Es común encontrar en distintos medios y charlas cotidianas expresiones que albergan esperanzas infundadas en los logros actuales de la medicina. Claro que no es culpa de la gente común, que desconocen los alcances de la medicina moderna y los inconvenientes de los tratamientos y procedimientos médicos. Tampoco se puede esperar mucho de quienes escriben en los medios masivos de comunicación, que suelen no tener ni preparación ni interés en conocer la materia de la que tratan. Lo grave es que este problema afecta también a muchos médicos que, por alguna razón, prefieren obviar las muchas limitaciones e inconvenientes de la medicina que practican en perjuicio de sus pacientes, los que, ante la falta de información, con mucha frecuencia se llevan sorpresas desagradables.
Se ha difundido la idea de que gracias a los avances de la medicina moderna el hombre vivirá en el futuro muchos más años. Así, hay quienes alegremente anuncian que en un futuro no muy lejano los hombres vivirán con facilidad más de cien años, quizá hasta los ciento cincuenta. No hay que descartar ningún tipo de avance con los que la ciencia nos sorprenderá en el futuro, pero hasta ahora realmente no se ha logrado nada en el sentido de que viviremos más de lo que es posible vivir actualmente. Es cierto que la esperanza de vida ha aumentado dramáticamente en casi todo el mundo, especialmente gracias al control de las enfermedades infecciosas. En las primeras décadas del siglo pasado la esperanza de vida era de alrededor de treinta años y hoy en día es de más de setenta años. Gracias a los avances de la medicina es más probable que los jóvenes de hoy lleguen a los ochenta años que los jóvenes de hace algunas generaciones pero no podemos estar tan seguros respecto a que lleguen a noventa o cien años. Todavía hay cierto límite que ni la buena salud ni una dieta adecuada o mejores tratamientos médicos han permitido traspasar, y la gente de más de cien años es más una rareza que algo común.
Hay quienes creen que los trasplantes de órganos serán la gran solución a muchos problemas de salud en el futuro y que serán la clave para alargar la vida de los seres humanos, y es probable que algún día sea cierto. Hoy en día, aunque ya entramos hace algunas décadas en la era de los trasplantes, definitivamente todavía no son el procedimiento maravilloso que algunos pudieran imaginar. Ya son una opción que le permiten vivir más a algunos enfermos pero están muy lejos de permitirles vivir tanto ni tan bien como si tuvieran sus propios órganos. En los medios masivos de comunicación se hace mucha propaganda sobre lo bueno de que ya existan estos procedimientos, pero jamás se hace referencia a todos los inconvenientes que tiene que enfrentar alguien que ha recibido un trasplante. Como en muchos otros procedimientos médicos la gente común no conoce los muchos inconvenientes y efectos colaterales de someterse a un trasplante de riñón, de corazón o de hígado, además de los costos y las dificultades que existen para conseguir un donador compatible. En ocasiones ni siquiera los mismos pacientes que se someten a este tipo de cirugías saben de los riesgos, la mala calidad de vida que enfrentaran en los siguientes años y tampoco saben cuanto tiempo es probable que sobrevivan después del procedimiento. Claro que ante una muerte cercana muchos preferirán vivir aunque sea con una mala calidad de vida.
También existe el convencimiento de que la medicina moderna ha logrado controlar muchos de los males crónicos que aquejan la salud de los seres humanos. Aunque estrictamente es cierto, ese control en muchos casos deja mucho que desear. Hasta hoy prácticamente no hay enfermedades crónicas que se hayan logrado curar. Los enfermos de diabetes, artritis, hipertensión arterial, diversos tipos de cáncer, sida, sólo por mencionar algunas de las más conocidas enfermedades, tienen que vivir en el mejor de los casos entre los efectos y secuelas de su enfermedad y los efectos colaterales de los medicamentos que usan para controlar a los primeros. La muerte puede producirse tanto por las consecuencias de una enfermedad difícil de controlar como por efectos secundarios de los medicamentos. Todavía estamos muy lejos de tener un nivel de medicina que nos permita dejar de preocuparnos por sufrir alguna de estas enfermedades.
Hace algunos años se comenzó a difundir la idea de que el sida ha pasado de ser una enfermedad mortal a ser una enfermedad manejable. Algunas compañías farmacéuticas hacen propaganda sobre lo bien que se puede vivir siendo VIH positivo o aún teniendo sida gracias a los medicamentos disponibles hoy en día. Esta propaganda ha hecho que una parte de la población en riesgo pierda el miedo, baje la guardia e incurra en conductas de riesgo ante esta terrible infección. Lo que no conoce la mayoría de la gente ajena a la enfermedad y a los tratamientos es que además de que son muy costosos, la calidad de vida de quien se somete a ellos es muy pobre y para colmo parece que el sida comienza a ser resistente y es menos manejable de lo que parecía ser hace algunos años.
Otro problema al que se enfrentan quienes padecen enfermedades incurables es que para casi todos los médicos toda enfermedad es tratable, así sea que el tratamiento proporcione pocas ventajas al paciente o que sus probabilidades de salir adelante sean mínimas. Por otro lado existe la tendencia en muchos médicos a no explicar claramente lo que enfrentara un paciente que se somete a determinado tratamiento – ya sea que lo hagan para no preocupar al paciente, por descuido, por suponer que no va a entender o por temor a perder el cliente – y muchas veces el paciente se va enterando de los efectos colaterales del tratamiento conforme los va sufriendo. En algunos casos seguramente habrá gente que prefiera sufrir las consecuencias de su enfermedad a los efectos desagradables del tratamiento, sobre todo cuando las ventajas de éste son mínimas o se tienen pocas probabilidades de éxito.
Aunque en las escuelas de medicina se habla del concepto de prevención, en realidad este sólo se menciona y su práctica se reduce a la aplicación de vacunas, medidas de higiene y recomendaciones de chequeos frecuentes de salud. Actualmente el mayor peso se da al tratamiento de las enfermedades y no a su prevención. Existen estudios sobre las causas y factores de riesgo para muchas enfermedades, que relacionan por ejemplo los hábitos alimenticios, la deficiencia de algunos nutrientes o los altos niveles de estrés con el riesgo de sufrir enfermedades frecuentes e importantes en nuestra sociedad. Con el tiempo mucha de esa información se ha hecho presente en publicaciones como periódicos o revistas de salud para el público en general. Sin embargo muchos médicos creen que es suficiente con mencionar al paciente "procure no comer muchas grasas" o "trate de estar tranquilo" para prevenir la enfermedad.
Todavía estamos muy lejos de esa medicina de ciencia–ficción que todo lo puede curar o reconstruir. La publicidad, a veces bien intencionada, puede hacernos creer que los avances médicos están mucho más adelantados de lo que en realidad están. Si bien es cierto que hay procedimientos maravillosos, algunos no lo parecen tanto a la hora de que el paciente los vive. Todavía no podemos dejar de preocuparnos por llegar a sufrir una gran cantidad de padecimientos para los cuales la medicina no tiene una respuesta satisfactoria. No hay nada como conservar la salud, que una vez perdida no se recupera fácilmente. Ante la despreocupación de los médicos y las deficiencias de la medicina actual no queda más que cuidar su salud uno mismo. La responsabilidad de informarse y prevenir las enfermedades – que debería ser de los médicos – queda muchas veces en manos de cada quien.