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Leyendas Virtuales
Por Claudia Rojas

"Quiero compartir con ustedes la parte conducente de una denuncia que llegó a mi email. Por razones obvias me reservo la fuente y el nombre de la víctima y de sus familiares. Los hechos al parecer sucedieron en Cinépolis Plaza Atizapán y señalan que el caso está documentado en El Sol de Atizapán del 3 de marzo de 2000." Con este párrafo abría, el 25 de mayo del 2001, el acostumbrado editorial de Teresa Jardí en el periódico La Crónica de México.

Sigue el editorial "... Hace un año llevé a mi hermano pequeño a ver una película infantil... Durante el intermedio quiso ir al baño y me pidió dinero para comprar en la dulcería y no vi inconveniente en que fuera él solo. Pasó algo de tiempo, cuando escuchamos mucho alboroto afuera de la sala, fue cuando me di cuenta que ya se había tardado en regresar. La sorpresa fue tremenda al descubrir que el alboroto se debía a que a mi hermanito lo estaban sacando de los sanitarios, con su ropita rasgada y con sangre, temblando y envuelto en llanto. Tenía señas de golpes en su carita y moretones en los brazos, y entre gemidos sólo decía me duele mucho... La revisión médica confirmó nuestros temores más profundos: Había sido torturado y violado. Tenía lesiones internas muy fuertes, como producto del daño sufrido, entre el duodeno y el colon transverso".

Serénese, lector, que todavía no llega lo peor pues "Casi un año después en una sesión de cine con mis compañeros de la facultad revisamos un video que consiguió un compañero de clase en El Chopo. Las imágenes se suponía que eran ficticias y analizábamos la violencia que manejan esos videos "Riped–off 1 y 2". Entre las imágenes de niñas y jovencitas mancilladas encontramos el momento en que abusaban sexualmente de mi hermano. Hemos recurrido ante la ley para denunciar el hecho, pero no quieren recibir los videos como testimonio, porque no hay forma de investigar a los productores..."

Al fin concluye conque "si no podemos hacer nada por hacer justicia, al menos les suplicamos tengan mucho cuidado con sus hijos y hermanitos pequeños. No compren los videos con contenido violento ni pornografía infantil porque es el consumo... lo que lleva a los productores a hacer más daño".

Teresa Jardí actúa con prudencia ante la revelación y enfatiza que se reserva el nombre de la fuente y sus familiares. A mi ese mismo correo me llegó de tres fuentes diferentes. Lo genial del asunto es que había variaciones. En el que le llegó a Teresa Jardí se trataba del pequeño hermano de no sé quien. En uno de los míos era el hijo y en los otros dos el sobrino. En uno de ellos al niño lo descubre el tío en el baño, y en los otros dos se arma el escándalo descrito por el correo recibido por Jardí. Como resultado del ataque hay la filmación rápida de un vide, sin que nadie se dé cuenta. En dos de mis correos el desenlace es más siniestro pues es el mismo niño el que más tarde es visto por sus familiares – los que los acompañaron al cine – en esos videos snuff. La petición también cambia, pues en uno se exige perseguir a los productores, en otro proteger a los niños no dejándolos ir al baño y en otro, más radical, no ir más al cine.

El que una mujer inteligente como Teresa Jardí cayera en estas manipulaciones, me puso a pensar sobre la susceptibilidad de todos frente al fenómeno de creación de leyendas urbanas.

La popularidad del correo electrónico, que cada vez es usado por más gente, su bajo costo y lo sencillo que es enviar a cientos de direcciones el mismo mensaje ha hecho circular estas nuevas leyendas urbanas. A diario se reciben mensajes similares, si bien no todos son tan grotescos. Aunque algunos lo son más, en virtud de lo increíbles. Veamos otro ejemplo muy de moda, en el que respeto la gramática totalmente.

"El mensaje en cuestión es para recoger firmas y acabar con el negocio de un japonés que vende gatos vivos embotellados y lo peor es que lo esta poniendo de moda (en los USA, claro, donde iba a ser).El tipo mete gatos cachorros en botellas de vidrio, les mete una sonda por el ano que tiene una salida fuera de la botella para deshacerse de la orina y materia fecal. Para que los gatos tomen la forma de la botella. Se les alimenta con químicos para ablandarles los huesos, ahí los mantienen por el tiempo que logra el gato sobrevivir a esta tortura, no puede moverse, ni caminar, ni limpiarse, es realmente una crueldad pero es algo que se está poniendo muy de moda en Nueva York, China, Indonesia y Nueva Zelanda porque es una 'mascota adorno'."

Lo insólito, en este caso, es que el promotor de la leyenda, por demás imposible, se tomó la molestia de crear un sitio web localizado en http://www.bonsaikitten.com

Por algún motivo la gente que cree en estos mensajes se vuelve un tanto refractaria al sentido común. No importa que uno les demuestre la imposibilidad de violar a un niño en un baño de un cine y que se resista y patalee, como lo exige el tipo de película que se supone filman los traficantes, sin que nadie se dé cuenta. No importa cuánto tiempo se invierta en mostrarles que es imposible que un gato pueda crecer dentro de una botella, la gente reacciona enviando el mensaje a cuantos conocidos tiene. Y lo mismo pasa con el mensaje en el que Bill Gates promete dinero o software gratis, o el que alerta de virus informáticos fatales, de asaltos con montajes imposibles – unos tipos que asaltan ofreciendo trajes italianos es el más de moda –, y los de que determinados productos comerciales producen desde cáncer hasta demencia.

Y lo mismo que pasa con los OVNIs, los fantasmas y demás, jamás se ha demostrado que alguno de ellos sea cierto. Algunas personas, necias, inventan "evidencia" y tratan de dar validez al mensaje diciendo que "un amigo/tío/hermano, que tiene un amigo que sí sabe de esto, dijo que sí era cierto". Otras veces, sobre todo con los mensajes de virus, vienen firmados por personajes que no existen, pero que, se supone, le dan seriedad institucional al asunto: "Carlos Angulo Torres, Ingeniero en jefe de soporte, Microsoft" ó "Lic. Carlota Ramírez López, Desarrollo de seguridad en Internet, IBM".

Por supuesto que pueden haber mensajes reales. Durante el secuestro que antecedió el homicidio del bebé Braulio Suárez, en noviembre de 1999, numerosos correos electrónicos con su foto viajaron a lo largo y ancho de toda Internet. "Ahí está la prueba de que sí son de verdad esos mensajes" dirá más de uno. Pero la diferencia es que en el caso de Braulio, sí hubo un verdadero escándalo. Sí salieron sus padres a pedir ayuda a través de la televisión. Sí hubo una movilización policiaca. Sí hubo evidencias, pues. Sí hubo realidad.

No ocurre así con el resto de estos mensajes. Quien haya enviado a 10 de sus amigos el correo de Bill Gates, jamás ha recibido ni el dinero ni el paquete de programas prometido.

Lo peor es que este tipo de leyendas hacen difícil evaluar qué causas sí pueden ser importantes. Por supuesto que hay que luchar contra el maltrato de los animales y la explotación sexual de los niños, pero una carta de correo electrónico a la que se van añadiendo direcciones sólo sirve para que su dirección llegue a manos de más gente que, después, le enviarán toda clase de ofertas o más leyendas urbanas. Las listas de correo electrónico no son la forma en la que los activistas de derechos humanos o animales, o los protectores de cualquier causa, puedan hacer presión sobre los gobiernos. Vaya a cualquier sitio serio de Internet y verá que, en todo caso, le piden escribir cartas concretas a la persona responsable, pero nunca el envío indiscriminado de mensajes pidiendo añadir cuentas de correo o nombres.

Más allá de coleccionar estos datos para hacer crecer el fenómeno en sí, hay mucho de ocio detrás de las leyendas urbanas. Muchos lo hacen simplemente para entretenerse, para ver qué tan crédula es la gente. Otros, más maliciosos, analizan el grado de credulidad. Pues es bien sabido que a menos escepticismo, más susceptibilidad a adquirir objetos que, más tarde, serán propuestos a través del envío de correo comercial no solicitado.

Sea cual sea lo que alimente la creación de las leyendas, sugiero prudencia. Léalas, evalúe lo que hay de verdad detrás de ellas y, sobre todo, vaya a fuentes serias dentro o fuera de Internet y oriéntese. No caiga en las manos de los creadores de las leyendas digitales.

© Panóptico, Claudia Rojas
Julio 15, 2001