Al iniciar el siglo XXI nos enfrentamos a retos enormes en el campo educativo. Durante el siglo pasado se hicieron grandes esfuerzos encaminados principalmente a ampliar la cobertura de los servicios educativos. Aunque hubo notables avances en ese sentido ahora es claro que surgieron otros retos, ya que se dejaron sin resolver las deficiencias causadas por la masificación del proyecto educativo. Digan lo que digan los defensores de las escuelas públicas, es claro que quienes tienen mayores recursos reciben en las escuelas privadas una educación de mayor calidad que a la larga se ve reflejada en su calidad de vida, sus oportunidades de empleo y de progreso. La gente de las ciudades grandes cuenta con más y mejores opciones para seguir estudiando que la gente de poblaciones pequeñas y mucho más que la gente del campo. México es un país atrasado, con un nivel muy pobre de escolaridad en cantidad y calidad, lo que nos pone en una gran desventaja respecto a países más desarrollados. Las diferentes oportunidades de educación funcionan como una de las muchas barreras que separan a los diferentes sectores de la población.
Ahora el país se encuentra en una situación nada envidiable. Aunque la cobertura de la educación básica y media abarca a la gran mayoría de la población en edad escolar, ésta es de mala calidad y no responde a las necesidades actuales que enfrentan los mexicanos. La enorme planta docente está mal preparada y no parece dispuesta a hacer un mayor esfuerzo por mejorar la calidad de su trabajo; al mismo tiempo reclaman mejores condiciones de trabajo y sus sindicatos son un obstáculo para cualquier cambio. El descuido de la educación en el campo ha ocasionado un atraso gigantesco.
Los avances tecnológicos podrían ser herramientas para acortar la brecha que muchos países nos llevan en educación, pero la infraestructura en materia de tecnología educativa está en pañales. Se requiere de una gran y razonada inversión para ponernos al día, pero no hay disposición del gobierno para aumentar significativamente el gasto educativo; además de que no hay recursos disponibles, tampoco hay un proyecto educativo en el actual gobierno.
Se dice que la educación es una herramienta de progreso y que ha de ser el medio para cerrar la brecha entre pobres y ricos, entre privilegiados y marginados. La realidad es que, en México, ocurre precisamente lo contrario. Las desigualdades en la educación agrandan aún más la brecha de oportunidades de progreso entre el campo y la ciudad, entre pobres y ricos. Nadie puede negar que los recursos para la educación se destinan preferentemente hacia zonas urbanas y sobre todo a las más pobladas, como de hecho ocurre con todos los servicios. En el campo no solamente hay menos escuelas y de menor nivel, sino que frecuentemente no cuentan con maestros y con recursos materiales suficientes, ni en cantidad ni en calidad.
Tendría sentido que las zonas más atrasadas del país recibieran el mayor esfuerzo de inversión en el sector educativo para aminorar la brecha respecto a las zonas con mejores condiciones. Pero en general se destina poco dinero a las primeras: no se mandan allá a los maestros mejor preparados, pues en general a estos no les resulta atractiva esta opción. Lo ideal sería crear estímulos para atraer buenos maestros a las zonas rurales. Es decir, como el reto de educar bien es mayor para el maestro rural, deberían contar con mayores beneficios.
Con la actual disponibilidad de las tecnologías informáticas surgen nuevas oportunidades que podrían revolucionar el campo de la educación. El uso de computadoras e Internet en la educación podrían ser el medio para acortar la brecha de los países subdesarrollados respecto a los desarrollados, y también entre el campo y las ciudades. Son tecnologías relativamente baratas si tomamos en cuenta los alcances de estas herramientas que pueden acercar el mundo de la información, la educación y la tecnología a los lugares más remotos. Aunque algo se comienza a hacer en este sentido, la forma en que se están realizando los enlaces, por ejemplo, en Hidalgo, usando teléfonos satelitales para conectarse a Internet, hace de este recurso algo tan caro, que es probable que no pase de una moda pasajera para promocionar a algún funcionario, gobernador o secretario de estado.
Si se contara con la infraestructura adecuada, usar computadoras como medios de aprendizaje, comunicación, consulta de datos y desarrollo de destrezas y habilidades podría acrecentar enormemente las oportunidades de progreso aun en las poblaciones más alejadas. Las computadoras pueden ser una herramienta poderosa de autoaprendizaje, lo que es una gran ventaja ante la escasez de maestros. Desde luego se requiere de cierto grado de preparación para usarla y llegar a ese deseado nivel de autoaprendizaje. Pero ante la falta de libros en el país y de bibliotecas, su utilidad podría ser invaluable si se contara con los programas sustantivos adecuados. En educación media y superior, su utilidad sería mayor, sobre todo en provincia dada la escasez de escuelas de estos niveles.
La triste realidad es que es más probable que en los próximos años la brecha entre los países desarrollados y los subdesarrollados se agrande si tomamos en cuenta que en los primeros estas mismas herramientas se están usando desde hace varios años, además de que cuentan con una infraestructura ya instalada y sus proyectos educativos auxiliados en estas herramientas ya están funcionando. Actualmente son pocos los que tienen acceso a una computadora y menos todavía los que tienen acceso a Internet. La disponibilidad de estas tecnologías crece a mucho mayor velocidad entre la población de mayores recursos y dentro de las ciudades grandes que en las poblaciones pequeñas o en el campo.
Aun si contáramos en el país con una buena cantidad de computadoras para todos los interesados en usarlas, tendríamos el problema de la subutilización o la mala utilización. No porque no exista suficiente interés en usarlas, sino porque el principal interés - sobre todo entre los jóvenes - radica en usarlas como juegos de video. Los que cuentan con servicio de Internet lo usan principalmente para chatear, bajar música o ver pornografía. La mayoría de la gente percibe que se trata de una tecnología importante y se sienten felices de que sus hijos sepan manejar Internet, pero ignoran que usualmente sólo la usan para perder el tiempo. Usar una computadora o Internet para actividades tan poco productivas es como saber leer sólo para poder leer pasquines. Los mexicanos, en general, tienen poco aprecio por los aspectos verdaderamente valiosos de la cultura, por descubrir lo nuevo o lo inusual, o por aprender lo que podría hacer una diferencia en sus vidas.
Que la educación acorta distancias entre los grupos humanos más bien parece ser un mito pues las diferencias en calidad y acceso aumentan las desigualdades entre los grupos sociales. Por este motivo, un proyecto educativo nacional que ignore el potencial de estas tecnologías es impensable. No basta, sin embargo, con dotar de computadoras y conexiones de Internet a las escuelas; hay que instruir a los maestros para que enseñen que aprender de esta manera puede ser muy divertido y fructífero. No podemos seguir cruzados de brazos ante la oportunidad que representa la disponibilidad cada vez mayor de esta tecnología tan importante representada por las computadoras. En las condiciones actuales del país, es casi criminal utilizar estas herramientas casi como simples máquinas de escribir o como puro entretenimiento. Es injusto para nuestros niños y para el futuro del país.