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Cine, Sólo para la Elite
Por Gonzalo Rosado

Hace tiempo, en la época en que mi abuelo era joven las personas, aunque tuvieran bajos ingresos económicos, podían darse el gusto de divertirse y de cuando en cuando, asistir al cine o el teatro. Cuando mi padre era un muchacho todavía la gente podía salir a divertirse sin ningún problema. Cuando yo aún era un niño, en la década pasada, recuerdo que se podía ir sin mayor problema al cine y en algunas ocasiones las personas se podían quedar a ver la siguiente película, pues que había permanencia voluntaria. Además de eso, los miércoles había una promoción de 2x1 o mitad de precio, según fuera uno acompañado o solo. Las salas cinematográficas eran enormes y el boleto costaba alrededor de 15 pesos, lo cual estaba dentro de las posibilidades de casi todas las personas.

Pero ¿qué pasa hoy en día? Las grandes cadenas de cines se han expandido a gran velocidad, induciendo la quiebra de los pequeños cines independientes o pertenecientes a cadenas pequeñas. Y el problema para el usuario ha sido el desmedido crecimiento del precio del boleto. Cada vez que hay un aumento, a razón de uno cada ocho o diez meses, el precio crece más o menos 10 por ciento. ¿Qué sector de la población es el que ahora puede darse el lujo de ir al cine? Sí, tan sólo las clases medias y altas, es decir, sólo una mínima parte de la población. Si una familia de 4 personas entra al cine, entre los boletos, dulces y estacionamiento gastará fácilmente más de 200 pesos, lo cual es demasiado para una familia que tenga, digamos, ingresos de dos salarios mínimos.

La señora Gloria Morales, trabajadora administrativa del Colegio de Ciencias y Humanidades Sur desde hace 26 años comenta que este año ha ido al cine tres o cuatro veces, y eso porque sus hijas la invitan con cierta regularidad. "Si me sostuviera únicamente de mi salario, no podría darme este lujo". Afirmó que no recuerda la última vez que fue con toda su familia al cine.

Por otro lado, el policía Jaime Curiel, de 29 años de edad me dice que en cada salida con su familia al cine fácilmente se gasta entre 250 y 300 pesos, y que por este motivo son contadas las ocasiones que sale con ellos al cine. El oficial Curiel recuerda que cuando era más joven iba al cine cada semana, además de que era permanencia voluntaria, mientras que ahora, él y su familia van alrededor de cuatro veces al año.

Y estas dos personas son afortunadas, créalo o no. Al menos de vez cuando pueden acudir al cine. ¿Pero qué pasa con personas como la señora Virginia de la Rosa, trabajadora de limpieza del centro del Tlalpan desde hace 18 años. Doña Virginia comenta que la última vez que fue al cine fue hace como cinco años, en comparación con épocas en las que iba una o dos veces a la semana. La razón por la que ya no va al cine es "porque tuve a mi hijo y hay cosas más importantes en qué gastar el dinero".

A esto hay que añadir que el cine es una de las formas más baratas de diversión. Ir al teatro, a un concierto o a cenar en un buen lugar es un lujo que pocos pueden darse actualmente. Las diversiones de las personas de bajos ingresos han quedado reducidas a salir a parques públicos, de vez en cuando a alguna feria y, muy ocasionalmente, a comer fuera de la casa. Doña Virginia dice que "sólo que haya algo que festejar salimos a algún lado".

El cine, una forma de entretenimiento que antes casi cualquier persona podía pagar se ha convertido en un verdadero lujo que sólo unos cuantos pueden aprovechar. Claro, las salas están repletas, pero la diferencian entre quienes sí pueden pagar y los que no cada día es mayor. Se habla mucho de que la economía va muy bien. Es cierto. Pero sólo beneficia a unos cuantos privilegiados.

© Panóptico, Gonzalo Rosado
Julio 15, 2001