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México y el Ántrax
Por Gonzalo Rosado

A principios de octubre, comenzaron a aparecer casos de ántrax en Estados Unidos. Después de los experimentos japoneses en Manchuria, este sería el inicio del más duradero ataque bioterrorista de los tiempos modernos sobre una población civil. La reacción en muchos países fue de gran temor. Varios, entre ellos el mismo Estados Unidos, confesaron no estar preparados para el reto de un ataque con armas biológicas. En cambio, el secretario de salud de México, Julio Frenk, dijo que sí. En los días siguientes a su declaración, se afirmó insistentemente que los médicos mexicanos eran capaces de detectar un ataque bioterrorista y contener la epidemia con métodos de cerco sanitario.

Con el fin de conocer qué tanto saben los médicos mexicanos sobre una de las armas biológicas más populares, el ántrax, Israel Valdovinos y un servidor aplicamos una encuesta a médicos y estudiantes de medicina de tercer año de medicina en adelante. Para el tercer año, los estudiantes de esta carrera ya han cursado las materias donde aprenden la biología bacteriana y los elementos de las enfermedades infecciosas.

Las personas que respondieron la encuesta tenían entre 19 y 53 años. A la pregunta ¿qué es el ántrax?, 50 por ciento respondieron que era una bacteria, lo cual es incorrecto, aunque 40 por ciento dijeron que era una enfermedad provocada por la bacteria del ántrax. El 10 por ciento restante dio respuestas diversas.

Sólo 13 por ciento de los entrevistados supo que hay tres tipos de ántrax: el respiratorio, el digestivo y el cutáneo. El 26.6 por ciento contestó dos tipos correctamente y el resto no tuvo ningún acierto.

En la pregunta ¿cuál es la causa del ántrax?, sólo 50 por ciento contestó correctamente: una bacteria. El resto dijo que el ántrax era causado por virus y hongos. Más adelante, al preguntar sobre el agente específico, 76 por ciento acertó al identificar como el agente causal al Bacillus anthracis, aunque hubo quienes escogieron a Mycobacterium anthracis, Corynebacterium anthracis o Anthracella lethae como la bacteria que causa esta enfermedad. Estas tres bacterias ni siquiera existen.

En una pregunta de opción múltiple algunas personas escogieron las respuestas correctas al mismo tiempo que algunas incorrectas. Por ejemplo: al preguntar qué signos clínicos y radiológicos se presentan en el ántrax por inhalación el 50 por ciento acertó a una de las tres respuestas correctas y únicamente el 0.3 por ciento acertó a dos de tres. Nadie obtuvo el total de los aciertos. Por otro lado, aunque hubo personas que tuvieron una respuesta correcta, al mismo tiempo escogieron otras opciones incorrectas como fue el caso de un estudiante de 27 años, quien estaba estudiando el segundo año de la especialidad y que escogió una opción correcta al mismo tiempo que tres incorrectas. Lo mismo pasó con un profesional de 34 años quien escogió dos opciones incorrectas y sólo una correcta.

Por otro lado es de sorprender que un médico cirujano de 53 años y profesor de la Facultad de Medicina de la UNAM haya comentado que el ántrax es un virus y que el microorganismo causal es el virus del ántrax, el cual no existe. También llamó la atención el caso de otro médico cirujano que puso que el microorganismo causante del ántrax era un hongo en lugar de una bacteria. También está el caso de una estudiante de 23 años de tercer año de la carrera quien puso que el Virus de Inmunodeficiencia Humana (VIH), que es el causante del SIDA, puede ser usado como arma biológica.

Muchos médicos confunden los conceptos de contagio con transmisión, y de infección con enfermedad. Otro ejemplo es al preguntar cómo produce daño Bacillus anthracis, en la sección de opción múltiple, sólo el 50 por ciento la tuvieron bien: por acción de endotoxinas. Pero al preguntar qué personas están expuestas a adquirir ántrax el 43 por ciento acertó a una de dos, mientras que sólo el 6 por ciento acertó a las dos respuestas correctas que eran los cazadores y los curtidores. Poco más del 53 por ciento de los encuestados desconocen que el ántrax no se contagia entre individuos. Si del total sólo se toman en cuenta a los médicos generales o con algún nivel de posgrado, 45 por ciento no saben que el ántrax no se contagia entre personas.

Se podría pensar que entrevistar a algunos maestros sesgaría positivamente la encuesta, porque supuestamente ellos conocen bien el tema. No fue así. Ninguno de los maestros entrevistados aprobó el pequeño examen. Para el total de los encuestados, la calificación promedio en el examen es 4.3 sobre 10.

Tan sólo el 10 por ciento del total de entrevistados aprobó el examen y tal vez lo peor de todo sea la actitud de los estudiantes ya que si bien algunos se dieron cuenta de que no estaban muy bien en conocimientos la gran mayoría no mostró la menor preocupación al darse cuenta de su falta de conocimiento y continuó con sus actividades como si nada hubiese sucedido. No hubo la intención de buscar un libro o revisar si habían contestado correctamente, salvo en una entrevistada. Si en un tema tan publicitado en estos días como es el ántrax la gran mayoría no tiene ni siquiera los conocimientos básicos, ¿cómo estarán de conocimientos en temas más complejos y menos difundidos? No sé qué resultados se hubieran obtenido de enfocar la encuesta a las fiebres hemorrágicas o la tularemia. Y lo que más preocupa es que son los médicos los que deberían ser capaces de identificar a los primeros pacientes en el caso del uso de armas biológicas.


Nota del Editor. Cuando se usan como arma biológica, los agentes patógenos producen cuadros que pueden expresarse de forma diversa a la habitual, hasta cierto punto. Sin embargo, las preguntas elaboradas por Rosado contemplaban escenarios válidos tanto para la forma convencional de la enfermedad y del uso del agente patógeno como arma biológica. Por ejemplo, las opciones a la pregunta "señale los signos clínicos y radiológicos que se presentan en el ántrax por inhalación" son comunes tanto al ántrax por inhalación consecutivo a una dispersión intencional de aerosol de esporas de ántrax como a la enfermedad de los cardadores de lana, que es la forma natural del ántrax por inhalación. Sus resultados, pues, son válidos y muestran un conocimiento deficiente por parte de los médicos y estudiantes de medicina de esta enfermedad. La muestra estudiada fue pequeña y no se pueden extrapolar los resultados, pero muestran indudablemente una tendencia preocupante.

© Panóptico, Gonzalo Rosado
Noviembre 25, 2001