Son tiempos de riesgo para hablar de proyectos indígenas. Se asume que hablar al respecto tendrá que dar rodeos en torno a los zapatistas o a la recientemente aprobada ley indígena. Se da por hecho que hay que hablar bien de los primeros y mal de la segunda. Por descontado se da que hay que aludir a la "gente color de tierra", a la "raza de bronce" y al bla, bla, bla. En resumen, se cae en un discurso vacío que sólo ha servido para fingir interés en los indígenas, que siguen sumidos en la miseria.
Y mientras la gente pierde tiempo con esa demagogia hueca, hay un modesto pero importante proyecto, llamado Movimiento Indígena Humanista (MOVIH), que funciona y lo hace bien. Su alcance es aún reducido, y se circunscribe básicamente a algunas comunidades de Oaxaca. En Nochixtlán, específicamente en las comunidades de Santiago Amatlán y San Pedro Buenavista, y en dos municipios de San Miguel Huautla, Tierra Colorada Huautla y Santa Catarina Ocotlán. Pero sabiendo que "el que mucho abarca poco aprieta", el MOVIH ha preferido concentrarse en estos lugares para poco a poco ir haciendo mella en la actitud de la gente.
El MOVIH apoya a que la gente de estas comunidades promueva sus tradiciones y las convierta en fuentes de empleo redituables. El proyecto impulsa la autocapacitación y el autoempleo con oficios como el tejido y teñido de la palma y los tejidos de lana. Además de esto, promueven talleres para el rescate cultural de la tradición oral y la lengua.
"Seleccionamos esos lugares por mero accidente. Un muchacho originario de Tierra Colorada que emigró al Distrito Federal se puso en contacto con nosotros, y en pláticas surgieron las necesidades de su comunidad. Nosotros ya veníamos trabajando algunos proyectos similares en Toluca, el Distrito Federal, Guadalajara y otros sitios. Entonces él sugirió que fuéramos a su tierra. Así lo hicimos en diciembre de 1998, y hasta la fecha" dice Fernando Ayala, uno de los responsables del éxito de este proyecto y que, a pesar de vivir en el Distrito Federal, hace frecuentes viajes hasta esos rincones del estado de Oaxaca, como una misión de altruismo y humanismo.
Basado en un esquema que rescata los valores de las culturas indígenas, lucha por el respeto de los derechos humanos y fomentar la autovaloración y autorealización de los pueblos, el MOVIH ha logrado avances significativos en esas comunidades, si bien un tanto limitados por la falta de apoyos y el escaso presupuesto. A la fecha, además de los talleres de autoempleo, se han realizado campañas de salud que han incluido tópicos como la prevención del alcoholismo y de la farmacodependencia, así como temas concernientes a la salud sexual y reproductiva.
Fernando Ayala comenta que "además, se están llevando a cabo cursos de computación para maestros con la idea de que ellos mismos capaciten a sus colegas y a los estudiantes a su cargo".
Actividades que realizar para la mejora de la comunidad nunca faltan. Recientemente, en Tierra Colorada se realizó el tendido de mil metros de manguera para la distribución de agua en la comunidad. Lo sorprendente es que el financiamiento proviene tan sólo de los aportes de los mismos miembros. No ha habido, a la fecha, participación destacable ni de los gobiernos local, estatal o federal y tampoco de otras instancias de la administración pública. Se trabaja con la voluntad, la pasión por conseguir metas y la autogestión llevada al extremo. "El numero de participantes varía de acuerdo al lugar y a nuestros tiempos, pero en general participan entre 35 y 50 personas de cada una de las comunidades, o sea que más o menos se cuenta con la colaboración regular de 120 a 160 personas. Y participan según su gusto y disposición. Algunos le entran a cavar la tierra para meter manguera, otros andan con lo del tejido de lana, otros con la palma, otros ayudan a convocar para las campañas, otros haciendo tortillas. En fin, todos ponen su granito de arena" dice Ayala.
No es sencillo mantener la motivación, pero el aliento del proyecto viene del convencimiento mismo de los participantes. En palabras de Fernando Ayala "nuestro objetivo es unir a nuestros pueblos y hacerles ver que tienen mucho que aportar al mundo. Nos interesa una transformación social basada en la transformación personal. No hacemos declaraciones revolucionarias. Hacemos esto no por sentimientos de culpa o visiones apocalípticas, y sabemos que no somos culpables de la situación de esta gente nuestra, pero hacemos lo que esta a nuestro alcance para mejorar sus condiciones de vida por responsabilidad moral y porque creemos que haciendo crecer a otros nosotros crecemos también. Nos planteamos todos nuestros proyectos en la reciprocidad, entendida como 'yo por ti, pero tú por otros'. Si la gente asume este compromiso, nosotros jugamos. Si ellos no están dispuestos a ayudar a otros nosotros nos vamos". Y el tiempo les va dando la razón, porque poco a poco, la gente de comunidades vecinas ha ido copiando el modelo y solicitando ayuda al MOVIH.
En esto se distingue el MOVIH del simple y gastado humanitarismo, que otorga recursos sin ton ni son, sin objetivos, seguimiento o programas. Y es que ni la dádiva ni la limosna transforman a quienes las reciben. El objetivo principal del movimiento humanista es romper la pasividad y promover la búsqueda del bienestar personal y comunitario. Hay que enfatizar que el enfoque del MOVIH es laico y no excluye a las personas con determinadas creencias o pertenencias a grupos políticos o religiosos.
"Estamos por atender también algunas comunidades totonacas de Puebla, pero nos faltan recursos y manos. Ojalá hubiera más gente deseosa de participar. Estos proyectos no sólo enriquecen a las comunidades, sino a uno mismo" enfatiza orgulloso Ayala, quien aprovecha para "invitar a todos los que quieran vincularse e involucrarse en esta labor. Cualquier cosa, no importa qué tan insignificante parezca, puede ayudar a la mejoría de las comunidades indígenas. Incluso comentar de estos proyectos a otras personas interesadas. No todos tienen tiempo de ir y trabajar con los indígenas, pero necesitamos asesores, divulgadores, y en fin, cualquier tipo de apoyo".
Sin demagogia, sin discursos rimbombantes, sin catecismos de uno u otro color, el Movimiento Indígena Humanista va, poco a poco, creciendo. Más que nada, en aspiraciones para una vida mejor para los indígenas de México.