Hoy, que estamos viviendo un "coletazo" de las recesiones y desaceleraciones de las economías poderosas globalizadas, agravadas por los ataques terroristas y la psicosis colectiva consecuente, detengámonos unos segundos para voltear a nuestros orígenes.
En general y con gran ceremonia se habla del atraso tecnológico e industrial en que se encuentra inmerso el país – desde siempre –, y por colofón se sentencia en el sentido de siempre estaremos relegados del desarrollo social en tanto no nos insertemos definitivamente en los esquemas educativos, tecnológicos y productivos de los países desarrollados.
La premisa de la sociedad feliz como producto del desarrollo industrial y tecnológico de los países poderosos es válida, sin embargo su aplicación en un país como México, no necesariamente otorgaría a sus habitantes la anhelada felicidad que se grita a los cuatro vientos. Hablar de sociedades perfectas en países desarrollados es en apariencia un círculo perfecto sin aristas, sin peros ni asegunes, pero cabría hacer ciertas reflexiones:
Tal vez sea condición humana el desear lo que no se tiene o simple y sencillamente el enfoque puede ser producto de un espejismo.
Se da por sentado que el modelo ideal de sociedad es aquel tecnológica y científicamente desarrollado. Entonces me pregunto: ¿cuál es el modelo?, ¿será el país que nos exporta sus tecnologías? Y de los países que nos exportan sus tecnologías, ¿cuál de ellos? Puede ser que estas preguntas no sean muy relevantes, puesto que en sus esquemas económico–sociales, los países desarrollados coinciden en sus generalidades: Japón, Estados Unidos, Inglaterra, Italia, Noruega, Holanda, Francia, etc. Todos ellos producen tecnologías e invierten millonarias sumas en investigación científica, que al parecer les retribuye en un mejor nivel de vida para sus habitantes. Ahora bien, sin caer en juicios fáciles, esto también se traduce en sociedades muy competitivas que tratan a sus individuos como meros bienes de consumo con altos índices de suicidios, de homicidios colectivos, drogadicción y demás desviaciones de la conducta humana, provocados por el constante estrés y la frustración de no poder sustraerse de las actividades cotidianas.
Por ejemplo la comida rápida responde a la necesidad de comer lo más rápido posible, sin cubiertos de preferencia para depositar en la basura casi todo lo que compramos: una infinidad de envoltorios cuidadosamente diseñados en su colorido que se tiran prácticamente nuevos tras unos cuantos minutos, y que le dan vida a un maltrecho trozo de pan y carne magra para hacerlos parecer apetecibles. Otro ejemplo lo constituye el break lunch, donde todos los miembros de determinado escalafón en las empresas, en lugar de salir a comer como Dios manda, se sientan a mordisquear un sándwich o galletas con una soda "en lo que se presentan ideas para mejorar la producción".
Otro de los factores que no se pueden dejar a un lado es que las estructuras sociales basadas en la producción y en el desarrollo económico–tecnológico se autodestruyen. Me explico: las grandes empresas erogan millones de dólares anuales en el desarrollo de nuevas tecnologías, preparando a sus habitantes para desarrollar estas actividades, o trayendo recursos humanos de países que no pueden pagar ni la educación o preparación de sus habitantes para tales efectos, o de donde no pueden invertir en desarrollo científico o tecnológico. Les pagan bien e invierten mucho dinero, pero una vez desarrollado el producto, buscan lugares de producción masiva en países en vías de desarrollo o subdesarrollados para abatir costos. Sin embargo en dicha producción se necesita mano de obra especializada, por lo que se genera un proceso de "educación" o especialización laboral que a la vuelta de los años produce sociedades más competitivas, revaluándose la mano de obra, y finalmente, a mediano o largo plazo, ésta se encarece y las compañías buscan nuevos lugares con mano de obra barata.
Lo terrible de esto es que dejan atrás contaminación de aguas, aires y culturas. Dejando como saldo a decenas de miles de desempleados "especializados" que han creado en su fuero interno necesidades que ya no podrán satisfacer. Por ejemplo Nike, Reebok, General Motors, Chrysler, General Electric, Goodyear, BMW, Volkswagen, por citar algunas empresas que me vienen a la memoria, en una primera etapa han dejado atrás sus países de origen para poner plantas en Latinoamérica porque les resultan verdaderos paraísos, despidiendo a miles de empleados en sus lugares de origen. En una segunda, que ya se está dando, los paraísos han dejado de serlo, y en consecuencia, las plantas de producción masiva se están trasladando a China porque resulta más barata su mano de obra, dejando en Latinoamérica técnicos especializados que ahora venden tortas en las esquinas.
En el aspecto personal, otra de estas cuestiones indeseables está representada en que cualquier cosa que tenga que ver con las personas se maneja a través de un número, y como tales son tratadas. Es decir, las sociedades tecnológicamente desarrolladas despersonalizan y el individuo vale en la medida en que represente un medio de generación de riqueza. Las tecnologías esclavizan y son en definitiva productos diseñados para satisfacer determinadas necesidades a corto o mediano plazo a efecto de ser sustituidas por otras nuevas a la vuelta de 18 meses. Claro que no podemos aprender y desarrollar tecnología a partir de estos esquemas de producción, mismos que así están diseñados y que en definitiva no pertenecen ya a los países o gobiernos del mundo, sino a grandes empresas con finalidades de lucro. Es decir, no sólo ya los individuos somos rehenes de las compañías transnacionales, sino los gobiernos mismos son esclavos de sus tecnologías.
Es extraño que en la actualidad trabajamos 30 a 40 años de nuestras vidas acumulando los excedentes de nuestro trabajo, para al final gastarlos en su totalidad en medicamentos e intervenciones quirúrgicas que nos ayuden a sobrevivir afecciones cardiacas, producto de mal comer, fumar, mal dormir y llevar una vida sedentaria alrededor de una máquina o escritorio. Colitis nerviosas y gastritis son afecciones comunes en las "sociedades desarrolladas", también producto del estrés y la presión social.
No es raro ver todo tipo de personas de todo el "mundo desarrollado" que descubren las bondades de sociedades primitivas, que resultan refrescantes en el trato, en la sencillez, en el cotidiano sin sobresaltos. De ahí al incesante flujo de extranjeros que forman comunidades en rincones remotos de nuestro país u otros más conocidos, como en los alrededores del Lago de Chapala.
Supongo que todo el asunto radica en la forma de vivir, en la forma de aprender a vivir y por supuesto en la felicidad de vivir. Marcar estándares de vida como ideales puede resultar muy peligroso y pensar en el modelo de la sociedad desarrollada como fin del proyecto del país me parece inimaginable. Es decir, ¿para la sociedad perfecta se necesita que todos seamos empresarios con un BMW en la puerta de la oficina, con una gran casa en los suburbios y una casa de bosque o de playa, con una buena cuenta en el banco, una Palm, un Nokia con Internet, seguros de vida y de gastos médicos mayores, un par de Daimond Cards y Platinum Cards y, supongo, que una modelo de Langerfeld como esposa con una pareja de hijos muy bien educados que toquen piano, bailen ballet, hagan karate y hablen 6 idiomas a los 12 años?
Categóricamente sostengo que aunque los niveles de vida en el país no son los mejores, los países que se denominan desarrollados tienen problemas de pobreza, desnutrición, acceso restringido a determinados servicios, además de otros problemas que todavía no generan nuestras sociedades, pero que son fáciles de ocultar al exterior porque ellos hacen cohetes a la luna, medicinas de patente, armas – muchas armas – y nos promueven su imagen como la gran maravilla. Si México con sus limitados recursos ha hecho pensar en todo el mundo en varias ocasiones que somos "la gran maravilla", imagínense al aparato publicitario de los países poderosos en acción. Por otra parte, tampoco podemos decir que los avances tecnológicos y las obras faraónicas son la solución de los problemas. Hay que ver a los países que quedaron de la antigua URSS, que ahora andan vendiendo tecnología a cambio de mano de obra y son el blanco de las críticas de todo el mundo por la devastación de sus recursos naturales a cambio de poner astronautas regularmente en el espacio. Y sea por los motivos que fuere su caída, todos sus avances tecnológicos no sirvieron mas que para nada. En México se pueden citar enormes obras de infraestructura que con elevadísimos costos, ahora son el ignominioso recuerdo de un pasado pletórico de presidentes con delirios y poderes de dictador. ¿Dónde está el sistema ferroviario mexicano?, ¿cuándo durará el vetusto Pemex antes de la debacle total?, ¿cuántos puertos de gran calado hay en México?. Ejemplos hay por decenas.
Sin ánimo de mediocre que supongo puede ser el adjetivo que me atribuirían en automático, supongo que el desarrollo tecnológico del país es sin duda la tarea que se plantean la mayoría de las personas involucradas en la toma de decisiones, sin embargo nuestra sociedad no debe seguir los caminos marcados por las huellas de los países industrializados. Los pocos ricos lo serán más; los que seguirán sufriendo en el alma serán los clasemedieros que luchan contra el anuncio publicitario del coche último modelo y la rubia despampanante; los que necesitan el reloj, las plumas, la agenda y hasta el pisacorbatas Mont Blanc; y los que seguirán sobreviviendo con profundo sufrimiento de cuerpo y alma son los pobres que se cuentan en millones, que van al día y que no son mas que insumos de los procesos productivos.
Pero así fuimos criados y así hemos crecido, pero también hemos sembrado en nuestros cuerpos tumores cancerígenos, gastritis, colitis, desnutrición, anemias y afecciones cardiacas, sin contar las enfermedades psicológicas, la drogadicción o el alcoholismo.
Como si fuera otro mundo, todavía quedan lugares en el país que cuentan como mayores atractivos con aromas y fragancias claros, sin ruidos de ciudad, sin el traqueteo de la maquinaria y de automóviles chillones que claman para escapar de los embotellamientos, sin el insistente repiqueteo de un teléfono asaltante, sin la prisa y desesperación contagiosa de un jefe o cliente desesperado. Ahí todavía caminan las cosas al ritmo de Dios y no al ritmo del hombre. Donde el toque hermoso se lo da la valla construida de palitos con identidad, sin el proceso desperzonalizador de una sierra. Y ¿para que los palitos cuadrados ahí que sirven para delimitar terrenos y no para lucimiento personal?, ¿para qué el bólido refulgente estancado en las bocacalles si andar a caballo resulta igual de emocionante o peligroso? Ahí las personas siguen siendo personas y no números, y pueden ser reconocidas a kilómetros por los amigos o familiares con sólo reconocer el bulto, la hora de pasada, el trayecto...; y el café sigue siendo café y las tortillas se convierten en un sabroso alimento que en su textura nutre al alma mas que al cuerpo.
Me viene a la mente, como ejemplo extremo, el chiste del potentado multimillonario que se acerca en tono de reproche al veracruzano acostado en su hamaca con un cigarro en una mano y con una cerveza en la otra. Lo encara y le dice "deberías de estar trabajando, para tener dinero y una gran empresa". El costeño, indolente, le contesta "¿y para qué?" El empresario, furibundo, contesta "pues para que el día de mañana puedas descansar tranquilamente". A lo que el veracruzano respondió: "¿y pues qué crees que estoy haciendo ahora?"
El paradigma de la vida moderna y del desarrollo tecnológico como fin en lugar de medio, no tiene ningún sentido. Es mejor a mi modo de ver aprender a vivir feliz con lo que se tiene, sin claudicar al perfeccionamiento cotidiano, y prosperar en lo importante mas que en la obtención de satisfactores que respondan a necesidades creadas por la tecnología.