De las muchas armas biológicas que existen, una de las más temibles es el ántrax. Cuando se le usa como arma de guerra esta bacteria, altamente infectante, puede difundirse a través del aire y llegar a los pulmones, donde se incuba y libera toxinas que producen la muerte en casi todos los casos. Si la aspiración de esporas es masiva, ni las altas dosis de antibióticos que son efectivas en algunos casos pueden evitar la enfermedad. Eso sólo puede conseguirlo una controvertida vacuna para uso humano.
La vacuna contra el ántrax, desarrollada en los años cincuenta por Estados Unidos e Inglaterra, fue aprobada para su uso en humanos en 1970 por la Administración de Fármacos y Alimentos de Estados Unidos. Actualmente es utilizada rutinariamente por trabajadores que están en riesgo de contraer cualquiera de las tres formas de la enfermedad. Veterinarios, curtidores, empacadores de lana, ganaderos y otras personas en riesgo reciben la inyección subcutánea a las 0, 2 y 4 semanas, a los 6, 12 y 18 meses, y luego refuerzos anuales mientras sigan en actividades de riesgo. La vacuna, que no puede producir ántrax en modo alguno, se usa en personas entre 18 y 65 años sin problemas, y sólo hay contraindicación para su uso en embarazadas, personas con disminución en el sistema de defensa o con enfermedades agudas.
En 1999 despertó gran controversia entre las fuerzas armadas de Estados Unidos que el entonces secretario de defensa, William S. Cohen, determinara como obligatorio su uso por los miembros de la marina, la infantería y en general de todos los soldados en activo. Algunos de ellos llegaron a renunciar, por que existe la creencia de que las reacciones secundarias a la vacuna son muy graves. Pero no es así; 30 por ciento de los receptores de la vacuna experimentan enrojecimiento y dolor local en el sitio de la inyección, y en sólo 4 por ciento este enrojecimiento crece más de cinco centímetros después de la segunda aplicación. Reacciones más violentas y sistémicas sólo se presentan en 0.2 por ciento de los receptores, y son susceptibles de tratamiento médico. De marzo de 1998 a julio 29 de 1999 se aplicaron 1 millón 23 mil 460 dosis, y sólo se reportaron 215 casos de reacciones severas hasta julio 1 de 1999.
Es importante señalar que aunque la vacuna es efectiva en algo así como el 93 por ciento de los casos, la oportunidad de supervivencia aumenta si se limita la exposición al ántrax. Por eso el uso de máscaras con filtros adecuados es indispensable.
No es fácil conseguir la vacuna para la población general, y en México su uso no se justifica, salvo que se trabaje en ocupaciones de alto riesgo. Las autoridades federales deberán evaluar la conveniencia de comenzar a aplicar esta vacuna para aplicarse en las zonas fronterizas del país, pues ésta tarda 18 meses en desarrollar un efecto completo.