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El Gran Ejército Mexicano
Por
Ari Bras
Las fuerzas armadas de México son grandes instituciones que tienen la gran misión de luchar por la soberanía de la constitución, una tarea que no es nada fácil de llevar a cabo, menos cuando el comandante supremo, es decir, el presidente Fox, las tacha de ineptas, de incompetentes para poder luchar en una guerra. Así lo declaró cuando en fechas recientes se le cuestionó si México iba a enviar soldados a combatir a Afganistán. El sustento de las fuerzas armadas para luchar es el patriotismo que identifica a los militares, por ese sentimiento de preferir morir atravesado por una bala en el campo de batalla al luchar por la patria que nos vio nacer, que a morir en la cama sin luchar por la patria, o haciendo revoltijos y pataletas de niños de guardería en alguna cámara de legisladores. Eso, por lo visto, lo desconoce el presidente Fox.
Fox también obvia, como comandante supremo de las fuerzas armadas, que si se refiere a ellas como incompetentes en el arte de la guerra, se está autodenominando como un pésimo comandante de las mismas. El comando tiene la obligación de velar de que desde el soldado raso hasta el general de división, estén siempre con la moral alta, así como velar que siempre se encuentren en condiciones de luchar, de salir al llamado de las cornetas, de los clarines, del batir de los tambores. Y esto va desde que estén bien equipados, hasta que tengan un buen entrenamiento en estrategias de guerra convencional moderna, de guerras de guerrilla, y, en fin, de cualquier modalidad de combate. El comando debe estar pendiente de que los tropas, los oficiales, los jefes y los generales, se encuentren listos para demostrar de qué están formados, y que a la postre no es sino ese gran amor que sienten por su tierra, ese gran coraje, ese gran valor que tienen para enfrentar cualquier reto que enfrente la vida de su nación. Tampoco esto parece ser entendido por el presidente Fox.
Si en verdad el ejército es tan malo como lo ha declaro el presidente, no es tanto su culpa como de quien dicta como serán los entrenamientos, de cuáles serán los armamentos que se usen, de qué estrategias se emplearan y, también, de que el comandante supremo, el presidente, no tiene los pantalones bien puestos para comandar a un gran ejército como el nuestro hacia la grandeza que le corresponde. Este ejército, ridiculizado por su propio comandante, es considerado por otros países como un ejército de hombres y también mujeres nacionalistas y combativos, valientes, patrióticos. De personas que de verdad quieren defender la soberanía de su hermosa bandera que hondea gloriosamente en todos los corazones de los militares.
Maquiavelo dijo, al referirse a cómo deben de estar constituidos los ejércitos, que los ejércitos deben ser de hombres que quieran a su patria, que la amen, y no de mercenarios que sólo son fieles en tiempos de dinero, pero en tiempos de crisis no están donde se les necesita y que sólo están dispuestos a defender sus intereses económicos. Nadie parece comprender el valor de nuestros soldados que, pese a que reciben una paga muy baja, siguen al pie de la lucha, gracias a algo que les nace desde adentro y es su mayor motivo, es el amor a la patria. ¿Piensan que es fácil aplicar el plan DN–III, o estar en combates en las sierras, dispersados, acampando por varios días en condiciones precarias? Es muy acertada la afirmación que se escucha entre las personas, al referirse a que cuando hay amor las cosas más difíciles no son tan pesadas para quien le toca vivirlas, y este es el caso de los soldados, de estos verdaderos héroes. Quisiera preguntarle al presidente que tanto le ha pesado dirigir al país por caminos plenos de tropezones, que si es cierto que el comando tiene que poner el ejemplo y no solo decir las cosas. Eso caracteriza al comando. Me viene a la mente una porra que alegremente va cantando la tropa a la hora de entrenar:
Honor, Valor, Lealtad, Sacrificio,
Son palabras
Que yo llevo
Yo soy un militar
Si la patria me llama a la guerra
Yo me voy a morir
Pero estas palabras, que no son más que un sinnúmero de vibraciones de las cuerdas vocales, que salen al exterior, no se las lleva el viento se quedan en el corazón, en la mente y en el en el espíritu, y lo mejor de todo es que esas palabras son demostradas no sólo se dicen, si no que en verdad estos hombres las demuestran al salir al aplicar el plan DN–III, o el plan Marte o Azteca. No pretendo que Fox salga a marchar con la tropa ni que se dedique a estudiar estrategia militar, pero que al menos muestre un poco de respeto por el ejército. Hay gran capacidad en nuestras fuerzas armadas, señor Fox. Hay el talento, pero no el apoyo. ¿Hay en México el potencial humano para diseñar armas que sean mejores que con las que actualmente cuenta el raquítico arsenal del ejército? Sí que lo hay, pero lo que no hay es apoyo del comando supremo, que cree que las Fuerzas Armadas no pueden constituir un buen ejército bien formado y mejorado con un buen entrenamiento. Al parecer, sólo de palabra dice que hay mexicanos y mexicanas (como suele decir) capaces de hacer de México un país mejor, pero el apoyo moral no existe, y lo peor es que nunca existirá, por que se prefiere al extranjero sobre al mexicano. Al menos eso se entiende de las palabras de Vicente Fox.
© Panóptico, Ari Bras
Noviembre 25, 2001
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