados. Aún así hay quienes defienden a la comunidad como una forma superior de organización de la sociedad, pues consideran que el individualismo y la propiedad privada son la fuente de los problemas en las sociedades capitalistas. Esto no es raro, pues ante la desaparición de la vigencia del comunismo, al modelo de la comunidad se le ve en forma esperanzadora como un sustituto ideológico.
Lo que es curioso es que quienes defienden la pluralidad cultural entre los pueblos – defensores furiosos de la identidad de cada grupo – se oponen a la pluralidad entre los individuos. Quienes por un lado pretenden defender el carácter liberal de la constitución por el otro defienden la pérdida de libertades individuales para algunos. Quienes dicen estar en favor del crecimiento del individuo defienden al individuo nacionalista o etnicista ante el individuo cosmopolita. Aquellos que luchaban por la revolución y cuyo sueño era la globalización del comunismo ahora se oponen a la globalización del individuo y la cultura.
Es bien sabido que quien ha experimentado la libertad difícilmente optará por vivir sin libertad. Quien ha experimentado el conocimiento difícilmente querrá vivir en la ignorancia. Quien ha experimentado la democracia difícilmente querrá vivir en un régimen antidemocrático. Quien ha experimentado el individualismo difícilmente optará por vivir en una sociedad que decide por él. Pero aún si alguien que conoce, que ha experimentado el individualismo optara por vivir en comunidad, su decisión la habrá tomado desde la perspectiva que da el conocimiento y la experiencia. Y eso es muy diferente de quien debe decidir desde la ignorancia de no haber vivido esa experiencia. La experiencia demuestra que aunque existe la tendencia a oponer resistencia a los cambios la gente – incluyendo a los indígenas – se mueve más hacia el conocimiento, la libertad, la democracia y el individualismo y no en sentido contrario. Por eso dudo que haya justicia con los indígenas si se les niegan las oportunidades de vivir en democracia, al amparo de las leyes, las libertades individuales, la forma de propiedad privada y el acceso al conocimiento.